Diálogos en Wall Street

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Mayo no fue muy bueno. Junio puede ser peor. El mercado laboral sacó, en parte, las papas del fuego en mayo. Ayer, sin embargo, volvió a ponerlas en el horno. Con el QE2 camino a ser historia (¿será así?), conviene entender qué hay detrás de la creciente debilidad que exhibe la economía internacional. Gordon Gekko, el álter ego de un curtido especialista en los mercados de capitales, aporta aquí su visión personal.

Periodista: La Bolsa intentó una contraofensiva y avanzó un buen trecho, por sorpresa, a caballo de las mejores noticias que vinieron de Grecia y sacando provecho de un escepticismo marcado, pero el envión no se pudo mantener.

Gordon Gekko:
Chocó contra una pared.

P.: Una economía que se enfría deprisa.

G.G.:
Y que lo revela donde más duele, el mercado laboral.

P.: El informe ADP arrojó un baldazo de agua fría.

G.G.:
No hay dudas. Si bien se trata de un aperitivo. El dictamen que tiene verdadero predicamento es el que se conocerá el viernes (por mañana).

P.: Se esperaba un aumento de 175 mil empleos netos en el sector privado de los EE.UU. Y apenas alcanzó a 38 mil. ¿Podrán diferir demasiado las estimaciones oficiales? ¿Un error de medición puede ser tan grande?

G.G.:
Es posible que haya discrepancias importantes, pero es difícil que, a la postre, no se configure un mensaje de tenor similar. Por lo menos que no apunte en la misma dirección. Los resultados del informe ADP han sido bastante volátiles, y su correlación mes a mes con la encuesta oficial es más bien baja y muy errática.

P.: Recuerdo que el año pasado, inclusive, registró lecturas de destrucción neta de empleos en el sector privado que más tarde hubo que rectificar.

G.G.:
Correcto. Sin embargo, la debilidad que trasunta no parece un capricho. En rigor, es la característica repetida que se observa en la tirada más reciente de información económica.

P.: Tiene a mano, hace ya varias semanas, el fuerte crecimiento de los pedidos de subsidios de desempleo.

G.G.:
Tal cual. ¿La economía bajó un cambio? Está claro que sí. ¿Bajó dos cambios a la vez, como lo sugiere el indicador ADP? Eso es más vidrioso. ¿Y, el tema crucial que pone sobre la mesa, todo el rebaje se produjo en mayo? Piense que en abril se habían creado, según la misma fuente, 177 mil nuevos puestos.

P.: Uno diría que el mercado de trabajo se frenó en seco.

G.G.:
Si la historia reciente se repite, cabe esperar que el informe oficial confirme la desaceleración, pero que ésta sea más suave que lo que indica ADP.

P.: Habrá que archivar la idea de una recuperación en forma de ve corta.

G.G.:
Esa noción ya se guardó hace tiempo. Con naftalina.

P.: ¿Hora de volver a rascarse la cabeza preguntando por el riesgo de una doble recesión?

G.G.:
Es prematuro. La economía no crece a la velocidad que el consenso esperaba. No obstante, todavía no es evidente que haya mermado con respecto al primer trimestre del año.

P.: Aún así, el tema del «double dip» volverá a merodear.

G.G.:
No lo discuto. El estado de ánimo actual de los inversores es como la rosa de los vientos.

P.: Si todavía la Fed no concluyó con las compras de bonos del Tesoro, y uno recibe tantas señales de fragilidad, qué pasará el mes que viene cuando el QE2 sea historia y haya que arreglarse solo.

G.G.:
Para entender lo que pasa es vital identificar con precisión cuáles son las fuentes del enfriamiento. No hay dudas de que los mercados financieros incorporaron ya el final del QE2 a sus previsiones. Pero hoy lo que vemos es sutilmente distinto. La economía real -una radiografía de las condiciones laborales en el sector privado- acusa un impacto mayor que el que tenían masticado los mercados financieros. ¿Culpa de que se acabe el QE2? ¿Me quiere decir que las variables reales ajustan más rápido que las financieras?

P.: No lo cree.

G.G.:
Para nada. Menos que menos, el mercado de trabajo.

P.: ¿Entonces qué pasó?

G.G.:
Nos cansamos de hablarlo en su momento. Sólo que ahora aparece en las estadísticas. Es natural: siempre se compilan con rezago. Tuvimos el shock de Japón. Y ahora recogemos su incidencia en toda una gama de indicadores de actividad manufacturera. Nos estamos asustando dos veces por el mismo percance.

P.: China también se enfrió. Son muchos los países emergentes que han tenido que aplacar el ímpetu de sus economías para no endosar mayores presiones inflacionarias. ¿No nos pasan factura?

G.G.:
Un efecto no deseado del QE2 fue alimentar esas presiones (aunque la Fed prefiera negarlo, o decir que hay otros instrumentos para aplacar el problema). Si somos coherentes, entonces, el fin del QE2 no será perjudicial en este terreno. Facilitará una moderación sin tener que machacar con el ajuste de la demanda agregada.

P.: ¿No ve a China como un problema detrás del enfriamiento?

G.G.:
Japón jugó un papel importante. Y posiblemente China también. Sabemos que la pesadez de Japón se revierte en el segundo semestre cuando prevalezca la dinámica de la reconstrucción, la reposición de inventarios y la cobertura de la demanda insatisfecha. De China sabemos mucho menos. La información más fresca, en términos de indicadores líderes, digamos a seis meses vista, así como en su momento anticipó una desaceleración, ahora volvió a apuntar en alza. Pero hay que padecer el bache.

P.: Usted sostenía que la suba del precio del petróleo era el enemigo número uno.

G.G.:
¿Recuerda cuando se decía que el barril a 150 dólares le bajaría el telón a la expansión?

P.: No soy de memoria tan frágil. Pero a ese nivel no llegamos nunca.

G.G.:
Seguro. Ocurre que la suba a 120 dólares tampoco era inocua. Le quitó piernas a la recuperación (aunque no haya sido capaz de matarla en el acto). Y ésa es la factura que estamos pagando. No está de más hacer un balance de tanto en tanto. El problema del barril en el umbral de los 120 dólares no era la inflación, que era el tema que más se meneaba. ¿Qué tan brillante le parece el BCE, a esta altura, con su suba de tasas de interés? Lo que nos cobra peaje es la reducción del poder de compra del consumidor del G7, la erosión de márgenes de rentabilidad. En definitiva, el golpe cae sobre el nivel de actividad. Ésa es la transición que estamos asimilando. Contrario a la reacción de las Bolsas, pues, que los commodities bajasen de precio no fue una mala noticia.

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