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Diálogos en Wall Street
Si algo faltaba en escena era que asomara el miedo. Y Grecia consiguió inyectarlo. Sin embargo, Wall Street todavía no traspasó el umbral de una corrección ordinaria (una baja del 10%). Con ese telón de fondo, el avezado inversor que se escuda bajo el nombre de guerra de Gordon Gekko intenta explicar las últimas novedades que la crisis europea trae bajo el brazo.
Gordon Gekko: No fue para tanto. Apenas un susto fugaz.
P.: Pudo ser peor. Tanto que el FMI debió salir al cruce con un comunicado a medida, señalando que está presto para contribuir a que Grecia supere el trance.
G.G.: Es la manera europea de llevar este tipo de asuntos. No hay por qué comerse todos los amagos.
P.: Es exasperante.
G.G.: Ni que lo diga. Lo peor de todo es que lo que se discute tampoco es la solución del problema. Ni mandar más cheques a Atenas ni reprogramar la deuda o forzar el canje que pide Alemania van más allá de salvar el momento.
P.: Entiendo que, en la coyuntura, no se puede aspirar a mucho más.
G.G.: Con la deuda griega a dos años rindiendo casi el 30% anual y con la voluntad multilateral de aportar más recursos que los que se necesitan en el corto plazo, no es fácil entender cuál es la lógica del alboroto. No debería ser muy difícil, en estos niveles de desasosiego, promover una distensión.
P.: Los que deben decidir no se ponen de acuerdo. La disputa era un secreto a voces un mes atrás, hoy es un espectáculo público. Y lo que se discute con acritud, no importa qué postura prevalezca, no resuelve el meollo del asunto. No me parece tranquilizador.
G.G.: La experiencia es que siempre se arriba a un acuerdo. Siempre en el último minuto, nunca antes.
P.: ¿Y qué se gana con eso?
G.G.: No es evidente. Pero el libreto se repite con escrupulosa puntualidad como para achacarlo al azar. A la postre, siempre es Alemania versus el resto del mundo. Y Alemania finalmente concede, pero logra registrar acabadamente su oposición. El comunicado del FMI es perfectamente compatible con ese guión conocido.
P.: Razones políticas.
G.G.: Deben ser. Ciertamente, no son económicas. Como se percibió ayer (por el miércoles), los daños que provoca la zaranda se esparcen con facilidad. Que la crisis vuelva a resquebrajar las cotizaciones de los bancos europeos, que perturbe los mercados monetarios y los spreads interbancarios, supone correr riesgos muy delicados. Mejor cortar las turbulencias de plano.
P.: Irlanda pareció interesada en sumarse al tumulto.
G.G.: Agitó el avispero buscando sacar provecho.
P.: Mentó la soga justo cuando se decide el destino del ahorcado. ¿Qué sentido tiene sugerir que debería replantearse el tratamiento (benigno) que recibieron los tenedores de la deuda senior de sus bancos intervenidos?
G.G.: Esto lo pidió el fallecido Brian Lenihan cuando como primer ministro debió acogerse a los términos del salvataje.
P.: Europa le dijo que no. Y le prestó el dinero para que atienda el inconveniente.
G.G.: Pero ahora es Alemania la que plantea la reestructuración de la deuda pública griega. No me sorprende que Irlanda quiera una reconsideración. Después de todo, estos bonos son deuda privada que ha sido garantizada por el sector público.
P.: Darle curso sería abrir la Caja de Pandora.
G.G.: Habrá que convencer al ministro de Finanzas para que dé marcha atrás con los anuncios. Según dijo, los acreedores preferentes de los bancos Anglo Irish y del Irish Nationwide deberán sufrir quebrantos.
P.: Mientras la «troika» (la Unión Europea, el FMI y el BCE) lleve y traiga el cántaro a la fuente me queda claro que no existe la intención de romperlo, pero el problema griego también depende de cuál sea la voluntad de Grecia y es aquí donde el compromiso parece agotarse.
G.G.: No es el Gobierno, es la población. Y la oposición, que no desea inmolarse a lo bonzo y que, de paso, ve una oportunidad para escalar.
P.: ¿Qué pasa si no basta con el recambio de gabinete que se ensayará? Si la tormenta se lleva puesto al Gobierno. O si éste fracasa en la tarea de conseguir el apoyo necesario para encarar las medidas acrecentadas de austeridad.
G.G.: Se derrumbaría la coartada del paquete de ayuda. Pero si la razón por la que se asiste a Grecia es porque un tropiezo podría hundir a media Europa, entonces, es obvio, habría que mantener la asistencia igual.
P.: Sería un bochorno.
G.G.: El mal menor. No fue muy distinto lo que ocurrió con Portugal. El primer ministro José Sócrates no pudo obtener la aprobación parlamentaria para las medidas que reclamaba Europa. El Gobierno se cayó, pero Portugal no quedó librado a la buena de Dios. Por exactamente las mismas razones.
P.: ¿Podrán los mercados sostener la vertical en el medio de estos extenuantes forcejeos y cuando la actividad económica atraviesa, en paralelo, por un pozo de aire?
G.G.: ¿Qué otro programa tienen? Aunque será difícil evitar una corrección.
P.: Esto es un desliz del 10% contado desde los máximos de fines de abril.
G.G.: Tal cual. Hasta ahora, pese a todo el ruido, la merma de los índices principales de Wall Street no pasó del 8%. No está nada mal, dadas las circunstancias.


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