11 de marzo 2014 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Diálogos en Wall Street
A cinco años del nacimiento del mercado alcista, Wall Street cotiza en los récords pero sin euforia. Y pende sobre su cabeza una oleada de comentarios críticos acerca de la sensatez de sus valuaciones. Le preguntamos a Gordon Gekko qué cabe esperar.



Periodista: Se cumple el quinto aniversario del mercado bull. Cuando uno mira para atrás corre el riesgo de marearse. El S&P 500 escaló el 178% desde entonces.


Gordon Gekko: No estuvo nada mal, ¿no? Para lo que era la situación en marzo de 2009, las cosas salieron bastante bien. Y aún las que después salieron mal -como la crisis europea- se pudieron remontar con acierto...

P.: Me llama la atención que no haya habido una gran celebración.

G.G.:
No hizo falta. 51 récords sólo el último año son festejos más que suficientes. No se debe pedir más.

P.: Si uno observa hacia atrás se marea. Si se mira para delante, peor; uno se pregunta si no será demasiado avance. La realidad es otra, mejoró, pero ¿tanto? La Bolsa anticipa, no vive de recuerdos. ¿Podrá estar a la altura de lo que marcan las cotizaciones?

G.G.:
Algo de ese cuestionamiento flotaba hoy (por ayer) en la rueda. Cuando las cifras de China golpean a Wall Street, rara vez el problema es China, piense siempre que es Wall Street. La geografía poco le interesa.

P.: No se nota una gran euforia. Salvo cuando se repara en las cotizaciones.

G.G.:
Así es, tenemos muchos bemoles, pero no el problema de los "twin peaks"...

P.: No hay dos cumbres paralelas...

G.G.:
No. Las cotizaciones de la Bolsa están en los máximos, pero no el optimismo de los inversores. No será una maravilla, pero es mejor que la doble estampida de precios y euforia. Por eso la suba se hace cuesta arriba, no es vertical.

P.: El ascenso se hace cuesta arriba, pero se hace. No se detiene.

G.G.: Según lo que hemos visto estos meses, tampoco se suspende por mal tiempo.

P.: Y un poco hoy y otro pasado mañana, igual se arriba a una valuación que ya provoca serias objeciones.

G.G.:
Correcto. Y cuando aflora esta sensación de eventual "fin de fiesta" fíjese que el temor puede parecer muy grande pero el retroceso efectivo de los precios es atenuado. Se desconfía mucho, pero a la hora de la verdad no hay todavía quién propine una estocada a fondo.

P.: Hoy (por ayer) operamos todo el día en baja, ya desde la primera hora, por los malos números de China (y una revisión bajista del PBI de Japón que despertó críticas también sobre la viabilidad de las Abenomics). Sin embargo, al final de la rueda, el S&P 500 cerró menos de un punto abajo. O sea a una pizca apenas de los récords...

G.G.:
A última hora, sin pedir permiso ni aportar ningún argumento novedoso, el mercado se tornó netamente comprador. Así es un mercado alcista. Si no puedes con él, únete a él. La cautela estuvo presente durante toda la jornada. Casi todo el tiempo significó tomar distancia. Pero a la hora del remate, cuando se hizo evidente que no habría un resbalón mayor, lo que se temió fue quedarse afuera.

P.: Usted nos contó, con lujo de detalles, cómo más y más funcionarios de la Fed han comenzado a objetar la valuación de los activos de riesgo. El año pasado esa misma referencia machacona, cuando irrumpió, estuvo dirigida a cuestionar las bajas tasas de interés de los bonos y el fenómeno de la "cacería de rendimiento" que impulsaron el QE3 y, a partir de abril, las Abenomics de Japón. Ahora el blanco ya no son los bonos, son las acciones. ¿Podrán soportar lo que no pudieron tolerar los bonos el año pasado?

G.G.:
El asedio no es el mismo. No todavía. Janet Yellen, que era la número dos de la Fed, marcó en abril pasado los riesgos de una excesiva especulación. Los bonos no se dieron por enterados. Recién en mayo, cuando Bernanke tomó esa misma lanza, se sintió el impacto.

P.: La Fed se reúne el martes y miércoles próximos. ¿Será el momento?

G.G.:
Le diría que no si todo se limitase a leer el comunicado oficial tras la reunión, la primera que conduce Yellen. Pero habrá una conferencia de prensa posterior.

P.: Con preguntas y respuestas abiertas. Y esta es la pregunta del millón.

G.G.:
Le recuerdo que Yellen ya la contestó negativamente en el Senado. Pero el diablo está en los detalles. Y si la Fed se siente molesta con esta efervescencia, no le costará nada a Yellen deslizar una advertencia. Será como quien se quiere quitar un moscardón que lo incomodó. Y puede ser sutil que seremos todo oídos y el mensaje igual llegará a destino.

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