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Diálogos en Wall Street
La Bolsa es un galimatías. Enfrenta las peores calamidades y las vence. Y, trascartón, conocida la noticia de la eliminación de Osama bin Laden, no acierta a montar un avance que parecía cantado. ¿Se agotó el rally? ¿Se temen represalias de Al Qaeda? ¿O una sobrevaluación como fruto de la suba prolongada? Gordon Gekko, el economista que se escuda tras el alias del protagonista de la película «Wall Street», ve en las prevenciones de los demás un buen motivo para no desensillar todavía.
Gordon Gekko: Nada grave.
P.: ¿Le parece?
G.G.: Trepar sin descanso sería patológico.
P.: Pero los inversores estarían menos nerviosos.
G.G.: Usted necesita que la gente desconfíe. Que no esté atiborrada de posiciones.
P.: ¿Y es así?
G.G.: El sentimiento alcista es similar al que existía en septiembre del año pasado.
P.: Cuando el avance recién arrancaba.
G.G.: Correcto. La Bolsa escaló un 30% desde entonces.
P.: No es común.
G.G.: No es lo usual. Pero es lo que hay. El «tope» del optimismo, le recuerdo, data de la semana previa a la Navidad. Esta reticencia, aun cuando se fueron alcanzando sucesivos récords, sirvió para extender la acometida.
P.: Igual cuesta entender que el rally que sobrevivió los peores desastres -desde Libia hasta Fukushima- se desinfle justo cuando recibe la primera sorpresa favorable en muchísimo tiempo.
G.G.: No se desinfló. No es nada muy diferente de lo que hemos visto a lo largo de toda la suba. Piense en una escalera; cada tantos peldaños, se intercala un rellano que permite tomarse descanso.
P.: ¿No es una paradoja que la noticia de la muerte de Bin Laden no le sirva de catapulta?
G.G.: ¿Cuánto más pagaría por el S&P 500?
P.: No lo sé con precisión. Pero no es irrelevante.
G.G.: Piense entonces que mejoró la valuación. A mi modo de ver, la reacción de la Bolsa es un termómetro que indica sobriedad. Tenía la excusa ideal y no se desbocó.
P.: ¿No es una señal de agotamiento?
G.G.: Si no hubiéramos cruzado el umbral de los máximos de febrero, se vería como una lápida. Pero lo que había que demostrar ya se probó. Tomarse ahora un respiro es razonable. Y hasta le diría que muy perspicaz.
P.: Uno escucha cada vez a más personas objetar la magnitud de la suba. Su duración. Si los valores alcanzados no son una exageración.
G.G.: No se olvide que comenzó mayo. Quién no conoce el refrán: «Sell in May and go away». Vender en mayo es una superchería que ha sido muy rentable.
P.: Las brujas no existen, pero que las hay, las hay.
G.G.: Tal cual. La estacionalidad favorable tocó a su fin. Y vaya que ayudó.
P.: Entonces comparte la idea de que se van cerrando los caminos.
G.G.: ¿Ésta es la última milla del avance que comenzó en septiembre? Sí. ¿Hasta acá llegamos? No lo sé. Aquí no hay certezas. Pero este comportamiento que usted subraya, las objeciones que uno escucha, hace pensar todo lo contrario. ¿Morirá esta pierna alcista de muerte natural, como quien dice, por desidia o inanición? Me cuesta creerlo.
P.: Nunca vendas un mercado aburrido.
G.G.: Nunca lo vendas en descubierto. Y, a decir verdad, el aburrimiento es un dato de los últimos dos días. En rigor, preocuparse por ello denota una señal de impaciencia. O sea, otro motivo para sospechar que todavía no se agotó el recorrido.
P.: ¿Cuánto influye que un presidente de distrito de la Fed -Thomas Hoenig, de Kansas City- diga que ya es hora de subir las tasas de interés?
G.G.: ¿Cuánto influyó el año pasado cuando era un miembro con voz y voto del Comité de Mercado Abierto de la Fed? Reconozcámosle su coherencia: se pasó todo 2010 abogando por dicha suba. No tuvo empacho en quedar registrado como un disidente recalcitrante. No tuvo eco tampoco.
P.: No supone un cambio de actitud de la Fed.
G.G.: No es un cambio ni siquiera personal. Ya lo escuchó a Bernanke, que es el dueño del circo. Para eso se inventó la conferencia de prensa posreunión.
P.: ¿Pueden incidir los cónclaves que, mañana, celebrarán el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra?
G.G.: Quizás sí para moderar la debilidad del dólar. Para mitigar su derrape. En cambio, las Bolsas, todas ellas, toman su partitura de los dictados de la Fed. Lo que sí puede afectar son las dudas sobre la marcha del empleo en los EE.UU. Se sabrá este viernes si es que hay mella en las condiciones laborales. Ese sí sería un talón vulnerable.


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