23 de febrero 2017 - 00:27

Diálogos de Wall Street

El Trump rally no se agota. ¿Hasta dónde trepará? ¿qué podría frenarlo? Revisamos con Gordon Gekko una batería de posibles escenarios.

Periodista: Créase o no, el Trump rally sigue soplando. Como si fuera independiente de los desatinos de la gestión de gobierno. ¿Cuánto más durará? ¿Hasta dónde podrá extenderse el optimismo sin otro sustento que la fe ciega en la sanción de un puñado de leyes pro-negocios?

Gordon Gekko: Cuidado con los idus de marzo. Trump ofreció tener listo un plan de impuestos "fenomenal" para antes de entonces. Y el 15 se reunirá la Fed...

P.: Stephen Harker, de la FED de Filadelfia, avisó que podría apoyar una suba de tasas si la actividad económica y la inflación continúan en ascenso...

G. G.: Dudo de que la Fed, a la hora de la verdad, quiera apretar el gatillo. Pero que puede subir el tono de sus declaraciones, y azuzar el interrogante, no lo descartaría.

P.: Si el banco central siembra cizaña, la tasa larga no se quedará quieta, volverá a las andadas...

G. G.: La tasa de 10 años debería saltar la vara del 2,50% sin demasiados problemas. El máximo de diciembre fue del 2,64%, aunque resultó fugaz. Sería una buena ocasión para abordarlo de nuevo y tratar de sobrepasarlo.

P.: En diciembre, el Trump rally se llevaba puesto cualquier obstáculo. Me cuesta creer que, si la historia se repite y las tasas vuelven a escalar, la Bolsa pueda mantener la misma ferocidad.

G. G.: Llegaría, esta vez, con el caballo cansado. A menos que el plan de reforma tributaria sea, en efecto, un artefacto fenomenal que le inyecte un renovado vigor.

P.: ¿Imposible?

G. G.: Muy improbable.

P.: ¿Por qué?

G. G.: Porque el Congreso no compra reformas llave en mano, y menos tratándose de impuestos. Y no hay mucho espacio fiscal para ser tan generosos en la realidad como en campaña.

P.: El 15 de marzo vuelve a regir el tope máximo de la deuda pública fijado por el Congreso. Habrá que renegociarlo.

G. G.: Seguro. Habrá que subirlo no menos de 2 billones de dólares con respecto al nivel de 18,1 billones que tenía en noviembre de 2015 cuando se suspendió su aplicación.

P.: En el pasado la necesidad de ampliar el techo de la deuda fue un gran dolor de cabeza para el Ejecutivo. En 2011 llevó a una disputa que hizo que la agencia S&P le quitara la calificación AAA a la deuda soberana de EE.UU. Dos años más tarde obligó al cierre parcial del Gobierno. ¿Estamos en la antesala de algún encontronazo de parecida envergadura?

G. G.: Los republicanos controlan el Congreso. Y Trump, que es republicano, la Casa Blanca. Y está en el período de gracia de sus primeros 100 días. No debería haber problemas.

P.: Con Trump nunca se sabe...

G. G.: Habrá que prestarle atención al margen de flexibilización. A cuánto aire le dan los legisladores.

P.: ¿Lo ve atado a la negociación que avizora por la Reforma Tributaria?

G. G.: No de una manera explícita. Ahora bien, una ampliación amarreta del tope de deuda nos anticiparía una reforma tributaria con menos potencia fiscal que la que los mercados imaginan.

P.: Hablábamos del Trump rally, de su vitalidad y de qué podría frenarlo. Tenemos tres candidatos: la reforma tributaria (si decepciona), la Fed (si endurece el discurso), el techo de la deuda (si no se desliza a tiempo). ¿Diría que los tres importan, de manera decreciente, en dicho orden?

G. G.: De acuerdo.

P.: ¿Qué pasa con otros factores como el Russia-gate y las turbulencias políticas?

G. G.: El Trump rally arrancó con Trump pero puede continuar perfectamente sin su activa presencia. Hay una parte de la agenda presidencial que es altamente tóxica aunque no consigue imponerse. La prohibición de ingreso a los EE.UU. de ciudadanos de siete países fue frenada por la Justicia. Y, lejos de perjudicar, le sacó un obstáculo del camino.

P.: No hablamos de las reformas de comercio, uno de los caballitos de batalla durante la campaña.

G. G.: No hemos hablado porque tampoco habló el Gobierno.

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