Discutían anoche contra reloj el futuro de Honduras

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Tegucigalpa - En medio de fuertes presiones internacionales en pos de un acuerdo, delegados del derrocado presidente de hondureño Manuel Zelaya y del gobernante de facto Roberto Micheletti trataban de llegar a un entendimiento al cierre de esta edición, cuando vencía el plazo dado del líder depuesto para resolver su retorno al poder.

En medio de un ambiente hermético y tenso, las partes definían si corresponde al Congreso o a la Corte Suprema decidir si habrá restitución, tras haber rechazado Micheletti el documento consensuado por los negociadores la víspera que dejaba, por iniciativa de Zelaya, esa potestad al Legislativo.

A pesar de que en la víspera el acuerdo se había dado prácticamente por hecho, anoche reinaba una gran incertidumbre. Ante eso, Estados Unidos y la Organización de Estados Americanos (OEA) incrementaban su presión diplomática.

«Éste es un momento de gran oportunidad», y las partes en conflicto «deben cerrar las negociaciones», dijo el portavoz adjunto del Departamento de Estado norteamericano, Robert Wood.

«Los animamos a arremangarse la camisa y a continuar sus esfuerzos. Están realizando avances, pero éste es un gran momento y tienen que aprovecharlo», subrayó.

El portavoz indicó una vez más que es la Organización de Estados Americanos (OEA) la que «dirige» los esfuerzos de la comunidad internacional, e indicó en este sentido que el papel de Washington no es otro que «tratar de animarlos a tomar las decisiones duras y cerrar el acuerdo» de una vez.

«Que los negociadores cierren el acuerdo para que podamos seguir adelante. El pueblo hondureño no se merece otra cosa», insistió Woods.

Mientras Luiz Inácio Lula da Silva usaba incluso la carta deportiva para instar a los hondureños a consolidar la unión nacional (la selección de fútbol de ese país se clasificó el miércoles para la Copa del Mundo del año próximo), la misión de la OEA que verifica el diálogo se declaraba aún esperanzada de cerrar con éxito las tratativas.

«Honduras va a seguir viviendo siempre, no se va a morir por esta crisis. Va a superarla. Es un país querido, va a volver a la comunidad internacional, van a encontrar un acuerdo», señaló John Biehl, quien encabeza la delegación interamericana.

En tanto, Zelaya declaraba desde su refugio en la embajada brasileña que «sigue la mesa de diálogo», pero advertía que «el clima es sumamente delicado y peligroso» y recordaba que el plazo dado a sus negociadores vencía a la medianoche local.

«Ratificamos el plazo que vence este jueves 15 de octubre a las 12 de la noche para que los golpistas devuelvan la Presidencia a su legítimo titular o, de lo contrario, a partir de mañana (por hoy) aplicaremos una estrategia de desconocimiento activo del proceso electoral», dijo la denominada «resistencia popular» en un comunicado.

«Están pidiendo que sea el Congreso el que determine si él puede regresar o no, pero éste es un asunto legal, definitivamente es la Corte Suprema de Justicia», precisó el miércoles Micheletti, la gran traba para el entendimiento y quien ayer encabezó un masivo homenaje a la selección de fútbol.

En el golpe de Estado del 28 de junio, la Corte ordenó el arresto de Zelaya al acusarlo de 18 delitos -corrupción, abuso de poder y otros-, y el Congreso, presidido por Micheletti, nombró al gobernante de facto.

Hasta ahora, Micheletti, apoyado por empresarios, militares y políticos, se ha negado a devolver la presidencia a Zelaya, pese a la presión de la comunidad internacional, que congeló créditos y aisló diplomáticamente a este país de 7,6 millones de habitantes, el tercero más pobre del continente.

Zelaya, un ganadero de 57 años que giró a la izquierda en su gobierno, exige ser reinstalado antes de las elecciones del 29 de noviembre para cumplir su mandato que concluye el 27 de enero.

La restitución es el único punto que faltaba por resolver de los ocho temas de fondo del Acuerdo de San José, plan del presidente costarricense y premio Nobel de la Paz, Oscar Arias, que sirve de base al diálogo, supervisado por la OEA.

Las partes ya acordaron ya un Gobierno de unidad, la renuncia de Zelaya a convocar una Asamblea Constituyente, la comisión verificadora del pacto, no adelantar las elecciones ni aplicar amnistías, traspasar el mando de los militares al tribunal electoral previo a los comicios y pedir el levantamiento de las sanciones internacionales.

Agencias AFP, Reuters, DPA y EFE

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