4 de mayo 2018 - 23:53

Diálogos de Wall Street

El nuevo chairman, Jay Powell, le devolvió suspenso a la tarea de la Fed, y aquí analizamos la última reunión en detalle con nuestro experto en Wall Street.

Diálogos de Wall Street
Periodista: Digamos que con Jay Powell al comando, lo que diga la Fed recuperó protagonismo. Gran expectativa por una reunión en la que todos sabían que nada importante se iba a decidir. Y sin embargo querían conocer el comunicado. Powell es abogado y hoy, es el abogado del diablo.

Gordon Gekko: Le toca bailar con la más fea en muchísimo tiempo. Las Trumponomics son un carnaval a contramano de la prudencia que requiere la normalización de la política monetaria.

P.: Es una Fed con los botines de punta. No le tiembla el pulso aunque la suba de tasas haya quedado para junio.

G.G.: Powell heredó la baja de impuestos y el viraje de la política fiscal hacia una postura netamente expansiva; entonces es mejor así, que le salga al cruce desde temprano, dispuesto a darle respuesta a cualquier exceso.

P.: La inflación llegó a la meta de 2%, medida como le gusta a la Fed. Por primera vez en 6 años. ¿Hay margen para tolerar otro ascenso y no quedar en offside?

G.G.: El BC persigue una meta simétrica del 2% anual y no un "techo" de inflación. Estuvimos años abajo, habrá flexibilidad si transitoriamente toca viajar por arriba.

P.: Si se usa la inflación de los precios minoristas ya nos pasamos de largo del umbral del 2%.

G.G.: La variación interanual en marzo, sí. El cambio mes a mes, corregido por estacionalidad, arrojó una caída de 0,1%. Y en la medida favorita del banco central los precios no cambiaron. La Fed promete dos o hasta tres subas de tasas más en lo que resta de 2018 pero la inflación corriente, los números que vemos, no son el problema. Permiten ir paso a paso.

P.: ¿Y cuál es el drama que la atormenta? Porque la retórica de Powell es mucho más urgente que la de Janet Yellen.

G.G.: Después de manosear aranceles, restricciones y cuotas de importación, los aumentos de los precios de los insumos son visibles, y crecen con zancadas veloces. La Fed aprieta para contener esa presión, muy alta en los materiales de uso industrial, y evitar su contagio. Las Trumponomics son dos shocks en uno (y eran tres).

P.: ¿Cuáles?

G.G.: Vamos a un déficit fiscal de un billón de dólares el próximo ejercicio fiscal (50% más que el último cierre) con el peligro, en pleno empleo, de provocar una tradicional inflación de demanda. En paralelo hay una inflación de costos en gestación, con subas verticales de los precios del acero, el aluminio, sus sustitutos cercanos y otros commodities, que cobró vida propia a partir de las políticas del secretario de Comercio, Ross. Sin contar el crudo. La situación se complicaría sobremanera si se la dejase avanzar.

P.: También teníamos un dólar en retroceso que daba rienda suelta al rally de los commodities.

G.G.: Ahora el dólar pisa fuerte. La prédica agresiva de la Fed, y la desaceleración europea, le sirvieron de impulso.

P.: ¿Por cuánto tiempo? En enero, el propio secretario del Tesoro Mnuchin bendecía las bondades de un dólar débil. ¿No volverá para quejarse?

G.G.: Está claro que la Fed no puede confiarse, y por eso aprieta. La suba del dólar aprieta más aún. Si se mira la curva de rendimientos la dosis podría ser excesiva. Pero Powell no aflojará hasta gatillar la suba de tasas de junio. Después se verá. Hay una docena de materias primas en alza con precios contado muy por encima de su futuro.

G.G.: La curva de futuros invertida es señal de escasez de inventarios y de un estrangulamiento muy de corto plazo.

P.: El proteccionismo gatilla subas de precios internos de los insumos, atesoramiento y una demanda que crece tratando de anticiparse a la par que frena decisiones de inversión de largo plazo. El informe ISM ya revela problemas puntuales de suministro. Es un germen estanflacionario y hoy por hoy encapsularlo es el foco de la atención de la Fed.

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