10 de agosto 2010 - 00:00

Dilema radical no es sólo entre Cobos y Alfonsín

Julio Cobos, Ernesto Sanz, Ricardo Alfonsín
Julio Cobos, Ernesto Sanz, Ricardo Alfonsín
Néstor y Cristina Kirchner, aunque complicados por definir la sucesión, no tendrán que sumirse en tribulaciones como las que pasa el resto de la oposición para elegir al candidato presidencial. En la comodidad de la Residencia de Olivos, quizás luego de una cena y cuando consideren que haya llegado el momento, entre ambos definirán la fórmula. Más cuando corren con un cronograma electoral a medida por ellos mismos fijado en la última reforma política. El resultado de esa decisión, de todas formas, será otro cantar.

El radicalismo está lejos de semejante confort político para el inicio de tan incierta carrera. Hoy el partido tiene en juego dos opciones que en muchos casos son incompatibles con los potenciales socios que rodean a la UCR. Pero a pesar de los problemas que acarrea esa situación con Elisa Carrió, Margarita Stolbizer o los socialistas, no es el mayor dolor de cabeza que rodea hoy a un partido que ya se siente cerca de poder jugar en el balotaje.

Los radicales pensaban hasta hace poco que Julio Cobos era su mejor opción. Inclusive quienes lo habían echado del partido por su sociedad con los Kirchner. La estrella del vicepresidente luego perdió algo de luz en las encuestas y comenzó el ascenso de un candidato impensado hace un año, como es Ricardo Alfonsín, consagrado con su triunfo en la interna bonaerense.

El aparato del partido se abrazó, entonces, al hijo del ex presidente, más cómodo y confiado que en Cobos y sus seguidores, que no terminan nunca de reconvertirse en radicales de ley. Con ese parámetro será difícil que Cobos gane una primaria en el radicalismo.

Uno y otro tienen públicos diferentes. Dicen en la UCR que todo empresario o economista que se reúne con Cobos sale con la convicción de que el vicepresidente guardará sus promesas si alguna vez llega a la Casa Rosada. Esa garantía de reglas claras es imprescindible en cualquier gobernante, de hecho es una de las principales diferencias de los Kirchner. De ahí parte de su seducción. Es una práctica que Cobos aprovechó de su cargo, inclusive con los contactos que mantiene con el exterior. Pero no alcanza para gobernar este país.

Alfonsín tiene el poder de quien está con la seducción en ascenso. El partido, los afiliados, muchos no radicales y la figura de su padre le juegan a favor. Y hasta Carrió, aunque ésta ya piense en su camino de salida de esa sociedad. Pero aún tiene flancos débiles en sus contactos con empresarios, inversores y con el exterior. Deberá apurarse en ese entrenamiento, porque el mundo de las finanzas ya comienza a mirarlo como un fenómeno más serio. El comentario aparece también en los informes que diplomáticos remiten al exterior.

Pero aunque la opción parece cerrada a esas dos posiciones, nada está jugado dentro de la UCR, menos para una dirigencia que ve los problemas de uno y el otro cada día con más preocupación.

En el medio hay un candidato de reserva nunca presentado como tal, pero tampoco retirado de escena. Aunque el mendocino Ernesto Sanz insista públicamente en que su rol será guiar al radicalismo como presidente y actuar de garante de una plataforma unificada a la que se sometan Alfonsín o Cobos (reconociendo, además, su sueño de gobernar Mendoza), sigue siendo el preferido oculto de banqueros, empresarios e inversores. Se lo hacen saber en toda mesa a la que es convocado.

Sanz llegó a mostrar algún hilo sutil de esa vocación presidencial en el momento más impensado. Su discurso en el cierre del debate por el matrimonio gay, el mejor según muchos senadores, tomó el vuelo suficiente como para desprenderse del provincialismo que debe abandonar todo pretendiente a la Casa Rosada. Lejos está, de todas formas, de sumarse a la dupla de candidatos, pero la carrera comenzó demasiado pronto.

Y ésa es, precisamente, una de las críticas que se escuchan con sordina hoy en la UCR. Que los precandidatos salgan a pelear las internas tan temprano favorece la estrategia de los Kirchner, que cuentan con la ventaja de la decisión en casa.

Inclusive a Sanz y a Gerardo Morales se les cuestiona el haber apurado el lanzamiento del grupo Morena en Córdoba este mes, horas después que Stolbizer apuró al partido por las candidaturas.

También molesta que Ricardo Alfonsín aparezca, en medio de su campaña, solucionando internas partidarias en las provincias. Meterse en el medio de la puja del radicalismo cordobés con un lanzamiento implícito de su carrera allí no parece la mejor opción. Menos cuando el anuncio formal ya está organizado en el Luna Park para el 30 de octubre.

Son algunos de los problemas que la UCR deberá solucionar y en los que la conducción no ha caído aún, embelesada por tener dos candidatos en carrera cuando hasta las elecciones de 2009 nada les garantizaba un lugar para jugar 2011.