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Diálogos de Wall Street
¿Qué esperar del cónclave de la Fed que culmina hoy? Con Gordon Gekko pasamos revista a la agenda: ¿suba de tasas?, ¿reducción de la hoja de balances?, y las repercusiones en danza.
P.: Quizás ello explique la brusca retracción de los bonos del Tesoro. La tasa larga pasó del 2,05% al 2,24%. ¿Empieza a sentir el rigor?
G. G.: Vuelve a los niveles adonde estaba antes del temor que generó la cercanía de la discusión sobre el techo de la deuda pública.
P.: Si los mercados se van a asustar por el cambio de política la tasa larga podría trepar aún más.
G. G.: Si se asustan, sí. Pero, ¿por qué van a espantarse? Hace mucho tiempo que conocen los planes de la Fed y jamás les provocó escozor.
P.: Una cosa es hablar de nadar y otra zambullirse en el río.
G. G.: Y otra muy distinta es sentir el agua a la altura de los tobillos. La Fed no va a mover las piezas de forma brusca. No va a vender los bonos, apenas si dejará una fracción mínima de vencimientos sin renovar.
P.: ¿De qué volumen estamos hablando?
G. G.: 10 mil millones de dólares por mes, inicialmente. 6 mil millones en instrumentos del Tesoro y 4 mil millones en obligaciones hipotecarias. Al cabo de un trimestre, la cifra mensual aumentará en otros 10 mil millones de dólares y así sucesivamente hasta alcanzar los 50 mil millones de dólares por mes.
P.: Teniendo en cuenta que la cartera total supera con holgura los 4,2 billones de dólares (o sea, millones de millones de dólares) la reducción de activos será una procesión muy larga.
G. G.: Es de presumir que sí. Aunque la Fed no dijo con qué tamaño de hoja de balance querrá quedarse al final del tour.
P: ¿No necesita regresar a la situación previa al colapso de Lehman cuando mantenía un portafolio en torno de los 900 mil millones de dólares?
G. G.: La Fed desea normalizar la política monetaria, pero entiende que hay una nueva normalidad que debe perseguir como objetivo que es muy distinta a la que regía en 2008. Quizás el banco central nos diga mañana (por hoy) qué tiene en mente sobre la materia.
P.: Se me ocurre que discutir el techo de la deuda pública con una Fed que estará desprendiéndose de sus tenencias de deuda pública, sí puede convertirse en un dolor de cabeza. El presidente Trump consiguió una tregua transitoria, pero expira el 15 de diciembre. No falta demasiado. ¿No será una trampa perfecta?
G. G.: Punto uno: la idea de Janet Yellen es muy gráfica. No hacer olas. La maniobra será tan excitante como "ver la pintura fresca secar". Son sus palabras, no las mías. Si se produce trauma será porque no se entendió la idea. Punto dos: si Trump y el Congreso no se ponen de acuerdo, la experiencia indica que los inversores huyen de los activos de riesgo y se refugian en los títulos del Tesoro. Ergo, tampoco hay ninguna trampa si la situación se complica.
P.: Es una paradoja que un conflicto que impide colocar más deuda pública (como para abonar los vencimientos vía renovación) promueva una huida de los inversores hacia la deuda pública. ¿Cómo se entiende?
G. G.: Nadie piensa en un default, en matar a la gallina de los huevos de oro. La mejor prueba la vimos en 2011 cuando la deuda pública obró como refugio pese a que, en simultáneo, a medida que la disputa se tornaba más encarnizada, Standard & Poors optó por quitarle la calificación AAA a los bonos del Tesoro.


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