16 de diciembre 2011 - 00:00

Dilema 2012: cómo el Gobierno navegará en aguas turbulentas

Una postal de la crisis europea. Los presidentes de los países miembros de la eurozona miran todos para diferentes lados como si ni siquiera pudieran ponerse de acuerdo en ello. Fue en Bruselas hace dos meses.
Una postal de la crisis europea. Los presidentes de los países miembros de la eurozona miran todos para diferentes lados como si ni siquiera pudieran ponerse de acuerdo en ello. Fue en Bruselas hace dos meses.
En pocas oportunidades se presentan panoramas tan inciertos para la economía argentina como para 2012. En los ocho años de la gestión kirchnerista, nunca hubo tantos escenarios posibles y diferentes para el año siguiente. Al Gobierno quizás le haga falta recurrir a un economista manco, como en su momento exigieron los presidentes norteamericanos Theodore Roosvelt y Ronald Reagan. Consultado este último en una conferencia de prensa sobre la formación de su equipo de asesores en materia económica, respondió que deseaba hallar a «un economista manco». Ante los azorados cronistas en la Casa Blanca, aclaró que «estaba cansado de escuchar a economistas que, tras ser consultados sobre las perspectivas de la economía, respondían, utilizando sus dos manos: por un lado puede pasar esto, pero por el otro puede pasar aquello».

La economía doméstica está claramente en función de lo que sucede en el mundo y, puntualmente, con la eterna crisis europea. Los papeles argentinos tienen una correlación del 70% con cuanto ocurre en Wall Street. Los blindajes son sólo para el surrealismo político. Se multiplican los anuncios de ajuste de los países miembros de la eurozona, pero luego, a las 24 horas se desploman los mercados. Lo más relevante de los últimos días pasó por el anuncio del Banco Central Europeo de otorgar préstamos a los bancos a tres años. Sería algo así como «euros para todos» en el sistema financiero europeo. Casi gratis, obviamente. Con esta medida se esfuma la posibilidad de que haya una corrida contra los depósitos en los bancos europeos. Este escenario bien podría descartarlo «un economista manco», dado que tiene una probabilidad de ocurrencia casi nula.

A MEDIO CAMINO

Pero nada hay aún sobre medidas para dar sostén a los títulos de deuda de los países europeos. Las anunciadas en Bruselas el 9 de diciembre no alejaron definitivamente el evento de que haya un país que ingrese en default. No hay señal de que el Banco Central Europeo salga a comprar masivamente papeles de los países bajo ataque. Alemania no quiere dinero gratis para los que no cumplieron. Pero en realidad, semana tras semana, el BCE compra gradualmente papeles. Así se queda a mitad de camino. Podría anunciar que le pone piso a la caída de los papeles de los países como Italia e inmediatamente se frenarían las ventas. Hasta podría no tener necesidad de intervenir ante la amenaza -creíble- de su intervención. Italia podría rendir un 5% en este escenario en lugar del 7% anual actual.

Si existiera ese economista manco que idealizaban Roosvelt y Reagan, lo más probable es que señale que Europa en 2012 va a tener los mismos idas y vueltas que estamos viendo desde marzo de 2010, cuando estalló la crisis griega. Y con un Estados Unidos en zona de recuperación. No será la primera vez que ocurre este divorcio entre las economías más poderosas del planeta: ya en 1993 se dio el caso de que EE.UU. crecía con una Europa en caída por falta de credibilidad que entonces había sobre la moneda única. Todo vuelve.

CUESTIÓN DOMÉSTICA

Por si fuera poco, un economista en la Argentina necesitaría, para explicar lo que puede suceder en 2012, múltiples manos por los escenarios a la vista. Un pulpo. Pero aun así, los primeros pasos adoptados por Cristina de Kirchner tras las elecciones muestran que se ha captado el mensaje de que dólares (por balanza comercial) o pesos (por ahorro fiscal) no abundan. Hasta ahora se han anunciado recortes de subsidios por casi 6.000 millones de pesos. Fuentes del Palacio de Hacienda aseguraron a este diario que la meta oficial es ir hacia una reducción de subsidios de $ 15.000 millones, incluyendo a los ya anunciados en electricidad, gas y agua, los del transporte. Según estimaciones del economista Nadín Argañaraz, el déficit fiscal consolidado (incluyendo la Nación y las provincias) en 2012 será del 2,5% del PBI. No es alto teniendo en cuenta los porcentajes de los países desarrollados que ahora son el germen de la crisis en los mercados internacionales. Pero no deja de ser preocupante la tendencia dado que el país viene de un superávit del 4% del PBI. Esa velocidad no es sostenible y por ello la necesidad de «sintonía fina» como definió Cristina de Kirchner la etapa que se viene. También la Presidente se guarda el derecho a subir el mínimo no imponible de Ganancias, una medida que trae alivio a asalariados (y a la CGT), pero con un alto costo fiscal. En otras épocas de superabundancia de pesos, ya se hubiera levantado esa varilla a partir de la cual se paga más por Impuesto a las Ganancias. Y otro dato que refleja la delgada billetera oficial es que aún, al cierre de este anuario, no se anunció el pago de un plus adicional para jubilados que ya se hizo en años anteriores.

