25 de abril 2012 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El escozor por Europa no se limita ya a los vaivenes de la periferia. Trepa en el núcleo de la eurozona por el andarivel de la política. Y empuja a EE.UU. y al FMI a reclamarle a Europa un mayor empeño en enfrentar el problema. Con Gordon Gekko, el seudónimo de nuestro hombre en la trinchera de Wall Street, se examina el estado actual de la disputa.

Periodista: Europa da la nota. Una vez más.

Gordon Gekko:
Ya estamos acostumbrados. No es novedad.

P.: Quizás lo original sea la fuente del dolor de cabeza. No son los sospechosos de siempre los que esta vez enervan los ánimos. Es la política que irrumpe de sopetón, sin pedir permiso. Es el giro del electorado en Francia. Es Holanda, en aprietos para poder cumplir las metas fiscales acordadas.

G.G.:
La mancha de aceite se extiende. Para ser una crisis que terminó, peligrosamente.

P.: Ya no es sólo la economía. Ni la periferia.

G.G.:
Ni siquiera los latinos que, sabemos, son incorregibles.

P.: Es un sarpullido en el núcleo de la Unión.

G.G.:
Seguro. Nadie es ajeno a la crisis. Tampoco quienes llevan la mejor parte.

P.: Algo de esto es lo que sale a la luz.

G.G.:
Los alemanes -que gozan de una economía en pleno empleo- también están disconformes. Se flagelan, eso sí, con pesadillas muy técnicas, como el Target 2.

P.: ¿Cómo es eso?

G.G.:
Es el temor de que el Bundesbank, al final de la historia, quede atrapado con una montaña de saldos acreedores que sea imposible compensar con el resto de los bancos centrales nacionales de la región.

P.: Me imagino que mientras rija la unión monetaria, y por consiguiente, la integración financiera, usted no podrá ponerle un freno al «clearing» bancario dentro de la eurozona.

G.G.:
Tal cual. Y mientras no cese la fuga de depósitos desde los sistemas financieros que están en la picota hacia los que operan como refugio (tal el caso alemán), ese vuelo a la calidad no hará sino agravar el «problema».

P.: El verdadero problema sería que la fuga de depósitos bancarios huyera fuera de la zona del euro.

G.G.:
No necesita explicármelo a mí.

P.: En la reciente Asamblea del Fondo Monetario, más allá del barniz de gentilezas que depara la diplomacia, se pudo advertir una colisión entre las posiciones de Europa y del FMI.

G.G.:
Y no se olvide de los dichos de Tim Geithner, el secretario del Tesoro de EE.UU.

P.: EE.UU. y el FMI no se privaron de abogar públicamente por un cambio de actitud de Europa. Geithner, que fue un tábano el año pasado cuando reclamaba por la «gran bazuka», no quedó conforme con la red de seguridad que Europa termina de hilvanar. Dijo, sin pelos en la lengua, que hay que hacer más.

G.G.:
Razón no le falta. Creo que los sucesos de Francia y Holanda, que fueron posteriores a sus declaraciones, le otorgan aún mayor validez. La impresión que uno tiene es que Europa no cuenta con todo el tiempo que requiere su estrategia actual para tener éxito.

P.: Los votantes están perdiendo la paciencia. Ello supone una nueva dimensión de los costos del ajuste y la reforma que impulsa Bruselas.

G.G.:
Y, no necesariamente en los países más vapuleados.

P.: El instinto de supervivencia obligará a los políticos a tomar nota.

G.G.:
Papandréu (el ex primer ministro de Grecia) fue un adelantado. Si bien se mira, el arribo de los Gobiernos tecnócratas en Grecia e Italia fue una solución parche para salvar esas reticencias. Pero la democracia impone límites. Y así cabe preguntarse si la política económica no debería tomar el atajo de un camino más rápido.

P.: Es lo que pide Geithner. Más estímulo presente y menos ajuste. Y más resultados ya, que descompriman las penurias del momento.

G.G.:
Es así. EE.UU. le pide a Europa que se mire en su espejo.

P.: Consejo que Europa, por cierto, no pidió. Y que no piensa cumplir. ¿O me equivoco?

G.G.:
Hoy (por ayer) vi las declaraciones de Jens Weidmann, presidente del Bundesbank y miembro del Board del BCE. Son una refutación de plano.

P.: Dijo que Europa había tomado medidas que eran impopulares y por ende era lógico que los políticos se tentasen con la receta de la política monetaria laxa. ¿Es una respuesta a Geithner? No parece una réplica al FMI.

G.G.:
Me pareció una respuesta a los franceses. A Hollande y a Sarkozy. Los dos abogan porque el BCE replantee su abordaje. Al calor de la campaña. Y no se olvide que Christine Lagarde, que fue ministra francesa de Finanzas, es quien comanda el FMI. Cayó de paso en la volteada.

P.: ¿Qué pide el FMI? ¿Lo mismo que Geithner?

G.G.:
Con más precisión. Sostiene que el BCE debería bajar las tasas cortas de interés.

P.: ¿Cree que Mario Draghi le prestará atención?

G.G.:
De momento, pienso que no. Es más: Weidmann comparó la política monetaria con un analgésico que tiene efectos colaterales. Y no puso el acento en el dolor de cabeza, sino en las consecuencias adversas de la medicina.

P.: Habló de inflación. Lo señaló como un riesgo que no había que descuidar.

G.G.:
Puede parecer anacrónico, pero suena como una preocupación sincera.

P.: Aunque si uno piensa en la dinámica de la crisis, luce como una prioridad errada.

G.G.:
Estoy de acuerdo. Usted conoce mi posición.

P.: Se diría que Weidmann le recordó a Draghi que existe el control antidoping. Que dar más aspirinas va contra las reglas.

G.G.:
Cuando la noche era espesa, Alemania no objetó los pases a los bancos a destajo. Pero, hoy por hoy, lo veta. No se va a insistir por esa vía.

P.: El FMI también pretende que se atienda la falta de patrimonio suficiente en la banca. Lagarde completó la red de seguridad que le pidió Europa, y con esos recursos quiere atacar a fondo el asunto. Pero Europa se resiste, ¿o no?

G.G.:
Yo creo que es la discrepancia más profunda. Porque mientras el crédito bancario en los EE.UU. crece al 10% anual, en la eurozona se contrae. Y en los países bajo sospecha la merma orilla el 3%. Y, para peor, el FMI descuenta un agravamiento de la situación. El Fondo quiere que haya una solución europea conjunta y Bruselas se resiste, pretende que cada país atienda a sus bancos. Pienso que es la pulseada más importante. Y, conociendo la tozudez de las partes, llevará tiempo resolverla.

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