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Diálogos de Wall Street
Asumió Trump, y Wall Street es una fiesta. Pero la confusión reina en Washington y el mundo observa con preocupación las primeras medidas del presidente. Hablamos con Gordon Gekko en procura de explicación.

P.: ¿Será por eso que el mundo no sale de su asombro y Wall Street no sale tampoco de la senda de alza del mercado bull?
G.G.: El Dow Jones Industrial atravesó el umbral de los 20 mil puntos esta misma semana. Merodeó la barrera, no se animó a cruzarla en la transición y recién lo hizo cuando Trump asumió la presidencia.
P.: Esperó a que firmara la acción ejecutiva ordenando la construcción de la gran muralla mexicana...
G.G.: Y el visto bueno para ir adelante con dos oleoductos que despiertan controversia por sus riesgos ambientales.
P.: Wall Street no cree en la corrección política, sí en las oportunidades de negocios.
G.G.: El Trump rally ataca de nuevo. Y no es un "hecho alternativo", no es relato oficial. Es un hecho comprobado. No sólo el Dow Jones avanza. El S&P500, el Nasdaq, el Nyse Composite, el S&P Mid Caps; todos ellos clavaron nuevos récords absolutos esta semana inaugural.
P.: ¿Son ciegos a los peligros que supone Trump? ¿Es apenas una obligada luna de miel? Si Trump sigue así, tarde o temprano, chocará su Gobierno.
G.G.: A esta altura, todos tienen razón. O, al menos, es imposible refutar a nadie. Yo tengo claro que el negocio de Trump es la mesura. Pero él mismo, que sabe mucho más, se interna decidido en la desmesura. Y medio mundo se espanta. Dentro y fuera de los EE.UU. ¿Wall Street no ve lo que ocurre?¿Es incapaz de anticipar las consecuencias en un futuro no muy lejano? Precisamente, esa es su capacidad distintiva. No es infalible, desde ya, y, por más insensible que parezca, también tiene su corazoncito, pero Wall Street paga muy caro sus errores. Trepar por encima de los 20 mil puntos para despeñarse después, por las razones obvias que observa cualquier profano, no le causaría ninguna gracia.
P.: ¿Y entonces?
G.G.: Mire, el fin del mundo es el pronóstico obvio. Gorbachev, quien enterró al imperio soviético, reaparece para decirnos que el mundo se prepara para una guerra. Lo que es obvio, lo entendemos bien. Lo que no es obvio, que Trump llegara a presidente o que el Dow ahora alcance los 20 mil puntos, es lo que nos cuesta. Y, para peor, es lo que ocurre delante de nuestros ojos. Hay que hacer el esfuerzo de entenderlo.
P.: ¿Y usted cómo lo interpreta?
G.G.: Trump dijo que el primer día se iba a pelear con China pero se peleó con México. Se hace el loco, pero no come vidrio. Elige a sus rivales. ¿En qué quedó el plan de infraestructura, y la pelea con la Fed? Sólo habló del muro. Y Peña Nieto ya le canceló la reunión. Un juez le frenó la deportación de refugiados. Si Trump se fija sus límites, o si se los imponen los demás, tendremos mucha agitación, casi toda espuma, y daño real acotado. Lamentable, sí, pero no letal. Mire, lo que Trump necesitaba ya lo consiguió. Ganó la presidencia y revivió los animal spirits empresarios. No está en sus genes hacer la plancha, pero debería. Y mejor que no trate de reinventar la pólvora, porque, es verdad, podemos volar todos, él incluido. Wall Street sube porque confía en que habrá recorte de impuestos, en la inercia del ciclo económico y, en última instancia, en el instinto de supervivencia del propio Trump.


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