5 de abril 2017 - 22:25

Diálogos de Wall Street

La inflación está de vuelta en el escenario internacional. ¿Hay razones para preocuparse? ¿Deberá dispararse artillería pesada? ¿Qué hará la Fed? A continuación las respuestas de Gordon Gekko.

Diálogos de Wall Street
Periodista: Pasó inadvertido, pero pasó. La inflación, después de cinco años, volvió a alcanzar la meta de la Fed, cruzó el umbral del 2%. Primero lo hizo la inflación de precios al consumidor, pero la Fed se guía por otra medición...

Gordon Gekko: El deflactor del gasto de consumo personal, que refleja los precios de una canasta levemente distinta.

P.: Pues bien, la inflación minorista, medida los últimos doce meses por el deflactor, entregó un alza del 2,1%. Y si se toman los precios al consumidor, con una precisión de dos decimales, el 2,74%. Es obvio que a nadie lo inquieta. Pero, ¿no es un exceso de confianza? ¿No se escapó la tortuga?

G.G.: No irá muy lejos.

P.: La desinflación ya es historia. Por fin. No obstante, la vida y sus peripecias continúan. ¿No está la inflación doblando la página? ¿Debería la Fed cortarle el camino, o está bien que ejerza la tolerancia?

G.G.: Tiene a mano los números de la eurozona. En febrero, la inflación armonizada de la región tocó el 2%...

P.: No es un repunte que ocurra sólo en los Estados Unidos.

G.G.: No lo es. La estimación flash de marzo, sin embargo, decayó al 1,5%. ¿Qué componente es el que más empuja? Energía. Subió el 9,3% interanual en febrero y se desaceleró en marzo al 7,3%.

P.: ¿Cuánto escaló la inflación núcleo?

G.G.: El 0,9% en febrero, y el 0,7% en marzo.

P.: Me quedo tranquilo en Europa, pero, ¿debería en los EE.UU.? La inflación al consumidor núcleo da 2,2% y el deflactor ex energía y alimentos, el 1,75%. Es un proceso de suba más arraigado.

G.G.: Seguro.

P.: Y, sin embargo, nadie se rasga las vestiduras. Nadie dice esta boca es mía.

G.G.: No es tan así. La Fed subió sus tasas de interés tres veces, dos de ellas en los últimos tres meses. Ya posteó otra para junio, a la que los mercados le asignan casi un 60% de probabilidades. Y le recuerdo de que la Fed habló sobre el tema a tiempo.

P.: Algo dijo Janet Yellen después de la última reunión.

G.G.: Dijo lo importante. Recordó que la Fed tiene una meta pero no un techo de inflación. Que el 2% es la meta que tiene asignada, pero ello no significa que deba prenderle fuego a su territorio si la inflación cruza circunstancialmente esa línea. Yellen, muy profesional, abrió el paraguas antes que apareciera esta llovizna que usted menciona.

P.: Mañana (por hoy) la Fed nos va a ofrecer las minutas de su último cónclave. ¿Cree que allí habrá más pistas sobre su postura?

G.G.: Yo diría que puede surgir algún comentario individual aislado, pero nada que nos aparte mucho de la tolerancia benigna. No se olvide que el único disidente, Neel Kashkari, lo fue porque no veía razones para apurarse a subir la tasa.

P.: La clave de las minutas estará puesta entonces en el análisis sobre la conveniencia o no de comenzar a reducir la cartera de activos del banco central. Kashkari lo planteó en la nota que explicó los motivos de su disidencia, y de ahí en adelante ha sido un caballito de batalla de la discusión.

G.G.: No es que seamos perspicaces, es que nos van soplando la letra. Parecería haber una masa crítica dispuesta a empezar a achicar la hoja de balance a partir del año próximo.

P.: Hasta que colapsó Lehman Brothers en septiembre de 2008, la Fed se las arreglaba con unos 800 mil millones de dólares en activos totales (y la cifra era muy estable), después vino la avalancha de compras y expansión cuantitativa y hoy la cartera suma 4,5 billones. ¿Qué significa su reducción?

G.G.: Pregúntese cuál es hoy su influencia. Aplana la curva de bonos. Presiona hacia abajo la prima temporal entre instrumentos cortos y de largo plazo. Como siempre, el diablo estará en los detalles. Pero de ponerse en marcha la iniciativa lo que cabe esperar es un empinamiento. Que, bien manejado, avisado con antelación, no debería quitar demasiado el sueño.

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