13 de julio 2016 - 00:00

Diálogos de Wall Street

Wall Street se embaló después de las señales de robustez que emanó la economía de EE.UU. y ratificó la previsión de Gordon Gekko al consagrar nuevos récords con particular entusiasmo. La pregunta obligada a nuestro experto: ¿cómo sigue la película?.

Periodista: Tenía razón. La Bolsa explotó, sí, pero hacia arriba. Hizo añicos los récords de mayo de 2015. ¿Qué hay detrás de semejante pujanza?

Gordon Gekko: La evidencia de un pequeño error de cálculo. El informe laboral en los EE.UU. marcó el antes y el después. Los optimistas esperaban la creación de 180 mil nuevos puestos de trabajo en junio, la realidad (que puede cambiar de lectura el mes que viene) cantó 287 mil. Una de dos. O esto no es el apocalipsis que presagian los bonos que rinden bajo cero. O el fin del mundo nos encontrará a todos trabajando horas extra.

P.: ¿Alcanza con una única pieza informativa (que además no es definitiva) para sortear un muro sólido de desconfianza? ¿Es tan fácil sacar de escena, de buenas a primeras, los peligros que nos rodean?

G.G.: El muro es más denso que sólido, a decir verdad. Y la habilidad de Wall Street, ya lo dice el refrán, es trepar los muros de preocupaciones, precisamente haciendo pie en ellas. Sin embargo, no va a alcanzar con un único dato para sostener la suba y romper de manera tajante los límites del viejo mercado lateral. La apuesta de fondo es que las empresas van a confirmar la mejoría.

P.: Es tiempo de examen. Ya comenzó la estación de los balances.

G.G.: Y, como se creía, con buenos auspicios. Alcoa arrancó con una sorpresa favorable, con el pie derecho, muy firme.

P.: Igualmente el consenso vaticina otro trimestre de variación en rojo. Comparadas con su nivel de un año atrás, las utilidades por acción caerían el 5,6%. No parece el pasaporte adecuado para viajar hacia nuevas alturas.

G.G.: Quizá no lo necesiten. Una visión constructiva del horizonte de negocios -un buen "guidance" de las corporaciones- podría ser más que suficiente a esta altura. El consenso que usted cita confía en que la rentabilidad pegará la vuelta al cabo del trimestre actual; sólo que esos números no estarán disponibles hasta octubre.

P.: Wall Street se embarca a la aventura, a todo vapor, llevando como toda cartografía un único informe de empleo alentador, y el boceto de una esperanza de mayores ganancias en un futuro mediato.

G.G.: No sería la primera vez. Son las reglas del juego: si no llega a buen puerto, zozobrará. Wall Street avanza descontando que, en un par de semanas, tendrá algo más de vituallas. No será fácil mostrar que las ganancias se estabilizan, en vez de una caída superior al 5%, pero no es imposible. Las empresas de energía, de las que se aguarda una merma de rentabilidad mayor al 70%, pueden dar el batacazo gracias a la recuperación sostenida del precio del petróleo, simplemente achicando quebrantos.

P.: ¿Tachamos la casilla del "brexit"? ¿Nos podemos quedar tranquilos de que no traerá aparejados nuevos problemas?

G.G.: Entre el "brexit" per se y la expectativa de tasas bajas, o negativas, por más tiempo lo que hay que tachar es el liderazgo de los papeles bancarios. Pero los precios, sobre todo en Europa, ya sufrieron abundante castigo. No news, que no haya titulares horribles, son ahora buenas noticias. De repente, Unicredit en Italia vende activos y la acción salta el 13%. Con el pesimismo bien metido en las cotizaciones, hay espacio para los rebotes. Hoy (por ayer) JP Morgan subió el 1,5%; Bank of America, el 2,5%.

P.: La Bolsa tiene una visión tolerante, positiva. Los bonos se atrincheraron como si viniese el fin del mundo. El primer round lo ganaron las acciones...

G.G.: Mejor así.

P.: Pero la pelea continúa. Los bonos no dan el brazo a torcer.

G.G.: Quien quiere refugio, lo tiene disponible. Y está claro, si uno mira las tasas de interés, a pesar de que treparon un poco, que hay mucha demanda convencida de establecer campamento permanente. Eso sí, no es una opción barata. Las acciones pueden lucir muy onerosas, pero en comparación con los bonos, cotejando los rendimientos de unos y otros, y considerando su potencial de apreciación, son una ganga. Y mientras se logre esquivar la recesión, y no nos agreda la Fed, la valuación relativa no va a cambiar.

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