9 de septiembre 2015 - 00:00

Dilma rompe el tabú: recorta planes sociales

 Brasilia - Los programas sociales sufrirán recortes en Brasil, anticiparon fuentes del Gobierno y empresarios, a pesar de la promesa formulada el lunes por la presidenta, Dilma Rousseff, de que "no habrá retrocesos" en la materia, característica de las administraciones del Partido de los Trabajadores desde 2003.

El ministro de Comunicaciones, Ricardo Berzoini, afirmó ayer que el Gobierno mantendrá vigentes sus principales programas sociales como el Bolsa Familia, pero admitió que, en cambio, serán "revisadas" las inversiones en las áreas de salud y educación.

Paralelamente, fuentes oficiales admitieron que aún no está concluido el organigrama de la tercera fase del plan de viviendas populares Mi Casa, Mi Vida que, de acuerdo con lo previsto, iba a ser lanzada esta semana por Rousseff.

La Presidenta se refirió a las políticas de promoción social en su discurso a la nación pronunciado el lunes, Día de la Independencia, cuando aseguró que "no vamos a retroceder" pese a que el ajuste impone una "travesía" de restricciones.

La semana pasada Rousseff entregó un conjunto habitacional en el estado nordestino de Paraíba, uno de los más pobres del país. Al hablar ante los beneficiados con ese proyecto, incluído en el programa Mi Casa, Mi Vida, señaló que "vamos a transpirar la camiseta para que podamos firmar los contratos de los tres millones" de nuevas casas de la próxima etapa.

Sin embargo, las crisis política y económica golpearon la capacidad de gestión de un Gobierno cuya popularidad cayó al 7%, mientras el estatal Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas confirmó hace dos semanas que el país está en recesión.

El Boletín Focus, elaborado por el Banco Central, reportó ayer que el Producto Bruto Interno tendrá una caída del 2,44% este año y del 0,50% en 2016.

Frente a esa desaceleración de la actividad económica provocada por una baja de la recaudación fiscal, el Gobierno parece obligado a reducir los recursos para Mi Casa, Mi Vida y otras iniciativas, como el financiamiento de becas para estudiantes pobres.

Tras una reunión de gabinete encabezada por Dilma, el ministro Berzoini reconoció que el Gobierno "está trabajando" para aumentar la recaudación y no descartó un aumento de los impuestos para que el presupuesto de 2016 alcance el superávit.

Por su parte, el ministro de Ciudades, Gilberto Kassab, comentó que "estos programas como Mi Casa, Mi Vida son de largo plazo y están garantizados. Lo que puede ocurrir -añadió- es que un proyecto se alargue un poco más en el tiempo de ejecución".

Por su parte, el titular de Planificación, Nelson Barbosa, sostuvo que "los contratos de la nueva fase (del plan de viviendas) serán a una velocidad algo más lenta", pues aún no están definidas todas las fuentes de financiamiento dentro el proyecto de Presupuesto del año próximo.

Uno de los dilemas del Gobierno es lograr el equilibrio de los gastos e ingresos en 2016, como demanda el ministro de Hacienda, Joaquim Levy, sin afectar sus iniciativas de promoción social, una característica clave de los Gobiernos del PT desde 2003, cuando asumió Luiz Inácio Lula da Silva.

La semana pasada, cuando arreciaron los rumores sobre la renuncia de Levy, Dilma recibió en Brasilia a Lula, quien le aconsejó mantener al ministro en el cargo, pero sin sacrificar todas las iniciativas dirigidas a la población de menores ingresos.

Si se mantiene en pie el proyecto de Presupuesto presentado por el Gobierno, habrá un déficit de 9.000 millones de dólares, cercano al 0,5% del PBI, lo cual le daría al Ejecutivo cierto margen para seguir con la mayoría de los gastos sociales.

Si prevalece la tesis de Levy, quien postula un superávit del 0,7% del PBI, los egresos sufrirán más recortes. Se da, por otra parte, por seguro una retracción en los recursos destinados precisamente a los planes sociales.

Agencia ANSA

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