22 de abril 2010 - 00:00

Dionne Warwick, lejos de la cima

Dionne Warwick ofreció un show típico de hotel internacional, muy lejos del fuego que tenía sobre la escena.
Dionne Warwick ofreció un show típico de hotel internacional, muy lejos del fuego que tenía sobre la escena.
No es un problema físico ni técnico. A sus setenta años, Dionne Warwick conserva una apariencia de buena salud física y vocal. Sin embargo, está muy lejos de aquella diva del soul que conoció las más altas cimas de la popularidad, que vendía millones de discos, que se «comía» los escenarios. Lo que sí parece haber perdido entonces es la potencia y el entusiasmo. Y su propuesta, su modo de mostrarse -en este caso, frente a un Gran Rex con muchísimas más butacas libres que ocupadas-, su planteo del espectáculo, es el de tantos artistas que, en su edad jubilatoria, prefieren dormirse en viejos laureles y ofrecer shows «tipo hotel internacional».

Su recital estuvo precedido por un set a cargo de su hijo David Lealand Elliot, que cumplió profesionalmente -acompañado por algunos de los músicos de su madre- pero no generó un entusiasmo especial, y seguramente, nadie hubiera sacado una entrada por él. Después llegó el momento de Dionne; elegante, solvente, con la comodidad que brindan tantos años de conciertos.

Detrás de ella, hubo una banda dirigida con toda sobriedad por la pianista Kathleen Rubbicco. El grupo cumplió pero sin brillar; incluso sorprendió la excesiva pulcritud y prolijidad de los dos percusionistas brasileños. El repertorio, claro, pasó por muchos de sus temas conocidos, algunos recibidos con un poquito más de entusiasmo por un público que también se mostró frío. Los clásicos «Ill never love this way again», «I say a little prayer for you», «Welcome back», «Heartbreakers» (de los Bee Gees), y los brasileños -aunque cantados en ingles- «Aquarela do Brasil», «Oh Bahia», «A felicidade», «Aguas de março» fueron parte de un show que nunca perdió la cordura.

Los dúos bien profesionales con su hijo David, su entrega controlada, su eficacia sin desbordes, la ausencia de sorpresa artística, caracterizaron un espectáculo que tuvo escasos interesados.

Actuación de Dionne Warwick (voz). Con Kathleen Rubbicco (piano, dirección musical), Ernest Clay Tibbs III (bajo), William Thompson Hunter (teclados), John Shrock (teclados), Renato Cunha Pereira (batería), Luis Matos de Oliveira (percusión) y David Lealand Elliot (canto). (Teatro Gran Rex, 20 de abril).

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