7 de agosto 2012 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Las novedades de Europa, como siempre, vienen envueltas en un oscuro celofán. Hay que interpretar lo que se dice, y también lo que se calla, ya que no todas las cartas están puestas sobre la mesa. Consultamos a nuestro hombre en los mercados internacionales, Gordon Gekko, para que nos oriente con su brújula a recorrer ese espeso laberinto.



Periodista: ¿Se dio vuelta la página a la crisis en Europa?

Gordon Gekko: Digamos que los mercados están dispuestos a creer.

P.: La primera reacción después de escuchar a Dra-ghi, tras la reunión del BCE, fue muy mala. ¿Qué los llevó a cambiar?

G.G.: Lo que quedó en el tintero.

P.: No tanto lo que dijo expresamente como lo que dio a entender.

G.G.: Las primeras palabras de Draghi, en Londres, una semana antes, tuvieron el poder del énfasis. Sin un contenido específico. Bastó con la actitud entonces para que el mercado modificara su postura. Y, por el momento, más allá de los altibajos, alcanza.

P.: Digamos que Draghi avanzó con el contenido de las iniciativas del BCE.

G.G.: No mucho. Sabemos más qué es lo que el BCE no va a hacer que lo que concretamente se propone. Y también nos quedó claro que el Bundesbank no comparte la idea.

P.: ¿No apoya esta definición muy genérica, si se quiere vaporosa, de intervención del BCE?

G.G.: Su presidente, Jens Weidmann, votó en contra. No quiere saber nada de compra de deuda pública.

P.: Hay quienes critican a Draghi por no haber sido más audaz. Y hay quienes lo hacen, sobre todo en Alemania, porque consideran esta tibia apertura como un paso inaceptable, contrario al rol genuino del BCE.

G.G.: No es posible satisfacer a todos.

P.: Así se corre el riesgo de no agradar a nadie.

G.G.: Yo diría que Draghi no la está piloteando tan mal. Dentro del banco central, la única oposición expresa fue la de Weidmann. Pero los demás miembros del Consejo avalaron la moción. O, por lo menos, no se pronunciaron en contra. Eso incluye a otro integrante alemán, Joerg Asmussen, quien se habría excusado. Y a otros halcones habituales, como los representantes de Holanda y Finlandia, que tampoco sacaron los pies del plato. Y fuera del banco central, Draghi tejió el vínculo crucial. Merkel, Hollande y Monti están a bordo.

P.: Se advierte que Draghi no es un mal político. Pero eso es lo que molesta a quienes temen que el BCE haya perdido su independencia.

G.G.: Combatir la crisis exige interrelación. Hay un esfuerzo muy evidente de parte de Draghi en separar las áreas de competencia del BCE y de los gobiernos, pero si debe velar por la estabilidad financiera y la irreversibilidad del euro, ello depende de muchas decisiones que deben tomar los gobiernos. Y viceversa: los planes de ajuste fiscal no sirven de nada, no pueden traccionar, si los mercados zozobran.

P.: Vayamos a los bifes. ¿Piensa que el BCE retomará la compra de bonos? Draghi habla mucho, y el Bundesbank se ofusca, pero la verdad es que ya pasaron dos semanas y el BCE no ha invertido un solo centavo adicional. Pese a todo, cumple con la abstinencia que pontifica el Bundesbank.

G.G.: No compró bonos. Ni va a comprar. El programa SMP -que todavía acumula una cartera de 211.000 millones de euros- está terminado.

P.: ¿Y entonces?

G.G.: En esto Draghi fue categórico. El BCE se va a enfocar en el tramo corto de la curva de rendimientos. No va a tocar las obligaciones medias ni largas. No las va a incorporar a su portafolio. No va a reabrir el SMP. Arrancará de cero con una nueva iniciativa concentrada en la parte frontal de la curva.

P.: ¿Qué significa el corto plazo para el BCE? ¿Seis meses, un año, dos años?

G.G.: Ese tema está abierto. Señaló Draghi que lo resolverán los cuerpos técnicos del BCE. La idea es muy clara, sin embargo. El banco central no quiere apartarse de su mandato. Y como la mujer del César, no sólo se plantea ser honesto, sino parecerlo. Cuanto más se alarguen los plazos de los papeles, más incómoda su posición.

