24 de junio 2009 - 00:00

Duelo final: boletas, denuncias y recuentos

Francisco de Narváez encaró los últimos días de campaña entre denuncias de fraude y reparto de su boleta.
Francisco de Narváez encaró los últimos días de campaña entre denuncias de fraude y reparto de su boleta.
La noche del 28 puede ser demasiado larga. Durar, incluso, hasta el lunes. La razón es una sola: el recuento podría ser lento y trabajoso, y si la elección es lo ajustado que se prenuncia, el resultado final podría demorar en ser oficializado.

Con boletas truchas, colectoras, fiscales y denuncias cruzadas, se compone el cóctel explosivo del duelo final entre Néstor Kirchner y los dos formatos opositores más poderosos: Unión-PRO, de Francisco de Narváez; y el Acuerdo Cívico, de Margarita Stolbizer.

De Narváez enfocó el tramo último de su campaña en las denuncias sobre un hipotético fraude, a las que ayer se sumó Mauricio Macri. Apuntó, como elemento para sostener ese argumento, a la aparición en algunos puntos del conurbano de boletas de Unión-PRO que no son las oficializadas por la Justicia.

Lo curioso es que esas papeletas fueron impresas por dirigentes de su espacio. Además, como ya comprobaron los apoderados de Unión-PRO, las boletas que tengan diferencias con la «oficializada», pero donde quede expreso la voluntad de voto, serán validadas por la Justicia.

Hay un antecedente histórico. En 1991, en Avellaneda había dos boletas Baldomero «Cacho» Álvarez, una con el nombre -oficializada- y el otro con el apodo -no oficializada-. Los votos a esta última fueron impugnados por la UCR, pero la Corte Suprema, el 10 de diciembre de ese año, los validó, y Álvarez juró como intendente.

La existencia de más de una lista es uno de los frentes en los que los fiscales de Unión-PRO saldrán a competir. «Nos van a querer impugnar esas boletas, pero son válidas», se explicó ayer desde el PJ disidente. Ese punto, sin embargo, puede tener un factor crítico: demorar el resultado final.

De hecho, sobre todo desde el PJ, se advierte que el escrutinio podría ser más trabajoso que otros años. Lo anticipó ayer el apoderado del peronismo, Jorge Landau, y apuntó contra la existencia, excesiva, de «listas colectoras y listas espejo» a nivel distrital.

El peronismo, en este caso, mira a sus opositores: el Acuerdo Cívico y Unión-PRO han sido, en esta elección, los que mayor cantidad de boletas presentaron porque en algunos distritos hay hasta cinco listas locales de De Narváez o, en otros casos, cuatro que van colgadas de Stolbizer-Alfonsín.

La proliferación de listas hará engorroso el recuento de votos, lo que podría complicarse todavía más a partir de un proyectado alto corte de papeletas. Nadie se anima a prometer un horario posible para los resultados. Si hay muchos votos impugnados o recurridos, aun el lunes el conteo podría ser todavía impreciso.

El radicalismo, con experiencia en elecciones -generales e internas-, asume su vulnerabilidad en el conurbano donde, además, la intención de voto de la dupla Stolbizer-Alfonsín se derrumbó en la última semana. Apunta, por eso, al trabajo del interior provincial.

De Narváez, en tanto, se concentró en el conurbano, donde hace campaña repartiendo su boleta: machaca con la idea de que le «robarán» las papeletas del cuarto oscuro y, por eso, pide que cada uno lleve su propia boleta a la hora de votar. El temor lo reveló también Macri ayer, cuando confió que el PRO no tiene todavía suficientes fiscales para las mesas de la provincia. Prevenciones de una riña incierta.

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