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Diálogos en Wall Street
¿Qué significa la decisión de la Fed? ¿Qué cambia y qué no? Tras la conclusión de la reunión, fuimos en busca de nuestro experto, Gordon Gekko, y, a continuación, se transcriben sus comentarios.
Gordon Gekko: No lo dice expresamente.
P.: ¿Y entonces? ¿Cómo interpretarlo?
G.G.: La clave hay que rastrearla en el voto de James Bullard, de la Fed de St. Louis.
P.: Bullard cambió su voto. Su discrepancia desapareció. La pregunta del millón es: ¿por qué se pasó de bando, volvió al rebaño y dejó a Esther George en completa soledad?
G.G.: El motivo es muy transparente. El nuevo comunicado toma nota explícita del problema que representa una inflación demasiado por debajo de su meta del 2%. Afirma que si esa brecha persiste, supone riesgos serios para el desempeño de la economía.
P.: La desinflación vuelve a importar.
G.G.: En junio había salido del radar. Y era el punto irritante. Bullard no trepidó en votar en contra, y también escribió un pequeño paper alusivo, y declaró a quien quisiera oírlo que la Fed se estaba apartando del criterio de condicionalidad económica.
P.: Lo que usted quiere decir es que Bullard mantuvo su voto, y los que cambiaron el suyo fueron todos los demás.
G.G.: Es así. El comunicado recoge las críticas de Bullard y las incorpora a pleno. La razón que tenía Bullard para oponerse se evaporó.
P.: En estos meses escuchamos dos discursos diferentes de Bernanke, uno muy duro, y otro, posterior, que se ablandó. Usted había dicho que ese último mensaje -vertido, por ejemplo, ante los legisladores en su doble visita al Congreso- se basaba en los argumentos que ventiló Bullard. ¿Queda confirmado que es así, que hubo un giro?
G.G.: La prueba está en que cesó la disidencia.
P.: ¿Quiere decir también que la Fed ya no está urgida por el dictum de un calendario, como aseguró Bullard?
G.G.: Ésa es la conclusión lógica. Esperemos que no haya inconsistencia.
P.: La medida favorita de inflación que monitorea la Fed es la variación del deflactor del consumo personal, excluyendo alimentos y energía. Bien temprano recibimos el informe de cuentas nacionales y allí consta que el deflactor núcleo trepó a una velocidad de apenas el 0,8% anual en el segundo trimestre. En línea con la preocupación de Bullard, es un nivel bajísimo.
G.G.: Cuando el deflactor tocó el 1,05%, era la lectura más modesta desde que se recolectan los datos, desde los 60. Y ahora descendió al 0,8%.
P.: Ahí lo quería llevar. Si la desinflación importa, y las medidas de inflación son cada vez más bajas, ¿podemos seguir pensando en que la Fed comenzará a recortar el QE3 tan pronto como en septiembre?
G.G.: Dijimos que si Bullard volvía al redil, la poda de septiembre iba a ser considerada menos probable.
P.: No podemos descartarla de plano.
G.G.: Ése no es el mensaje. Pero no sabemos si no talla algún otro factor oculto. Ya mencionamos que no es la economía la que obliga a apurarse, si la Fed está en offside con sus dos objetivos: inflación al 2% y pleno empleo. Es todo lo contrario. La economía aboga por la continuidad del programa. Y esto era válido también en junio. Pero la cuestión es que el asunto no ha sido quitado de la mesa de discusión. No lo retire usted por su cuenta.
P.: Quizá se pueda diferir para fin de año.
G.G.: Ya lo sabrá.
P.: ¿Hay que sentarse a esperar una oleada de comentarios y explicaciones de los funcionarios como pasó tras la reunión anterior?
G.G.: Mucho dependerá de la reacción de los mercados. Si las expectativas se alinean con las intenciones de la Fed, no hará falta hablar demasiado. En todo caso, en tres semanas, podrá hurgar más detalles en las minutas.
P.: La economía creció el 1,7% en el segundo trimestre. Usted pensaba que no superaría el 1%. ¿Esa mayor firmeza puede justificar operar en septiembre?
G.G.: No hay mayor firmeza. En paralelo, los datos del primer trimestre se revisaron a la baja: del 1,8% al 1,1%. La economía, en el primer semestre, creció al 1,4% (y las ventas finales, por debajo del 1%).
P.: Es decepcionante...
G.G.: No está mal si toma en cuenta que estamos en medio de un fuerte ajuste fiscal. Le diría, incluso, que está muy bien. Claro que uno tiene el derecho de preguntarse para qué superponer otro shock corrigiendo ya el monto del QE3.


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