3 de diciembre 2012 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Wall Street se asusta menos con el abismo fiscal y se entusiasma cada vez más con la idea de un repunte que corone la temporada. Revisamos con nuestro hombre en Wall Street, quien se escuda bajo el alias de Gordon Gekko, las chances del rally estacional de fin de año.

Periodista: Es un ajedrez accidentado, pero, poco a poco, las piezas van ocupando posiciones más agresivas. El Dow Jones recu-peró los 13 mil puntos aunque el precipicio fiscal sigue sin respuesta convincente. Sin embargo, los inversores, como usted anticipó, ahora se atreven a desafiar el peligro con tal de sacar tajada.

Gordon Gekko:
Así es. No hay mucha prisa, pero la tendencia a tomar riesgo, a esta altura, es visible. El sentimiento alcista del inversor minorista, por citar una referencia concreta, se ubica ya en el nivel más alto desde fines de agosto.

P.: ¿Por encima de la confianza que reinaba cuando la Fed lanzó el QE3?

G.G.:
Eso dice la medición de la Asociación de Inversores Individuales (AAII).

P.: Todavía la disputa política puede patear el tablero.

G.G.:
No tenga dudas. Para colmo, hay dos negociaciones. Una, reservada. Otra, ante la opinión pública.

P.: Llama la atención que figuras prominentes de ambos bandos -como el senador demócrata Reid o el representante republicano Boehner- ventilen a los cuatro vientos su frustración por lo que califican, sin pelos en la lengua, como avances muy pobres.

G.G.:
Es la manera de sumar presión. Aquí, el que pestañea, o se asusta, pierde.

P.: Es jugar con fuego.

G.G.:
La novedad es que los mercados no parecen perturbarse.

P.: La Fed mira el conflicto desde afuera. Con muchísima atención. Y sin ocultar sus preocupaciones.

G.G.:
Si hay un incendio, si la economía se chamusca, Bernanke deberá apagarlo. No tiene parte en la disputa, pero sí deberá lidiar con las consecuencias si son adversas.

P.: La Fed urge a llegar pronto a un acuerdo.

G.G.:
Es un llamado a la responsabilidad. Es un tema que ya hemos tratado en su momento. Las decisiones de inversión se frenaron en el tercer trimestre a la espera de conocer cómo se resuelve la hoja de ruta de las finanzas públicas. Esta semana varios oradores de la Fed lo enfatizaron -como Bill Dudley de la Fed de Nueva York o Richard Fisher, de la Fed de Dallas-. La contratación de trabajadores también sufre por esta impasse.

P.: La Fed, sin decirlo de manera oficial, deja saber que habrá estímulo monetario bien entrado 2013.

G.G.:
La vida continúa. El QE3 también. La operación twist 2, en cambio, termina a fin de año. El mensaje es evidente: la Fed se quedó sin títulos de corto plazo en su inventario, pero no por ello dejará de comprar bonos largos. Ni bajará su ritmo.

P.: ¿Expandirá el QE3?

G.G.:
Seguro.

P.: Si uno lee en detalle las últimas minutas, no es tan seguro. Hay discusiones y también quienes se oponen a una extensión.

G.G.:
Yo no lo pongo en duda. Ni lo uno ni lo otro.

P.: Admito que lo que usted dice es la opción que impulsa Charles Evans, el presidente de la Fed de Chicago.

G.G.:
Las compras mensuales de la Fed hoy por hoy suman 85 mil millones de dólares. El QE3 responde por 40 mil millones. Lo que Evans señaló es que una vez que se cancele el Twist 2 (como estaba previsto desde su implementación) las compras deberían mantener el nivel. Lo lógico es que el bache lo cubra el QE3. El punto que está en la penumbra, a mi juicio, es otro. La expansión monetaria que producen estas adquisiciones suman 40 mil millones de dólares por mes.

P.: El Twist 2 no tiene efecto monetario.

G.G.:
No. Es un canje de dos activos no monetarios.

P.: ¿Querrá la Fed aumentar el ritmo de creación de base monetaria?

G.G.:
No necesariamente.

P.: ¿Y entonces?

G.G.:
Debería esterilizar la ampliación del QE3. Tiene los instrumentos para hacerlo de manera total o parcial. Si escogiera esta última alternativa, inyectaría un estímulo adicional.

P.: Uno tiene la sensación de que la apuesta por un rally estacional de fin de año se ha quedado sin más sustento que la generosidad que se espera derrochen los bancos centrales, ya sea la Fed o sus colegas del G-7.

G.G.:
Le diría que no es una mala razón. Pero no es la única.

P.: También obra el alivio que provocaría una solución no traumática del acantilado fiscal.

G.G.:
Si hay un rol para los fundamentos, y debería haberlo, ese papel es favorable. No se confunda. Los indicadores, corregidos por el efecto del huracán Sandy, son significativamente mejores que un par de meses atrás. Y no es sólo en EE.UU. La encuesta que hace Bloomberg entre los inversores, por caso, y que monitorea a la economía de todo el mundo, revela el mismo diagnóstico. Y, desde mayo de 2011, que no mostraba registros tan positivos.

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