25 de mayo 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿Es 2011 un calco de lo que los mercados vivieron en 2010? Mayo se le parece. Hasta los mismos temas álgidos se repiten. Grecia causó pavor entonces y su destino hoy no se alejó de la zozobra. La entrevista a Gordon Gekko, al economista que con dicho seudónimo bucea en el día a día de los mercados internacionales, echa luz sobre las vicisitudes recientes y el cortocircuito que enfrenta a los gobiernos europeos con su banco central acerca de qué hacer con la deuda griega, un barril que no tiene fondo ni solución potable a la vista.

Periodista: Definitivamente mayo se hizo cuesta arriba.

Gordon Gekko:
Seguro.

P.: Es un calco de lo que vivimos en 2010.

G.G.:
Que no lo engañe la memoria. Es más suave. Por empezar, no hubo un «flash crash».

P.: Pero nos sobrevuelan los mismos nubarrones.

G.G.:
Entonces era el final de la primera fase del relajamiento cuantitativo de la Fed. Ahora es la agonía del QE2.

P.: Y la crisis de Grecia. Su rescate, el año pasado, fue azaroso.

G.G.:
No estamos, lamentablemente, mucho mejor.

P.: Grecia está peor. Liquidó sus esperanzas. Si había expectativas de que pudiera remontar las dificultades, ya quemó los cartuchos.

G.G.:
Tiene a su favor que es un país pequeño. El monto de su deuda no es un obstáculo serio para la Unión Europea. El drama es que se convirtió en una causa perdida.

P.: La impresión que uno tiene es que la situación se salió de madre. Ya se habla abiertamente de una bancarrota. Hasta el propio ministro de Finanzas griego lo asume con naturalidad.

G.G.:
Lo leí. Pero no lo propone. El Gobierno griego todavía se resiste.

P.: No parece demasiado afligido. Cómo entender que se diga que si no se recibe el quinto tramo del paquete de ayuda, «habrá que cerrar la tienda y no se podrán pagar las obligaciones».

G.G.:
Admito que Grecia conoció tiempos mejores. Había otra dignidad en Sócrates cuando debió beber la cicuta. Pero no nos ensañemos tanto con los enanos, no nos olvidemos de los dueños del circo. Ellos son los que dirigen la función.

P.: Son parte del problema.

G.G.:
Yo diría que parte fundamental.

P.: No está claro qué tienen en mente. Cómo sigue la película. Con qué argumento. Y cómo piensan rodarla. Si el presidente del eurogrupo, Jean-Claude Juncker, admite públicamente la posibilidad de una «reestructuración suave», trascartón debería existir la capacidad de ejecutarla.

G.G.:
Es una idea, no es una decisión.

P.: Un globo de ensayo.

G.G.: Con énfasis en globo. Quiero decir, sin ningún ensayo.

P.: ¿No es peligroso? ¿No es incitar una corrida?

G.G.:
Es jugar con fuego. Aunque el conato de incendio lo provocaron las elecciones españolas. La feroz derrota del partido gobernante, el domingo. La imagen del cansancio de la población. La tesis de la reestructuración golpeó menos. El Banco Central Europeo (BCE) salió con los tapones de punta y le cortó las alas antes que tomara demasiado vuelo.

P.: Por ahora.

G.G.:
Sí, por el momento.

P.: El BCE se opone a todo intento de reestructuración por más suave que se prometa.

G.G.:
Tal cual. En su opinión, que es uniforme y no muestra grietas, sería cursarle una invitación a la catástrofe.

P.: Dado el estado calamitoso de la situación, ¿qué alternativas ofrece? No es un mero capricho lo que moviliza la idea de una renegociación.

G.G.:
No hay otra solución posible que la austeridad. Son palabras de Christian Noyer, miembro del Consejo de Gobierno del BCE. Representativas y recién sacadas del horno.

P.: La austeridad es lo que se está aplicando. Pero no está funcionando como se pensó. En el mejor de los casos, llevará tiempo hasta surtir efecto.

G.G.:
La idea del BCE es que hay que ir por más. Lo que supone que, mientras tanto, los gobiernos deben poner lo que falta.

P.: Y la posición de los gobiernos es que ya pusieron demasiado. Y que habría que fijar algún límite. Que los acreedores también aporten un sacrificio. ¿O no es ése el espíritu de la reestructuración suave?

G.G.:
Los gobiernos no se pronunciaron oficialmente. Tendrán, uno piensa, opiniones distintas. Pero están sondeando, a través de las declaraciones de funcionarios de nota, la posibilidad de cambiar las reglas de juego.

P.: Si el eje Berlín-París empuja una refinanciación y el BCE no se aviene a aceptarla, ¿qué ocurriría?

G.G.:
No se hará. Sería un desastre, antes de empezar.

P.: ¿Quiere decir que mientras exista la discordia, la reestructuración no pasa de ser solamente una hipótesis teórica?

G.G.:
Primero habrá que limar la discordia. Sí. Pero tenga presente que acá hay fuerzas muy poderosas en juego. Darle más recursos a Grecia es un corrosivo que carcome todos los electorados. Los números cambian sustancialmente si se logra que también se prolonguen los plazos de pago de la deuda pública. No estamos hablando de una refinanciación inminente. Pero será muy difícil que no se la intente para que rija el año próximo.