P.: Le pregunto porque el año pasado lanzó los pases a tres años y los bautizó como operaciones de refinanciación de «largo plazo».

G.G.: Es un buen punto. El BCE no ha renegado de los pases, a diferencia del programa SMP. Pero, claramente, tres años pareciera una frontera. No creo que el BCE esté pensando en ir más allá.

P.: ¿Cuándo comenzará esta nueva forma de intervención del BCE?

G.G.: No pase por alto que la otra novedad es que habrá una estricta condicionalidad.

P.: Antes también la había. Recordará la carta de Trichet a Berlusconi exigiendo distintas medidas de política económica.

G.G.: No hurgue en la llaga. El BCE no quiere repetir lo que debe haber sido una pesadilla. Por eso no moverá un dedo si antes no se solicita un salvataje formal.

P.: Eso puede llevar tiempo. Y los mercados, se sabe, suelen sufrir picazones abruptas de impaciencia.

G.G.: Como sea, primero habrá que anotarse en el fondo de rescate.

P.: Hay dos fondos. ¿Es indistinto uno u otro?

G.G.: Hoy por hoy, opera uno solo. El Fondo Europeo de Estabilidad Financiera.

P.: Finalmente, por lo visto, España caerá en la telaraña del rescate, que era lo que deseaba evitar. ¿Qué estima que hará Rajoy?

G.G.: Uno puede pensar en esta maniobra como una forma de desarmar su oposición.

P.: ¿Aceptará terminar allí? ¿Cuál es la zanahoria?

G.G.: No tiene mucha escapatoria, más si se le endulza la entrada.

P.: ¿Cómo es eso?

G.G.: De repente, el rescate ya no parece un sino tan terrible. El BCE ofrece estabilizar las tasas cortas que tenga que pagar el afectado.

P.: Lo atractivo sería que estabilizara las tasas largas.

G.G.: Usted tiene que elegir del menú que existe. No del que querría que estuviese disponible.

P.: La crisis empujaba a Rajoy (y a Monti) a ensayar otro gesto de rebeldía, como en la cumbre de fines de junio. ¿No le queda esa oportunidad para forzar una negociación en mejores términos?

G.G.: No lo puedo asegurar, pero me parece que la jugada maestra de Draghi (y Merkel) ha sido quebrar el eje Rajoy-Monti.

P.: La promesa de la intervención del BCE, ¿es lo que hace las veces de cuña?

G.G.: Es un canto de sirena. Antes Rajoy se sulfuraba con la sola mención de la palabra. Ahora dice que va a elegir lo que sea mejor para España. Reconoce tácitamente que el salvataje con apoyo del BCE podría satisfacer su criterio.

P.: Rajoy quiere ver qué medidas tomará el BCE.

G.G.: Seguro. Pero ya no se resiste ciegamente. Es un cambio notorio. Y si usted hojea los diarios italianos, verá allí el comentario repetido de que Monti considera que Rajoy debería aceptar la oferta.

P.: Italia reaccionaba de la mano de España porque Monti pensaba que los uniría el mismo destino final. ¿Ahora qué cree? ¿Que si España se acoge al rescate, Italia evitará tener que seguirle los pasos?

G.G.: Debe ser así.

P.: ¿Qué lo pudo llevar a cambiar de idea?

G.G.: Si se tienta Rajoy, con más razón Monti, ¿no? Si el BCE le pone un «techo» a la tasa de dos años, y mucho más si se estira a tres (como con los pases), estará construyendo un muelle firme donde amarrarse. Si se permite que cambie el mix de plazos de las nuevas emisiones (de manera de poder colocar una buena parte bajo el paraguas del BCE) podría aportar bastante oxígeno. Más aún si el BCE decide no esterilizar su intervención.

P.: ¿Cuándo se sabrá cómo funcionará todo esto?

G.G.: Cuando Rajoy decida acogerse al rescate.

P.: ¿Y eso cuándo será?

G.G.: Cuando al mercado se le acabe la paciencia.

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