8 de febrero 2013 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Unos dicen corrección. Otros, consolidación. Gekko insiste con el serrucho. Lo que está claro es que el rally dejó de ser el tren arrollador que derriba todo lo que se le cruce a su paso. Con la guía del veterano analista de mil batallas en Wall Street, les pasamos revista a las últimas novedades.

Periodista: Parece que, en efecto, comenzó la corrección.

Gordon Gekko: Digamos que todavía es un serrucho. Una manera de tomar oxígeno después de subir como una exhalación.

P.: Es un serrucho, pero los dientes, ahora, apuntan hacia abajo.

G.G.: Estos son mercados que se agotaron de subir. No están muy dañados. Nada fundamental cambió. Es sólo que no hay más compradores que tomen la posta. Habrá que ver cuánto tienen que bajar para volver a generar interés.

P.: Tal vez nos instalemos en una meseta hasta que se recuperen las fuerzas.

G.G.: Será un rango de precios. En rigor, cuando se depura el ruido del día a día no estamos yendo a ninguna parte. Pero las variaciones, los dientes del serrucho, han aumentado de magnitud. Está claro que la volatilidad va en ascenso (aunque el indicador más usado -el VIX-se resista a registrarlo). O ello amaina o bajaremos otro escalón en las cotizaciones.

P.: ¿En qué quedó el escozor por los avatares de la política en España e Italia?

G.G.: Corrección es la del IBEX de Madrid, que devolvió todo lo que había ganado en el año y cayó casi el 8,5% desde sus máximos recientes. Pero es un dato puntual. La preocupación por la política de Europa, hoy por hoy, es una excusa para justificar un descanso.

P.: Europa lideró el avance bursátil en la segunda mitad de 2012. Pero ahora luce más vulnerable. ¿O me equivoco?

G.G.: Es así. El DAX alemán y el CAC 40 francés, ambos, han retrocedido y quebrado la media de las últimas cincuenta ruedas. Cuando uno mira Wall Street estamos lejos de ello todavía.

P.: Señal, quizás, de que las tribulaciones del Mediterráneo incomodan más que lo que usted admite.

G.G.: Si le quiere tomar el pulso a la situación, examine donde verdaderamente cuenta: en el mercado de deuda. Espa-ña, ayer, pasó la prueba, colocó las tres emisiones planeadas sin sobresaltos. Tuvo que pagar entre 30 y 35 puntos base más que en la subasta previa (anterior al clímax del escándalo del dinero negro en el partido de Gobierno) y se llevó 4.610 millones de euros (cien millones más que lo estipulado a priori). Después del alivio sustancial que significó el plan Draghi, un aumento de tasas inferior al medio punto porcentual anual es un costo que España puede afrontar. No enciende ninguna luz amarilla. De hecho, la demanda que se presentó era el doble de la oferta de papeles.

P.: ¿Cómo influirá la decisión de Irlanda de proceder a la liquidación del Banco Anglo Irish (ahora llamado IBRC) y la conversión forzosa de sus pagarés en pasivos de largo plazo?

G.G.: Lo ideal era anunciarlo contando con el respaldo del BCE. Pero los tiempos de Irlanda han sido más urgentes.

P.: Quiere ahorrarse el pago de los 3.100 millones de euros a fin de mes.

G.G.: Es razonable.

P.: ¿No se corre el riesgo de revivir los temores sobre los bancos europeos?

G.G.: Eso debería haber azuzado el apuro del BCE. Si no lo hizo, su estimación de riesgo de contagio debe ser muy remota. Entienda que para Irlanda es una operación crucial. Es el paso que necesita para recuperar la solidez de sus finanzas públicas. Para Europa también es importante. Irlanda daría vuelta la página de la crisis. La derrochona Grecia, por su parte, acaba de exhibir un superávit primario en sus cuentas públicas. Por fin, Europa podrá decir: Nuestra estrategia está dando frutos.

P.: Quiere decir que no todas las noticias que vienen de Europa son malas.

G.G.: No. Tampoco las que aporta EE.UU. son todas buenas. A medida que avance el mes, habrá más forcejeos en torno a los recortes de gasto público en Washington. Ya el Tesoro superó el techo de la deuda gracias a que los republicanos accedieron a una leve ampliación, pero insisten con la poda del gasto. Como ve, excusas para inquietarse un poco sobrarán. Lo que no se avizora es un obstáculo serio, de fondo. Y siendo así, será cuestión de tiempo para que el rally, más fresco y descansado, busque el trofeo que ansía y tiene metido entre ceja y ceja: los máximos de 2007.

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