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Diálogos de Wall Street
Trump se la agarra con la Bolsa (y no es el único). ¿Burbuja, sí o no? Le preguntamos a Gordon Gekko, mientras las acciones, ajenas a toda discusión, acampan en lo más alto.
Gordon Gekko: De burbujas, sabe. Mire lo lejos que ha llegado su candidatura.
P.: ¿Es buena idea hacer campaña presidencial atacando a la Bolsa?
G.G.: No, si usted es el presidente.
P.: ¿Sí, en el caso de que sea el contendor?
G.G.: Una Bolsa boyante acrecienta el inventario positivo del Gobierno. Es una desventaja para la oposición.
P.: Aunque las grandes mayorías vivan de lo que produce Main Street y no de sus ganancias en Wall Street.
G.G.: Todo el mundo sabe que si Wall Street se complica en serio, tarde o temprano recibirá algún pase de factura. Y que si la situación no se endereza también pueden arruinarse sus condiciones de jubilación.
P.: El presidente Obama atraviesa un momento óptimo, y Wall Street se pasea por los récords. ¿Hillary Clinton es la beneficiaria natural? Le pregunto porque no se nota demasiado.
G.G.: Hillary y Trump son una extraña pareja. Es el dúo que despierta las mayores lecturas de rechazo desde los tiempos de Bonnie and Clyde. A la hora de emitir el voto, la salud de la economía influye. Y nada transmite más confianza que una Bolsa firme. Aunque el mérito no sea de Clinton. Por su parte, el discurso de Trump calaría más hondo si se repitiera la tormenta que vimos, sin ir más lejos, a principios de año.
P.: Trump le presta atención a la Bolsa pero la Bolsa no le presta atención a Trump.
G.G.: No debería quejarse. Es una suerte para su candidatura que no exista reciprocidad.
P.: Pensándolo bien, tampoco la Bolsa ha sido muy sensible al discurso de campaña de Clinton.
G.G.: Ni perdió el sueño con el "brexit".
P.: Pero el "brexit" llevará dos años de negociación antes de entrar en vigencia. A fin de enero próximo los EE.UU. tendrán un nuevo presidente.
G.G.: Eso es cierto. Lo incierto es definir con nitidez qué es, en concreto, lo que va a cambiar. Se piensa, por ejemplo, que gane Hillary o gane Trump, aumentará el gasto en infraestructura.
P.: Se considera que vuelve la política fiscal como instrumento.
G.G.: Sí. Y las acciones vinculadas con la construcción, materiales e ingeniería sacaron provecho. La Bolsa se interesa en las intenciones de los candidatos, pero hay promesas que son difíciles de creer.
P.: No sólo Trump es escéptico del rally. Otros gurúes, como George Soros o Jeff Gundlach, se pronunciaron en el mismo sentido. El suizo Marc Faber dijo que el destino que le aguarda al índice S&P 500 es un derrumbe del 50%, que devolverá las ganancias de los últimos cinco años.
G.G.: Algún día Faber tendrá razón, y se lo reconoceremos sin retaceos. Mientras tanto, no se priva de hacer predicciones. El problema es que él tampoco sabe qué día será su gran día.
P.: Y la Bolsa hace caso omiso, sigue su ruta.
G.G.: Contra viento y marea.
P.: Todo se explica porque hay dinero gratis, dice Trump.
G.G.: Que les enseñe el truco a los japoneses. El Nikkei no supera los 17 mil puntos cuando a fines de 1989 orilló los 39 mil.
P.: El dinero gratis no es todo.
G.G.: Si se puede elegir, lo principal es la salud. Los EE.UU. -cuando uno compara las tasas de la Fed con las tasas negativas de la eurozona, Suiza y Japón- son un área de "alto rendimiento". Y no por eso Wall Street deja de ser la plaza más fuerte.
P.: Ahora bien, la salud no debe ser tan robusta si la Fed quiere pero no puede subir la tasa un cuarto de punto cuando apenas roza el 0,5%.
G.G.: Ése es un buen enfoque. La Fed nos puede achicharrar si sube la temperatura a destiempo. Y una gestión desatinada de Gobierno puede hacer un daño más profundo todavía. Y ni Trump ni nadie debería confiarse en que el dinero gratis solucionará el problema.


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