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Diálogos en Wall Street
Una jornada con fuertes altibajos que empezó muy mal y cerró con alivio, ayer. Otra vez, el talón de Aquiles fueron las materias primas. Su fragilidad reiterada enciende los temores de Wall Street. Sin embargo, Gordon Gekko, el analista internacional que utiliza el alias del personaje que encarna Michael Douglas en la película de Oliver Stone, piensa que no hay mal que por bien no venga. Moderar el ímpetu del petróleo, dice, es una excelente noticia para la salud de la expansión.
Gordon Gekko: Todo depende. Habría que preguntarse primero qué los hace caer.
P.: Una economía que se intuye más débil.
G.G.: Desde que estalló la crisis política en el Norte de África sostuvimos que el precio del petróleo era el enemigo principal de la expansión.
P.: Con alguna tardanza, ya se advierten los síntomas de una destrucción de demanda motivada por los altos precios. O, al menos, eso es lo que se alega ahora que los precios se van a pique.
G.G.: Si ése es el problema, ésta es la solución correcta. No vamos mal.
P.: Wall Street lo lee de otra manera. Quizás privilegia el peso importante de las compañías petroleras en la canasta de acciones.
G.G.: No debería arrastrar entonces a toda la Bolsa. No estamos en Arabia Saudita. Para el promedio de las firmas que cotizan aquí, menores precios de crudo suponen, en el corto plazo, costos de producción y distribución más bajos y no menores ingresos. O sea, un impacto favorable sobre los márgenes de rentabilidad.
P.: Habría que avisarle.
G.G.: Se ve que no es el único temor. Mire el índice de Transporte del Dow Jones.
P.: En este momento, se ubica en leve retroceso.
G.G.: Comprenderá que para las compañías que se dedican al negocio del transporte que baje el precio del petróleo es música para sus oídos.
P.: Los últimos indicadores económicos son más flojos que lo que nos habíamos acostumbrado.
G.G.: Seguro. La respuesta no es automática. Pero, si fruto de este reacomodamiento de las materias primas, el crudo baja unos diez dólares con respecto a lo que fue su promedio reciente (y además se descomprimen otros mercados de insumos como, por ejemplo, el cobre, que tienen mucha utilización en un amplio espectro de actividades), esta debilidad tenderá a corregirse sola.
P.: ¿No habrá algo más, aparte del encarecimiento de las materias primas, que nubla la marcha de la economía?
G.G.: No se olvide del drama de Japón. Hay una desaceleración en las estadísticas industriales recientes en todo el mundo que no es ajena a la parálisis que ocasionó el tsunami de marzo. De manera directa -sobre todo, en los renglones automotor y de electrónica y, desde ya, en el propio Japón- o indirecta, por dificultades en el abastecimiento de insumos intermedios. Pero la demanda existe, sólo que no pudo ser atendida.
P.: Se corregirá más tarde.
G.G.: Todo lo que resta hoy Japón lo devolverá con creces en el segundo semestre.
P.: Usted no tendría una visión tan negativa sobre el retroceso de los commodities.
G.G.: Cuando hablamos de la política monetaria no convencional de la Fed, apuntamos el boom de las materias primas como un beneficiario no deseado.
P.: La Fed niega que su política haya tenido algo que ver con esta bonanza recargada.
G.G.: Si Narayana Kocherlakota.
P.: ¿Quién?
G.G.: El presidente de la Fed de Minneapolis. Si él anota la recuperación del valor de las acciones como un logro del QE2, no veo cómo negar que también sirvió para inflar el precio de las materias primas.
P.: No era el objetivo.
G.G.: Desde ya. ¿Qué interés podría tener la Fed en darle aire al petróleo cuando EE.UU. es un importador neto de crudo?
P.: ¿Ni siquiera en el afán de evitar la deflación?
G.G.: La deflación que se quiere impedir es la baja de precios de los productos que EE.UU. produce (y exporta en forma neta). Pagar más por el crudo es lo mismo que aplicar un impuesto y girar buena parte de la recaudación al exterior.
P.: Un fenómeno contractivo.
G.G.: Tal cual.
P.: Ahora que está ocurriendo lo contrario, seamos consistentes. Wall Street debería celebrar la noticia.
G.G.: Téngalo por seguro. La suba del precio del petróleo era una filtración del estímulo que insufló la política de relajamiento.
P.: Es una paradoja interesante. La Fed anuncia que se repliega una vez que terminen las compras de bonos del Tesoro, hacia fines de junio, pero el estímulo efectivo puede aumentar por la merma de los precios del combustible.
G.G.: Es así. Aunque todavía la baja no se haya trasladado al plano minorista.
P.: Si se mantiene, tarde o temprano, llegará al surtidor de nafta.
G.G.: Eso es dable esperar. Por más que hay restricciones de oferta por el lado de la capacidad de refinación.
P.: Y quizás permita pensar que el final del QE2 no sea tan dañino para la salud de la expansión.
G.G.: Dependerá mucho de cómo absorban la transición los mercados financieros. Ésa es la verdadera razón del nerviosismo de Wall Street.

