Disparatada versión de Caperucita para adultos

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«Caperucita» Texto y Dir.: J.Daulte. Int.: V.Bertuccelli, V.Llinás, A.Flechner, H.Díaz. Esc.: A.Leloutre. Ilum.: G. Córdova. Vest.: A.Robotti. (Multiteatro). 

El óptimo nivel de las actuaciones, las crecientes referencias a la fábula infantil más mentada de Occidente (tan oscura que ni Disney se atrevió a convertirla en largometraje) y un cuadro final jugado a puro delirio, son los méritos más destacables del nuevo espectáculo de Javier Daulte.

Luego de dirigir «Baraka», de la holandesa María Goos, el celebrado autor de «¿Estás ahí?» y «Nunca estuviste tan adorable» volvió a la calle Corrientes con otro producto que consigue llevar al límite las reglas de la ficción. Daulte es capaz de hacer creíbles las situaciones más inverosímiles mediante procedimientos teatrales que sorprenden gratamente por su frescura e ingenio.

Su nueva obra navega entre la comedia costumbrista, el thriller psicológico y la tragedia familiar en clave de disparate. De esto resulta un atractivo mix de violencia, tropiezos afectivos, humor negro, conductas extravagantes y situaciones fantásticas que no siempre encuentran el timing adecuado.

La intimidad de las tres protagonistas, Silvia, Cora y Eloísa (hija, madre y abuela, respectivamente) está expuesta con morosidad y en cada racconto de su vida en común se repasan diversos tópicos femeninos (la primera menstruación, el miedo a envejecer, la obsesión por resultar atractiva a los hombres, etcétera), desde una óptica que hoy resulta algo trillada.

Lo más interesante de esta nueva versión es que el despertar sexual de esta niña (a eso aludía el cuento original) encuentra su mayor obstáculo en la rivalidad que sostienen las dos mujeres de su vida que, además, son madres solteras.

Esta «Caperucita», a la que Valeria Bertuccelli dota de gran fragilidad y ternura, aún cuando se enoja, no tiene muchas posibilidades de crecer entre una abuela super poderosa (notable composición de Verónica Llinás) y una madre inmadura y pasada de rosca (Alejandra Flechner da vida a ese manojo de nervios con hondura y comicidad) que no sabe cómo ejercer su rol ante el desprecio y las duras críticas de su madre. Héctor Díaz, por su parte, está estupendo como el mentalista (primero cargoso, luego siniestro) que se enamora de Silvia hasta la locura.

Más allá de algunos diálogos poco sustanciales y escenas en paralelo a las que les falta dinamismo, la pieza de Daulte logra redondear, entre risas y sorpresas, una versión de «Caperucita» al alcance y satisfacción del público adulto.

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