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Diálogos en Wall Street
Gordon Gekko: La "ofensiva relámpago" griega está unos metros más atrás de donde comenzó. Chocó contra una pared, y con el envión que llevaba, rebotó...
P.: Hay una nueva reunión del eurogrupo -el cenáculo que reúne a todos los ministros de Economía y Finanzas de la eurozona junto con el presidente del BCE- el lunes. Esta semana pareció que había un principio de entendimiento. Lo sugirió el propio titular del eurogrupo, Jeroen Djisselbloem...
G.G.: Se redactó el borrador de un comunicado conjunto, pero Atenas lo pinchó.
P.: ¿Lo que aceptó firmar el ministro Varufakis lo vetó Tsipras, el poder político?
G.G.: Presumiblemente. El "no comunicado" dice que "las autoridades griegas reiteraron su compromiso inequívoco con las obligaciones financieras para con todos sus acreedores". Sobre esa base, comenzaba un trabajo técnico para analizar los planes de reforma griegos y "explorar las posibilidades de extender y concluir de forma exitosa el actual programa teniendo en cuenta los planes del nuevo Gobierno".
P.: Es significativo que Varufakis haya aceptado un borrador así. Y es lógico que Tsipras lo rechace. Es una rendición casi absoluta.
G.G.: Son tres afirmaciones, y en las tres estoy de acuerdo. No sé cómo haría Tsipras para vender un acuerdo así a su electorado.
P.: ¿Tiene alternativas?
G.G.: Tarde o temprano, tendrá que hacerlo. O resignarse a una situación peor. Pero es demasiado temprano para girar en U de manera tan rotunda.
P.: La tesis de Syriza, la coalición gobernante en Atenas, era que Europa cedería ante la disyuntiva de tener que soportar el escenario de Grexit, es decir, la salida de Grecia del euro. Craso error.
G.G.: A los alemanes no les hubiese temblado el pulso para apretar el botón cuando hubiera generado una explosión nuclear en 2011 o 2012; mucho menos ahora.
P.: Grecia no es lo que era como amenaza. Asusta menos.
G.G.: Pruebas al canto. Los mercados no mienten. Y Syriza también asusta menos. De otra forma, no hubiera ganado las elecciones. Prometió darle un ultimátum a Bruselas, pero, a la par, mantenerse dentro del euro. La verdad es que el ultimátum ya fue respondido. Si quieren dispararse un tiro a la cabeza, háganlo (aunque salpique). Después tendrán que montar un "corralito" para seguir en el euro.
P.: La idea de llamar a Putin en el medio de una negociación delicada con Ucrania tampoco fue muy brillante. Decir que el dinero que no facilite Europa se lo puede conseguir, quizá, de EE.UU., y si no, de ofrecimientos hechos por Rusia y por China no suena muy realista.
G.G.: No tengo dudas de que Putin habrá hecho promesas. Es pescador de río revuelto. Pero Syriza debe entender que la campaña electoral terminó y ahora hay que gobernar en serio. Ya juega con fuego suficiente como para echarles más leña a las brasas. Con tantas bravuconadas -y la estela de improvisación que dejan detrás. le está bajando el precio que paga Europa por rechazarle sus peticiones.
P.: Se supone que Varufakis es un experto en teoría de los juegos, que sabe diseñar estrategias para sacar ventajas en una negociación difícil.
G.G.: Entonces relea el "no comunicado" y dese cuenta de que el ministro ya reculó. No al default, no a la quita compulsiva de deuda, no al abandono unilateral del programa de rescate. Los dos primeros puntos ya están digeridos en sede política. El tercero, hoy en día, es sacrilegio...
P.: ¿La eurozona no va a ceder en nada?
G.G.: El BCE hizo un gesto. Decidió aumentar el tope de la asistencia de la ventanilla de liquidez de emergencia en 5 mil millones de euros. La llevó a 65 mil. Es una soga a los bancos.
P.: Pero lo hizo después de cortar las operaciones convencionales de refinanciación con garantías de deuda griega. Y de un saque, por esa medida, redujo en casi 100 mil millones de euros la asistencia.
G.G.: Queda claro: el BCE aprieta, aunque, por ahora, no ahorca.


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