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Díscolos tuvieron su “plan canje”
El martes había apagado la luz acosado por un fantasma: los números, luego de contactos con díscolos K, le pronosticaban un escenario de tanta justeza que cualquier contratiempo podría derivar en una dramática «remake», esta vez en Diputados, del fracaso de la 125.
Por eso, con las primeras luces de ayer, el patagónico puso en marcha el operativo para llegar al recinto siquiera con la promesa de superar, con cierta holgura, los 129 básicos e imprescindibles. Miró hacia el pasado, hacia ex socios de la Concertación K.
Y desde la Casa Rosada, a las conversaciones de las últimas semanas se les dio forma y solidez: los gobernadores Arturo Colombi de Corrientes, Eduardo Brizuela del Moral (Catamarca) y Fabiana Ríos (Tierra del Fuego) arrimaron el puñado necesario de manos.
Ese trío de caciques provinciales, de vínculo distante y accidentado con los Kirchner, le permitió al Gobierno compensar la ausencia de respaldo del PJ, resentido por fugas y disidencias. Todo un síntoma: dependió de dos
radicales y una arista. Desde Olivos, el ex presidente siguió las negociaciones que le encomendó al ministro del Interior, Florencio Randazzo, que el martes había avanzado en conversaciones con un club de concertadores que, aún críticos, se mantienen dentro del planeta K. Ayer, Randazzo se encargó del grupo más esquivo: dialogó con el correntino Colombi, negoció con el ministro de Economía catamarqueño y acordó, siempre on line con Kirchner, con los legisladores fueguinos encabezados por el senador Carlos Martínez.
De manual, necesitado, el Gobierno recurrió a un «plan canje» para lograr que ese puñado de gobernadores, portadores de un caudal de entre cuatro y siete votos, acompañe el proyecto oficial. Obras, renegociación de deuda y promesa de fondos extras entraron en el acuerdo.Hasta bajó sus expectativas: de pedir el «voto positivo» pasó a reclamar que, al menos, no manden a sus diputados más quejosos. Los gobernadores, entonces, gracias al paquete anticrisis se llevaron para sus provincias la promesa de una «Navidad feliz».
A media tarde, el listado que revisó el patagónico en Olivos le mostraba más de 130 nombres con tildes positivos. Recién entonces, Kirchner creyó desentenderse por un rato de lo que pasaba en el Congreso y se dedicó a charlar con dirigentes de la Democracia Cristiana. No bastó porque el número 129 de quórum lo terminó poniendo Eduardo Borocotó, hoy aliado desde el monobloque.
Para Kirchner, que ve cómo se desgaja su Frente para la Victoria (FpV) con la estampida de peronistas, piqueteros y «progres», es música dulce poder mostrar que un sector, aunque minoritario y simbólico, se arrime a formar parte del dispositivo oficial.
La DC de Carlos Traboulsi aparece en el mapa oficial para alimentar el supuesto de una nueva Concertación Plural que, según planean en Casa Rosada, se presentaría oficialmente en sociedad el miércoles próximo, con un acto en el Teatro Argentino de La Plata, que encabezarán Kirchner y su esposa. Viene de estar un rato junto a Julio Cobos; coquetea con el ubicuo Jorge Telerman.
Ese show oficiará de cierre de año luego de una secuencia de anuncios que comenzarán hoy con la «canasta navideña» y concluirán, el lunes, con los detalles del megaplán de obras públicas.


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