Coinciden en estrenarse dos títulos documentales de diversas características pero similar interés cívico: "Marea humana", de Ai Weiwei, de enorme producción y terrible espectáculo, sobre las multitudes de personas amontonadas en campos de refugiados, o en busca de un refugio que se les niega, y "El puto inolvidable", de Lucas Santa Ana, de presupuesto reducido e imagen respetuosa, sobre Carlos Jáuregui.
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Financiado por empresas alemanas y norteamericanas, Weiwei, artista disidente chino, muestra 43 campos de refugiados diseminados a lo largo de 20 países, como Idomeni en Grecia, La Jungla de Calais, y otros menos conocidos, con impresionantes tomas aéreas, informaciones demoledoras, reclamos precisos. Todo un símbolo, la escena donde los sirios que huyen de la guerra se chocan con las alambradas húngaras. Pero toda una molestia, la excesiva presencia del artista frente a la cámara, poniéndose en protagonista.
A Lucas Santa Ana no lo vemos. Aparece en cambio una enorme cantidad de testimoniantes y de material de archivo, y la historia de una vida, que es también la historia de varios colectivos y de un cambio de mentalidad en el país. En una época en que había que ser muy hombre para confesar que uno era homosexual, Jáuregui encabezó la lucha por eso que hoy parece básico: el derecho a vivir en paz cualquiera sea la opción sexual de una persona. A lo que siguieron otros derechos, así como leyes y conceptos impensables hace apenas 20 años. Y luego, la lucha contra el sida, que habría de llevarse a su hermano, y a él mismo. El documental también descubre, sin decirlo, algo muy valioso: el sentido de amistad que él inspiraba.
P. S.
"Marea humana" ("Human Flow", EE.UU., 2017). Dir.: A. Weiwei.
"El puto inolvidable" (íd., Argentina, 2017). Dir.: L. Santa Ana.
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