"Lo que se cerró en Ginebra no es un acuerdo histórico, sino un error histórico", declaró el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, al abrir el consejo de ministros semanal en Jerusalén, refiriéndose al acuerdo entre las grandes potencias e Irán por el que éste suspenderá parte de su programa nuclear a cambio de que se flexibilicen las sanciones económicas.
Netanyahu afirmó que "Israel no está atado por este acuerdo" e insistió en que "el régimen iraní se comprometió a destruir al Estado judío". "Tenemos el derecho y el deber de defendernos frente a toda amenaza y en nombre del Gobierno proclamo que Israel no permitirá que Irán se dote de capacidades militares nucleares", insistió.
El presidente estadounidense, Barack Obama, intentó tranquilizar los ánimos de Israel y se comunicó ayer telefónicamente con Netanyahu para proponerle el inicio de "consultas inmediatas sobre nuestros esfuerzos para negociar una solución global" sobre el programa iraní, dijo Josh Earnest, portavoz de la Casa Blanca.
Además, resaltó que Washington está "firme en los compromisos hacia Israel, que tiene óptimas razones para ser escéptico sobre las intenciones de Irán".
El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, subrayó que los términos del texto rubricado la madrugada de ayer en Ginebra pararon el desarrollo nuclear iraní por primera vez en una década. "Creemos firmemente que debido a que el programa está orientado a reducirse y está bloqueado en sus partes críticas, eso será mejor para Israel que si hubiesen continuado por el mismo camino y hubiesen logrado un arma nuclear", insistió.
En un comunicado publicado inmediatamente después que se alcanzó el acuerdo -obtenido tras tres rondas de negociaciones-, la oficina de Netanyahu había afirmado que el pacto era negativo porque "ofrece a Irán lo que quería: el levantamiento parcial de las sanciones y el mantenimiento de una parte esencial de su programa nuclear".
Polémica
El texto no menciona un eventual "derecho" del régimen iraní a enriquecer uranio, lo que fue interpretado por Teherán como la confirmación de que su programa era validado, pero la Casa Blanca afirmó que "no se reconoce el derecho al enriquecimiento" de ese combustible.
El pacto es, no obstante, el primer paso de un arduo camino que, como afirmó el propio Kerry, aún no ingresó en su etapa más difícil. Sólo su estricta aplicación permitirá la adopción de un acuerdo definitivo que cerrará una crisis de más de 35 años.
Así lo explicó el ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguéi Lavrov. "En estos seis meses, continuaremos con las negociaciones para llegar a acuerdos finales sobre los parámetros de las actividades nucleares pacíficas de Irán", explicó.
El acuerdo concede más tiempo a los esfuerzos de las potencias para evitar que Irán se dote de la capacidad para crear un arma nuclear, dijo Joel Rubin, del Ploughshares Fund, quien agregó que la aceptación por parte de Teherán de inspecciones en sus plantas de Natanz y Fordo "no tiene precedentes", como tampoco lo tiene la detención de los trabajos en su reactor de Arak.
Dos parecen las claves que explican por qué se desbloqueó el diálogo. La primera, la crítica situación que atraviesa la economía persa, asfixiada por unas sanciones que agudizaron los problemas estructurales que sufre su industria petrolera y que obstruyó su acceso al crédito internacional. EE.UU. estima en 7.000 millones de dólares los beneficios por el alivio de las sanciones.
La segunda clave está relacionada con el convencimiento de Teherán de que su controvertido programa nuclear es irreversible y no importa demasiado ponerle freno, una vez conseguido el objetivo esencial: el dominio completo del ciclo nuclear y la adquisición de la tecnología necesaria para el enriquecimiento. Expertos coinciden en que una vez lograda la competencia para enriquecer uranio al 20%, elevar este proceso al 90% -el porcentaje necesario para alimentar una bomba- es un paso sencillo y rápido.
No sólo Israel está inquieto con el pacto alcanzado. Arabia Saudita, Kuwait y Qatar mantuvieron sus reservas ayer e hicieron poco por esconder su escepticismo.
Mientras que Irak y Siria elogiaron el acuerdo, al igual que Palestina, que lo recibió con beneplácito pues coloca presión sobre el Gobierno israelí.
| Agencias AFP, EFE y Reuters |

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