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Dicen en el campo...
... que otro rubro sensiblemente afectado, no ya sólo por los recortes energéticos, sino por las restricciones oficiales, es el de los frigoríficos, lo que desembocó en una medida de fuerza que «sitió» el Mercado de Liniers el lunes, impidiéndole operar. El reclamo era por la falta de pago de las «garantías horarias», eufemismo del seguro de desempleo que están recibiendo cada vez más obreros del gremio de la carne por las limitaciones a exportar de muchas plantas. La caída, que incluye las casi 10.000 toneladas de Cuota Hilton que quedaron sin enviar a Europa en el período que acaba de finalizar (30 de junio), y que ahora ronda los u$s 12.500 por tonelada, aunque llegó a estar a alrededor de u$s 15.000 la tonelada, está significando el cierre de varios frigoríficos, mientras que otros tantos que quedan en pie están acumulando pérdidas millonarias y no se sabe hasta cuándo van a resistir. Mientras, con la frase «hay que desojizar la relación», lanzada por Cristina de Kirchner en Pekín, quedó claro que el largo conflicto por las exportaciones del estratégico aceite de soja a ese país (la Argentina es el primer productor mundial), aún está muy lejos de resolverse.
... que, sin duda, a medida que va trascendiendo la decisión oficial de profundizar «la sustitución de importaciones para los próximos 20 años», tal lo anunciado por los funcionarios del Gobierno a la cúpula de la UIA fue, por lejos, lo más grave y comentado de los últimos días, y no sólo por los sucesivos fracasos que implicó durante los casi 70 años desde que irrumpió tras la Segunda Guerra Mundial (aunque su pico de popularidad fue durante los gobiernos de Juan Domingo Perón en los 50). El caso es que, se descarta, primero el país y luego el sector agroindustrial serán los más castigados si la Argentina, efectivamente, adopta este esquema. El «leading case» fue el aceite de soja. Se restringieron las importaciones de zapatos, juguetes y textiles chinos, y Pekín, inmediatamente, suspendió las voluminosas compras de aceite argentino. ¿Se calcula que podría pasar algo distinto si, unilateralmente, se dejan de importar otros rubros? La gravedad, además, se centra en que sólo las exportaciones de alimentos (primarios y MOA) representan más del 50% del total de ventas anuales al exterior, y son las más competitivas ya que se insertan internacionalmente aun con los subsidios y las restricciones europeas, japonesas y norteamericanas. ¿Alguien habrá calculado, además, qué puede pasar con las cuentas fiscales sin retenciones (pues si el mundo castiga las ventas argentinas, se dejarían de percibir)? Parece que nada de esto se conversó en el reducido grupo congregado en la UIA: el titular; Héctor Méndez, Ignacio de Mendiguren; Nicholson, de la Industria Azucarera; y Funes de Rioja, de la devaluada COPAL; ante el titular de Economía, Amado Boudou; su par de Industria, Débora Giorgi; y el todopoderoso secretario de Comercio, Guillermo Moreno, a quien Boudou tuvo que pasar a buscar (y ambos llegaron tarde). La reunión la pidió el Gobierno. Fue en la sede de la central industrial, en la española Avenida de Mayo. Duró un par de horas y, además del anuncio de adopción de la sustitución de importaciones por «los próximos 20 años», los funcionarios les pidieron a los hombres de empresa «más inversiones». El desconcierto de algunos observadores, a esa altura, era mayúsculo. «El modelo K comenzó con dólar alto y más exportaciones. Y ahora es exactamente al revés», señalaba mientras otro se preguntaba si, realmente, la idea será «sustituir importaciones», o es una forma de disimular la pérdida de competitividad que está registrando el país.
... que los productores siguen aumentando su malhumor, en parte, por los pagos pendientes de compensaciones que se siguen demorando, tanto para los trigueros (de hecho, el federado Alfredo de Angeli hizo un reclamo en Entre Ríos días atrás), como a los ganaderos engordadores (feed lots) y más especialmente a los criadores. Pero también, por las subas que se registran en combustibles en varias localidades, por las restricciones al gas que afecta a las granjas avícolas y, para algunos con salida agroindustrial, el asunto se agrava porque también hay demoras en la devolución del IVA.


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