Ahora bien, las expectativas de un ordenamiento de la economía chocan con mensajes que se recibieron el 10 de diciembre. El desembarco de Axel Kicillof no es precisamente un sedante para inversores preocupados por el contexto 2012. Incluso si se miran sus trabajos académicos, se observa su predilección por tipos de cambio diferenciales o múltiples. Y el temor imperante en la plaza local es precisamente que si se agudizaran en el año próximo los faltantes de divisas, el Gobierno vaya por la imposición de nuevos controles a las operaciones de cambios. Venezuela es el ejemplo temido. En el país de Hugo Chávez se llega al extremo de obligar a las empresas que quieran girar utilidades al exterior a comprar títulos públicos en dólares. Es lo que hacen las compañías extranjeras en ese país, pero para inmediatamente vender esos títulos en el exterior y lograr los ansiados dólares. ¿Puede darse este escenario en la Argentina? A la luz de lo ya visto en anteriores corridas cambiarias, el kirchnerismo no es amante de los tipos de cambios diferenciales. Con ocho años de gestión, ya se puede establecer el patrón de conducta de quienes deciden la política económica, que, como ya quedó claro con Miceli, Peirano, Lousteau, Carlos Fernández y Boudou, ello no pasa enteramente por el Ministerio de Economía necesariamente.

MECANISMOS OFICIALES

Pero ese patrón de conducta está más orientado a los controles y «telefonazos». No es casual el ascenso de Guillermo Moreno, quien pasó a controlar todo el comercio en la Argentina. Incluso, si se entra en detalle, en el decreto de creación de la Secretaría de Comercio Exterior, en un artículo, se especifica que por esa repartición deberán pasar todas las «inversiones extranjeras».

No hace falta ser economista y tener una sola mano para anticipar que el año entrante, ante nuevas presiones en el tipo de cambio, precios, despidos en empresas, tasas de interés y otras variables sensibles, el Gobierno repetirá los mismos mecanismos aplicados con anterioridad. Hasta quizás se dé la paradoja de que el INDEC refleje un incremento mayor de la actividad económica para ocultar un parate y termine beneficiando a tenedores de los cupones del PBI en dólares y en pesos. Estos papeles pagan anualmente a inversores en función del crecimiento del PBI, a partir de una variación positiva del 3,2%. El año próximo se estima que el pago ascenderá a u$s 3.000 millones por el alto crecimiento de este año, en torno al 9%. Acertar en lo que pasará en 2012 con este papel es casi una lotería, pero tampoco el Gobierno regala dinero. Puede anticiparse que si el crecimiento real es del 2,5%, seguramente el INDEC no lo llevará al 3,5%, dado que entra en zona de pago del cupón del PBI. Pero si en 2012 la actividad muestra un alza del 0,5%, es muy probable que el número oficial sea del 2,5%, siendo «gratis» entonces el maquillaje oficial.

De todas maneras, la carta relevante pasa por la cosecha 2012. Las estimaciones privadas y oficiales contemplan que nuevamente se superarán los 100 millones de toneladas, con la soja llevándose más de la mitad de ese total. «La Argentina está blindada contra políticos», señala el CEO de uno de los grupos más importantes del sector. Hace referencia a que en condiciones normales de precios de los granos y de clima en la Argentina, los ingresos de dólares que aporta el agro compensan cualquier error de política económica en cualquier Gobierno.

Por si fuera poco, los adelantos tecnológicos en la agroindustria permiten incrementar significativamente las hectáreas sembradas en el país. Sólo la soja se lleva ya 18 millones de hectáreas. Ahora bien, el clima y las cotizaciones en Chicago de los granos son impredecibles. Es el mayor interrogante -especialmente para el Gobierno- mirando a 2012.

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