11 de mayo 2012 - 00:00

Diálogos en Wall Street

La agenda es explosiva, pero los mercados no pierden la compostura. Un hecho notable que nuestro hombre en Wall Street, bajo el seudónimo de Gordon Gekko, se ocupa de descifrar en minucioso detalle.

Periodista: No puede decirse que no pasa nada. No hay día que no arroje novedades de peso. Y, sin embargo, todavía reina la calma. Cuando no es Grecia, es la intervención de Bankia y las peripecias de los bancos españoles. De repente, las fricciones que podría provocar Hollande como presidente de Francia en la relación con Merkel pasaron a un segundo plano. Pero los mercados no se espantaron como uno hubiese imaginado.

Gordon Gekko:
Hubiera sido así en otro momento. Y no mucho tiempo atrás.

P.: En diciembre, por ejemplo, cuando Italia y España se veían en figurillas para colocar sus emisiones de deuda.

G.G.:
Seguro.

P.: ¿Qué cambió? Pregunto, ¿qué cambió para mejor? Porque el deterioro que existe salta a simple vista.

G.G.:
El entorno en sí está más líquido, menos presionado. Hasta principios de diciembre, bancos y gobiernos tenían la soga al cuello de no saber cómo financiar la montaña de vencimientos que se les venía encima.

P.: Pero es común escuchar que el efecto de los pases del BCE ya se agotó.

G.G.:
No en este sentido.

P.: ¿Cómo lo sabe?

G.G.:
Los bancos están sentados sobre el dinero que tomaron. A la espera de que se resuelva una agenda que no es para nada tranquilizadora. Ellos están en el ojo del huracán y no hay nada que puedan hacer para torcer el destino. Y, sin embargo, nadie los apedrea. La prueba de que los pases marcan una diferencia es esa capacidad de aislación por la que usted pregunta. Desde ya, los pases inocularon la idea de que si la situación se sale de madre, el BCE va a repetir la maniobra.

P.: No parece asunto menor que Grecia abandone el euro. De ocurrir, será el primero y nadie creerá que vaya a ser el último de los mohicanos.

G.G.:
No digo eso.

P.: Pero el mercado se comporta como si fuera un tema menor. Como si se remediara con la liquidez que puede inyectar el BCE sobre la marcha.

G.G.:
Esa convicción puede demostrarse errada. Con gran facilidad. No lo discuto. Pero es evidente que la factura todavía no pasó por ventanilla.

P.: Hay un alivio ahora que Venizelos -el líder del socialismo griego y quien tiene el mandato para constituir Gobierno- dio a entender que podría formarse una coalición que resuelva la impasse. Hay chances, según lo que deslizó, de que se forme un Gobierno de unidad.

G.G.:
Un Gobierno pro reforma. Que no repudie los acuerdos firmados con la Unión Europea y el FMI.

P.: ¿Es creíble?

G.G.: Sí. Aunque el acuerdo no está cerrado todavía.

P.: En definitiva, se mantiene la coalición que ya gobernaba el país.

G.G.:
Había que sumar a alguien más. Lo que Venizelos está consiguiendo es el aporte de la Izquierda Democrática, que rechazó el convite del partido vencedor de los comicios, la Nueva Democracia. Los tres tomarían las riendas.

P.: Todo muy endeble. Uno diría que atado con alambre.

G.G.:
No los une el amor, sino el espanto. Definitivamente.

P.: ¿Durará?

G.G.:
En principio, Europa cruza los dedos para que se pueda sacar la foto y se cierre la etapa de indefinición. Veremos después cómo se acomodan las cargas.

P.: Llama la atención que la troika que pilotea el programa de rescate de Atenas (BCE, UE y FMI) haya liberado esta misma semana, en plena incertidumbre, un desembolso pendiente de 5.200 millones de euros. De los cuales giró todos salvo 1.000 millones que todavía no se precisan. No me va a decir que como estaban aprobados de antemano no se podían frenar.

G.G.:
No se lo voy a decir.

P.: Uno se pregunta quién tiene agarrado a quién. ¿Europa a Grecia? ¿O al revés? Es imposible no pensar, cuando uno escucha la noticia, que Europa aflojó porque lleva las de perder.

G.G.:
Tres mil millones de euros están rotulados para pagar un vencimiento en cartera del BCE.

P.: El 70% de la deuda griega está en manos de acreedores oficiales multilaterales. Si se le cortan los víveres a Grecia, habrá que anotar una bonita pérdida. El BCE no tiene tanto capital como para repetir esa experiencia. Va a doler.

G.G.:
Piense en la Argentina de 2001, donde antes de hacer un desembolso los organismos pedían la venia de la oposición política. Es una discrepancia de procedimientos notable. Está claro que Europa no quiere interrumpirle los suministros a Grecia. Pero si Atenas corta el cordón, no veo factible la continuidad del programa. Pienso que Alemania no va a mirar para otro lado.

P.: ¿Y si sale mal? ¿Y se produce un cataclismo?

G.G.:
Habrá que apuntalar el resto de la estantería. No creo que Alemania negocie si Grecia amenaza con ponerse la pistola en la cabeza.

P.: ¿Cómo lee la intervención a Bankia en España? Se hizo de prisa y sin contemplaciones con un hombre del Partido Popular -como Rodrigo Rato- que bien pudo ocupar el sitial de Gobierno en el que hoy está Mariano Rajoy.

G.G.:
Aquí no hay nada personal. Ya habíamos hablado del tema. De cómo se trató en la Asamblea del FMI. Y es evidente que había un plazo perentorio. Bankia no pudo lograr que la auditoría le firmara el balance. Era, habíamos dicho, el elefante en el bazar. Y ya alcanza con Grecia para colmar la paciencia.

P.: El FMI pujaba con Bruselas porque quería que la operación se pudiera cargar a la cuenta conjunta del muro cortafuegos. La Unión Europea no cedió. Pero la intervención de Bankia procedió igual.

G.G.:
España tuvo que aflojar. Y hacerse cargo del problema con fondos públicos (capitalizando, en principio, la asistencia pasada). La urgencia prevaleció. Pero esto no queda aquí. Se viene una barrida importante de la basura escondida bajo la alfombra. En todo el sistema. Y sería muy bueno poder habilitar la alternativa que plantea el FMI y así estar en condiciones de ir a fondo.

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