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Duelo en Wall Street: petróleo vs. balances
José Siaba Serrate
Desde el momento mismo en que el mundo árabe entró en erupción, el petróleo es el enemigo público número uno del rally de las Bolsas. Y ese enemigo, la semana pasada, se armó hasta los dientes. ¿Qué lo enervó? No conviene enredarse, desde ya, en un sinfín de razones justificadas o no (si el cierre del gobierno de los EE.UU. fue un motivo para encarecer la energía, ya se evitó). Más bien importa preguntarse, ¿qué fue lo que impulsó la suba del crudo y también del oro, la plata y una infinidad de materias primas? La explicación está en boca de todos: la debilidad del dólar. Y los enfoques antagónicos de la Fed y del Banco Central Europeo (BCE) anidan en su raíz. Es que el arbitraje de tasas de interés es el propulsor del euro. En su momento, cuando la Fed lanzó el QE2 se la acusó de querer sacar ventaja de la depreciación de su moneda. La semana pasada, la Fed no tuvo nada que ver. Fue el BCE el que provocó la zozobra. Como sea, el barril de crudo WTI se encaramó cinco dólares entre jueves y viernes y cerró en 113. ¿La suba de tasas europeas alienta su recuperación? Que el dólar se debilite, vaya y pase. Que en el margen estimule la demanda de materias primas, se acepta. Pero el BCE reacciona contra los peligros de la energía y dos días después, a la hora de un balance tentativo, se encuentra con que el precio del crudo expresado en euros también sube. Que los mercados incorporasen la previsión de dos retoques adicionales no fue dique de contención. ¿Tiene sentido? ¿O hay alguien que exagera?
Riesgo latente
Importa saber que la oferta de petróleo no ha sufrido sobremanera, que logró reemplazar las mermas de la producción libia sin echar mano a los inventarios, que inclusive los rebeldes despacharon ya el primer embarque a su cargo. Sin dudas, el dato más benigno es que Arabia Saudita todavía se preserva del contagio revolucionario. Aún así, no cabe pensar que la incertidumbre se disipará. El riesgo latente de desabastecimiento justifica la permanencia de una prima considerable. Y si es lugar común decir que la recuperación mundial colapsará cuando el barril alcance los 140 o 150 dólares (el Brent rozó los 125), lo cierto es que la erosión ya comenzó. Para juzgar la temporada de balances, entonces, no bastará con mostrar un desempeño trimestral impecable. El mundo reciente de los 90 dólares por barril es un paraíso perdido. No porque el precio fuera modesto sino porque su motor era la pujanza de la demanda. La situación cambió de cuajo: hoy las limitaciones de la oferta (las previstas, más que las efectivas) fijan de prepo un mayor escalón de precios y le toca a la demanda racionarse.
Como la generación de ingresos en el G-7 es magra -la inflación está, en todo caso, en las expectativas- pagar los precios de la energía obligará a recortar otros renglones de gasto.
A la hora de revisar balances y proyecciones habrá que separar la paja del trigo: distinguir qué empresas pueden beneficiarse o, al menos, traspasar los mayores costos de producción a sus clientes, y cuáles verán caer sus márgenes y volumen de negocios. En ese sentido dos semanas atrás el índice Dow Jones del sector Transporte ofreció una clave valiosa. Liderando el empuje de las acciones logró instalar nuevos máximos absolutos. Doblemente sensible a los avatares críticos de la coyuntura -por la incidencia de los precios de la energía en sus costos de producción y por prestar servicios a todo el espectro de la actividad económica- tal desempeño denotaba una sólida muestra de confianza en la fortaleza de la recuperación cíclica. La semana que pasó, el alza renovada de la energía fue neutra para la Bolsa en general, pero astilló a su mascarón de proa. El Dow de Transporte sí acusó recibo y cayó el 3%. No soportará otra embestida similar sin hacerse añicos.
¿Podrá un puñado de balances, los que se difundirán esta semana, enderezar la situación y darle el ansiado talonazo al rally? Es pedir mucho. Se trata de una avanzada escueta aunque incluya firmas importantes: JP Morgan, Google, Bank of America. Salvo Alcoa, será imposible dilucidar a partir de esos nombres si se están abriendo grietas en la recuperación. Hará falta que el precio de petróleo conceda un salvoconducto temporario. O esperar a que las compañías cíclicas en las próximas dos semanas arrojen evidencia mejor fundada.


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