Los diarios de la semana pasada publicaron abundante material comparando la multitudinaria recepción de Francisco, que ayer reunió a unos 3 millones de fieles en la Playa de Copacabana, entre ellos Dilma, con el retroceso vertiginoso de la popularidad presidencial, luego de las manifestaciones iniciadas en junio.
"No hago comentarios sobre encuestas, ni cuando (la popularidad) sube ni cuando baja. No les presto atención, y sé que todo lo que sube luego baja y lo que baja, sube", dijo Rousseff en una entrevista publicada ayer en el diario Folha de Sao Paulo, al hablar se los sondeos que le dan cerca del 30% de aprobación, contra más del 50% de hace un mes.
Una caricatura muestra a Rousseff esperando el paso del aclamado Papa, con un cartel en el que le pide "popularidad", mientras en otra viñeta humorística, Rousseff propone a Francisco que sea su candidato a vicepresidente en las elecciones presidenciales de 2014.
Las protestas iniciadas en junio tuvieron, y tienen, como protagonistas a jóvenes enconados contra la corrupción, la violencia policial y algunos, contra todo lo que sea política.
"Las manifestaciones son algo muy importante, la democracia genera demandas de más democracia, demanda más inclusión social. Las manifestaciones piden acelerar las respuestas y ahora tenemos que responder aceleradamente a esas cuestiones", señaló Dilma en la entrevista publicada ayer.
Reafirmó la importancia de que haya participación política, retomando lo dicho semanas atrás, cuando hasta elogió los actos de los indignados.
En alguna medida, el Papa se alió al discurso presidencial cuando dijo el sábado que es necesario "rehabilitar a la política" y en otras intervenciones incitó a los jóvenes a manifestarse y salir a las calles para propagar el Evangelio e influir en la realidad.
Rousseff es una católica de baja intensidad, educada en una escuela confesional y perteneciente a una familia adinerada. Tomó la comunión en los años 50 y en los 60 se alistó en una organización guerrillera.
Su relación con el Vaticano fue distante bajo el pontificado de Benedicto XVI, al punto de que luego de la renuncia de éste, el Palacio del Planalto demoró varios días hasta divulgar una nota escrita en un tono casi indiferente.
Para dirigentes del Partido de los Trabajadores, de Rousseff y Luiz Inácio Lula da Silva, el papa emérito no fue neutral en las elecciones presidenciales de 2010 y habría apoyado, según esta opinión, al candidato José Serra del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), uno de los opositores más duros contra el Gobierno.
Fuentes del Palacio del Planalto ponderan que Francisco tiene un discurso sintonizado, aunque no idéntico, con algunas líneas maestras del Gobierno, y esa afinidad puede ser explotada en proyectos conjuntos en los próximos meses.
| Agencia ANSA |


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