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Doffo y una muestra ceremonial
«Río de fuego», una de las fotos de gran tamaño que integran la abarcadora muestra de Juan Doffo en Recoleta, junto con pinturas, instalaciones y 10 dibujos en tinta y lavandina nunca mostrados.
Desde entonces han pasado veinticinco años en los que hemos acompañado su quehacer y esa palabra, significativa, estuvo presente en cada una de sus presentaciones. No podía ser de otro modo si en primer lugar nos referimos a lo que Doffo representa como ser humano. Inquietud permanente por ahondar un pensamiento filosófico, generosidad para transmitir sus conocimientos, aliento hacia los artistas más jóvenes, un decir en el que siempre hay una referencia a sus vivencias y pasiones, la actitud sacral con la que encara su arte, un proceso lento que evitó popularidades tempranas.
Si bien Mechita es un paisaje que está dentro de su ser y a través del tiempo esta vastedad pampeana se ha convertido en el leit motiv de su quehacer, su obra es esencialmente metafórica, un recorrido por su vida, la pasión de la ilusión, la creación de los propios dioses, una utopía.
Pero Mechita existe, sus 300 habitantes lo acompañan en sus aventuras con el fuego, a veces, riesgosas, saben que es una ficción pero en el momento de la toma es una realidad construida y allí se produce un ritual que los envuelve.
Y decimos toma, porque además de pintar, Doffo aborda la fotografía en 1971, primero de manera documental y posteriormente como una disciplina con la que capta la luz diurna pampeana, enceguecedora, y la nocturna en la que el círculo de fuego y el cielo estrellado enfatizan el dramatismo de las sombras, una escenografía creada por el artista.
«El tiempo es otro río», poético título como el de todas sus muestras y obras que dan ciertas pistas al contemplador, se exhibe en la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta, contó con la curaduría de Elio Kapszuk e incluye obras de gran tamaño realizadas en distintos soportes.
En pintura, imposible referirse a todas. Destacamos «Río Infinito», una línea de fuego a lo largo del azul horizonte; lo cósmico de «El latido del fuego», ambas de 2007; «Orión y el laberinto de la pasión» (2009/10), donde juega con lo matérico; un acrílico sobre tela de 150x250cm que da título a la exposición, un juego de espejos en el que agua y fuego rodean a la omnipresente imagen del pueblo, y «La inmortal distancia», una conjunción de constelaciones y geometrías donde aparece una calle iluminada que podría asemejarse a una fotografía nocturna, tal el virtuosismo pictórico.
Domina la sala «Antigua conexión de crepúsculos», 300 x 700 cm. Sobre una Mechita casi barrida por las pinceladas caen fragmentos de cielos encendidos y de cielos estrellados. Una obra de gran espiritualidad.
Es hacia ella que nos lleva una instalación de pequeñas fotografías iluminadas con LED, la imagen de una mano que sostiene una vela que emerge de la oscuridad. Doffo señala que quizás es la eterna búsqueda de los seres humanos por encontrar alguna respuesta a los grandes interrogantes de la existencia.
Hay una serie de 10 dibujos, tinta y lavandina, nunca mostrados, fondo negro con algunos destellos luminosos, así como otras instalaciones de su tierra arrasada por el fuego, de fotografías y performances en homenaje a sus padres.
Filosofía, mística, naturaleza, lo cósmico, poesía, la realidad, la ilusión, son algunos de los componentes de esta excelente muestra de carácter ceremonial.
El miércoles 26 a las 19, este diario participará junto al artista de una charla titulada «Arte y Pensamiento».
Clausura el 30 de octubre.


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