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Dionne Warwick, lejos de la cima
Dionne Warwick ofreció un show típico de hotel internacional, muy lejos del fuego que tenía sobre la escena.
Su recital estuvo precedido por un set a cargo de su hijo David Lealand Elliot, que cumplió profesionalmente -acompañado por algunos de los músicos de su madre- pero no generó un entusiasmo especial, y seguramente, nadie hubiera sacado una entrada por él. Después llegó el momento de Dionne; elegante, solvente, con la comodidad que brindan tantos años de conciertos.
Detrás de ella, hubo una banda dirigida con toda sobriedad por la pianista Kathleen Rubbicco. El grupo cumplió pero sin brillar; incluso sorprendió la excesiva pulcritud y prolijidad de los dos percusionistas brasileños. El repertorio, claro, pasó por muchos de sus temas conocidos, algunos recibidos con un poquito más de entusiasmo por un público que también se mostró frío. Los clásicos «Ill never love this way again», «I say a little prayer for you», «Welcome back», «Heartbreakers» (de los Bee Gees), y los brasileños -aunque cantados en ingles- «Aquarela do Brasil», «Oh Bahia», «A felicidade», «Aguas de março» fueron parte de un show que nunca perdió la cordura.
Los dúos bien profesionales con su hijo David, su entrega controlada, su eficacia sin desbordes, la ausencia de sorpresa artística, caracterizaron un espectáculo que tuvo escasos interesados.
Actuación de Dionne Warwick (voz). Con Kathleen Rubbicco (piano, dirección musical), Ernest Clay Tibbs III (bajo), William Thompson Hunter (teclados), John Shrock (teclados), Renato Cunha Pereira (batería), Luis Matos de Oliveira (percusión) y David Lealand Elliot (canto). (Teatro Gran Rex, 20 de abril).


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