30 de enero 2015 - 00:00

Dilema UE: sacrificar el peón para salvar el alfil

 Mientras la eurozona enfrenta el dilema de sacrificar el peón griego para salvar el alfil español, el flamante Gobierno heleno coquetea con la amenaza de unirse al bloque euroasiático. Tras las declaraciones del nuevo primer ministro griego, Alexis Tsipras, sobre la renegociación de la deuda, se intensificó la huida de los inversores y ahorristas del mercado heleno. Las principales víctimas fueron los bancos griegos que cayeron más del 25% en la Bolsa de Atenas y perdieron 12.000 milllones de euros de valor bursátil (el índice Athex Composite cayó un 15% desde que Syriza ganó las elecciones). La corrida bancaria de diciembre (más de 3.000 millones de euros) estuvo encabezada por el sector corporativo mientras que en enero (se fueron más de 8.000 millones) fue capitaneada por los ciudadanos griegos. El sistema financiero ya perdió cerca del 9% de los depósitos en los 45 días.

La experiencia electoral griega ya influye en las próximas elecciones españolas de ahí que desde Berlín y Bruselas se plantean el sacrificio de alguna ficha si en el tablero del euro no hay acuerdo con Atenas.

Ahora bien qué es lo que necesita Grecia para tener chances de sobrevida. El primer obstáculo es la revisión de la troika: la confrontación con el tridente FMI-BCE-CEE es posible que retrase aún más la reestructuración de los préstamos de la UE. En segundo término sería muy favorable contar con una línea de crédito preventiva ya que el rescate dura hasta febrero; por lo que a partir de marzo, Atenas necesitará respaldo para facilitar la emisión de deuda (vale señalar que también vence a fines de febrero la exención de las garantías que los bancos griegos publican en el BCE). En tercer lugar, les urge flexibilizar las condiciones de los rescates; esto podría consistir en prórrogas de los vencimientos de los préstamos de la UE y recortes de las tasas de interés. Éste es un gran foco de conflicto. En cuarto término, sería muy conveniente la inclusión de Grecia en el programa de compra de bonos soberanos lanzado por el BCE. Pero ocurre que casi el 34% de la deuda griega ya está en manos del BCE por lo que las compras dentro del plan QE anunciado no podrían concertarse en el corto plazo. Sin embargo, algunos analistas consideran que después del 20 de julio cuando vencen 3.500 millones de bonos en poder del BCE y de bancos centrales de países europeos, la tenencia de deuda helena se reduciría al 31% y podrían estudiar la inclusión en el QE del BCE.

Éste es más o menos el menú de las necesidades griegas. Enfrente está la eurozona. Los mercados debaten hasta dónde cederá el bloque comunitario liderado por la intransigente Alemania. Por el lado de la troika, se puede esperar una ampliación de los plazos de vencimiento de la deuda, pero con probabilidad casi cero que acepte una quita. Claro que si convalidan un mix de mayores plazos y baja de tasas, eso en sí, es como hacer una quita al final, que satisfaría a ambos.

En el caso extremo que el Gobierno de Tsipras extremice su posición, se descuenta que Alemania no tendría reparos en sacar tarjeta roja del euro. El tan temido escenario del Grexit que implicaría mandar a pérdidas los créditos a Atenas y para Grecia apostar a una recuperación en el mediano plazo tras la megadevaluación del dracma.

A pesar de todo el ruido han surgido sorpresivas recomendaciones sobre apostar a los activos griegos. Desde el premio Nobel de Economía Robert Shiller hasta el banco Morgan Stanley salieron a aconsejar comprar acciones griegas. Para Shiller, el precio de los papeles helenos está por debajo de todo lo que él ha visto en EE.UU. por lo que significa una oportunidad de inversión espectacular. Por su parte Morgan Stanley es optimista con las oportunidades que brindan las caídas de los bancos griegos que a las actuales cotizaciones, de apenas 0,3 a 0,4 vez su valor en libros, están muy por debajo de su estimación, cercana a la 0,9 vez su valor en libros. Esta valoración de MS implicaría un potencial de ganancia de casi 100% en las acciones de bancos como Eurobank, National Bank of Greece y Piraeus Bank. Este pronóstico descuenta que la ayuda europea seguirá llegando a Grecia.

Por lo pronto muchos siguen viendo a Tsipras como el caballo de Troya europeo que hará eclosionar al euro.

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