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Diálogos en Wall Street
El frenesí de las Bolsas -una muestra exuberante del conocido efecto enero- se concede un momento de paz. ¿Es un cuarto intermedio? ¿O el final de una breve película agradable y el temido regreso a las andadas? Nuestro entrevistado, el experto que se esconde bajo el alias de Gordon Gekko, no ve razones para que el rally se extinga aquí, más allá de los altibajos de un natural descanso. Grecia, por ahora, no es una razón que quite el sueño.
Gordon Gekko: Nadie se puede quejar. Fue un galope formidable.
P.: ¿Es un descanso? ¿O será el final del recorrido?
G.G.: Tomarse un respiro no sólo es lógico, sino saludable.
P.: Usted barajó la posibilidad de que Grecia produzca un default de su deuda y que lo haga con el visto bueno de Europa. ¿No le parece valla suficiente como para detener en seco el avance?
G.G.: Yo diría que es casi imposible que Grecia evite el default.
P.: Con más razón entonces.
G.G.: Sin embargo, el repliegue de estos días tiene poco que ver con lo que acontece en Atenas. La suba fue de vértigo y es natural que corrija.
P.: ¿Grecia no es más que una excusa?
G.G.: Y no muy perjudicial. No es la única en danza y, a decir verdad, no tiene todavía un efecto adverso persistente.
P.: ¿Cómo lo sabe?
G.G.: Basta mirar la Bolsa helena. Trepó el 17% en enero. Y cerró el mes con inusitada vehemencia: el 6% en alza. Las acciones de los bancos son las que más empujan (algunas con ascensos que exceden el 20% en el mes). Los bonos soberanos, en el margen, sin abandonar el rango de cotizaciones que vaticina el paso a degüello, también mejoraron.
P.: ¿Qué festejan? ¿El default?
G.G.: Lo que el ministro Venizelos definió como la inminencia de un acuerdo con los acreedores privados. Es cuestión de días, señaló.
P.: Parece que la quita de valor actual va a superar el 70%...
G.G.: Eso dijo. Y no hay motivos para no creer que rondará esa cifra.
P.: ¿No alcanzará para evitar el default?
G.G.: Creo que la posición de Alemania es muy dura. No veo ánimo para mantener a los «holdouts» corrientes.
P.: El que no entre al canje de bonos dejará de cobrar...
G.G.: Eso pienso.
P.: Si los mercados reaccionan tan favorablemente al anuncio de un acuerdo, será que piensan otra cosa.
G.G.: Tal vez. O quizás ponen el acento en la secuencia temporal. El arreglo con los acreedores privados puede anunciarse esta semana. El default no ocurrirá -o, al menos, no hay motivos para que acontezca- antes de fines de marzo.
P.: No parece haber mucho contagio tampoco. A diferencia de otros momentos.
G.G.: Seguro. Sólo se ensartó Portugal. El resto es indiferente o mejora.
P.: La rebaja de calificación fue letal para Lisboa. Que S&P lo haya degradado a categoría especulativa resultó un golpe seco. No se recuperó desde entonces.
G.G.: Se hunde día tras día. Pero esa falta de contagio a granel, generalizado, disruptivo de los mercados sin distinción, aumenta las chances de que Europa se atreva al no pago a los «holdouts». No se confunda.
P.: Todavía el default es una hipótesis. No un hecho indiscutible. Y habrá que ver si cuando se gatilla el evento de crédito esa parsimonia se mantiene.
G.G.: Tiene razón. Si ocurre, como creo que sucederá, se sentirá el latigazo. Habrá que absorberlo sin que nada grave se rompa. En ese sentido, Italia, hoy por hoy, es el mejor laboratorio disponible. Que la Tesorería haya colocado la emisión de bonos a 5 y 10 años el lunes sin mayores inconvenientes confirma una tendencia auspiciosa. Todo el ruido que acompañó a la cumbre presidencial -sobre todo el escozor que despertó la propuesta alemana de nombrar un comisionado europeo que se haga cargo personalmente del proceso de ajuste fiscal en Grecia- no le hizo mella.
P.: Es una buena señal. Pero la mejoría de las deudas de España e Italia no está escrita en piedra. Puede revertirse sin preaviso. ¿No es arriesgado darla por sentado?
G.G.: Antes de realizar la cirugía en Grecia, Europa debería tener montado el famoso muro cortafuegos. Debería poder aislar el campo operatorio y asegurarse de que no habrá una infección en los demás países de la región. Pero, está visto, eso es mucho pedir. Berlín necesita dar una lección ejemplar. Lo devora la impaciencia. Y usará al BCE como resguardo.
P.: El BCE no operará como una pared cortafuegos, pero la oferta ilimitada de pases a tres años ha probado ser un buen extintor de incendios.
G.G.: Es la diferencia entre hacer una cirugía en el quirófano de un hospital bien establecido o en una tienda de campaña. Si la situación se complica, ahí lamentará la improvisación.
P.: ¿Piensa que la subasta de pases de febrero superará en volumen a la de diciembre?
G.G.: Recuerde que los 489 mil millones de euros que colocó el BCE fueron en realidad un aumento de la asistencia neta a los bancos de 210 mil millones. Si vamos a un default en Grecia, las autoridades bancarias de cada país van a sugerir a sus entidades que se cubran con exceso; que, como mínimo, financien sus vencimientos de este año y el próximo. No me sorprendería, para nada, que el número fuera mayor.


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