10 de mayo 2017 - 23:17

Diálogos de Wall Street

Conversamos con Gordon Gekko, tras el triunfo de Macron en Francia, y el nuevo escenario de inversión que asoma en Europa.

Diálogos de Wall Street
Periodista: Ganó Emmanuel Macron. ¿Se acabó la zozobra en Francia? El nacionalismo de Marine Le Pen llegó al balotaje, pero terminó muy lejos. Dos de tres franceses prefirieron la propuesta convencional de Macron, y perseverar en la integración regional. ¿Pasó lo peor para la Unión Europea?

Gordon Gekko: Pasaron los nubarrones y no habrá temporal. Brexit, Trump, la tercera podía ser la vencida, pero no hubo tercera. Wilders en Holanda fue derrotado al igual que Le Pen (y antes Hofer en Austria y Podemos en España). Así se despejó el horizonte. Casi milagrosamente.

P.: El votante del Viejo Continente acarició la idea, pero a la hora de la verdad, prefirió no hacer olas.

G.G.: Tal cual. En consecuencia, la suerte de la Unión Europea no está en disputa. Más allá, lógico, de la partida de Gran Bretaña. Y no habrá que redibujar el mapa de la eurozona. Conste que eran los grandes peligros de 2017. Y se resolvieron sin drama.

P.: Faltan las elecciones alemanas.

G.G.: Pero allí no hay una presencia amenazante que aparezca con probabilidades de triunfo.

P.: Se dice que Italia es ahora la nueva Francia. Y celebrará elecciones antes de que termine mayo.

G.G.: Elecciones parlamentarias. Pero es verdad que surge como la gran preocupación pendiente. Con todo, no posee la dimensión de problema existencial que suponía una Francia rebelde.

P.: ¿Y por qué, si nos quitamos la principal espina que podía lastimarnos en 2017, los mercados reaccionaron con tanta mesura?

G.G.: No se confunda. Las Bolsas de Europa lo facturaron a lo grande. Primero, cuando los comicios en Holanda trajeron la primera sorpresa positiva. Luego, de la mano de las encuestas que apuntaron desde temprano el ascenso de Macron.

P.: Dicho sea de paso, las encuestas, esta vez, funcionaron muy bien.

G.G.: Anticiparon con precisión los resultados de la primera vuelta. Y trascartón tuvimos un rally muy potente.

P.: Tanto que no quedó nada para festejar después del balotaje con el escrutinio definitivo.

G.G.: No hay libro de quejas. El Euro Stoxx 50, que es la canasta de las acciones líderes de la eurozona, se ubica en los máximos desde 2008. El Dax alemán pisa terreno récord absoluto. Y el CAC 40 francés cotiza en los valores más altos desde 2007.

P.: Europa se benefició de la oleada alcista que disparó el Trump rally...

G.G.: El triunfo de Macron es una devolución de gentilezas.

P.: Lo curioso es que Trump apostó fuerte por el auge de los nacionalismos. Y sólo pudo congratularse por el brexit.

G.G.: No es sólo eso. La alianza con la Rusia de Putin era un reto gravísimo para la seguridad europea. Cuando Trump cuestionó la utilidad de la OTAN, de buenas a primeras, la vulnerabilidad de la región resultó evidente.

P.: Todo cambió. Y para bien.

G.G.: La política y la geopolítica, ambas, se despejaron. La economía, en el margen, creció más que los EE.UU. en el primer trimestre. Mientras la recuperación se tomó un respiro del otro lado del Atlántico, la actividad de la eurozona medida por el índice PMI redobló el paso y alcanzó su máximo de los últimos seis años.

P.: De repente, Europa luce muy atractiva. Es una oportunidad de inversión, y ya no la amenaza de sufrir una emboscada.

G.G.: La valuación es mucho más moderada que en EE.UU. Los márgenes de ganancias aún son bajos y tienen espacio para remontar. Y si bien la temporada de balances fue excelente en Wall Street, en Europa fue mejor.

P.: ¿Y cuál es hoy el peligro? El dinero que elige la Bolsa como destino final hace tiempo que migra en esa dirección.

G.G.: Correcto. Todo el año ha sido así. Apostó, tomó el riesgo electoral, y le fue muy bien. ¿Hora de realizar ganancias? Cuando Wall Street corrija, corregirán todos. Pero la historia de fondo puede continuar.

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