La soprano alemana se presentó por primera vez en nuestro país y superó ampliamente las expectativas.
Cada debut local de una superestrella de la ópera tiene el sabor de la expectativa: más precisamente, de la que espera saber cómo funcionará su voz en el Teatro Colón. En el caso de Diana Damrau, quien se presentó por primera vez en la Argentina el jueves pasado, la expectativa resultó ampliamente satisfecha, o incluso superada, por la realidad.
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La soprano alemana llegó acompañada por Nicolas Testé, un bajo-barítono francés de meritoria carrera que además es su marido. Y el ensamble encargado de acompañarla fue la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, en un concierto incluido en el abono anual de la sala, a las órdenes de una batuta experta, la de Mario Perusso. Pese a que la ópera no es su pan de cada día, la Filarmónica se mostró disciplinada (en especial la cuerda, con Haydée Seibert como concertino) y a la altura de un compromiso de esta categoría.
Luego de una obertura de "La gazza ladra" plena de detalles y de energía, Damrau entró saludada por un aplauso estruendoso, antes de atacar el aria de Rosina del "Barbiere di Siviglia". Su voz, que parece reunir todas las virtudes (caudal, "squillo", agilidad, flexibilidad y un largo "etcétera"), es una herramienta que le permite expresarse sin limitaciones, y desde esta primera intervención asombró su capacidad para entrar y salir de escenas, personajes y situaciones con una facilidad pasmosa, y a la vez entregar interpretaciones siempre comprometidas y convincentes. Damrau tiene también belleza, simpatía y espontaneidad, además de un dominio perfecto de la fonética italiana y la francesa, como demostró más adelante en las deliciosas "Nobles seigneurs" y "Ombrelégère" (de "Les huguenots" y "Dinorah", ambas de Giacomo Meyerbeer), y en la impresionante escena "Amour, ranimemoncourage", de "Roméo et Juliette"de Gounod, que interpretó de manera inolvidable. Otro tanto cabe para uno de sus grandes papeles, la Elvira de "I puritani" de Bellini ("O rendetemi la speme"... "Vien' diletto"), que vertió con tanto compromiso como virtuosismo.
Por su parte, Nicolas Testé mostró méritos suficientes para secundar a su esposa en este debut argentino. Su actuación fue creciendo, desde la inicial "Calunnia" rossiniana hasta su punto más alto, "Elle nem'aimepas", del "Don Carlos" de Verdi, no incluido originalmente en el programa. Testé sobresalió también por su soltura en la graciosa "Pif, paf!" (otro momento de "Huguenots"), el aria del Ducad'Arcos de "Salvator Rosa" de Antonio Carlos Gomes, y "Si, morir ella dé", de "La Gioconda" de Ponchielli. El menú se completó con las danzas de la "Noche de Walpurgis" de "Fausto", la bacanal de "Sansón y Dalila" y la obertura de "Candide", de Bernstein.
El cierre llegó con el dúo de Porgy y Bess de la ópera homónima de Gershwin, y dos bises individuales ("O miobabbino caro" y "Vecchiazimarra"), más otro dúo: "Somewhere", de "West SideStory". Entre ovaciones de una sala casi colmada concluyó un concierto que se destacó no sólo por la excelencia de sus intérpretes sino por un repertorio coherente, con algunas joyas musicales hoy por hoy un poco olvidadas.
Diana Damrau (soprano) y Nicolas Testé (bajo-barítono). Obras de G. Rossini, G. Meyerbeer, Ch. Gounod, C. Saint-Saëns, A. C. Gomes, V. Bellini, A. Ponchielli y L. Bernstein. Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Dirección: M. Perusso (Teatro Colón, jueves 27 de abril).
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