Echenoz: “La realidad es triste; mejor burlarse de ella”

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Autor de “Enviada especial” y “Ravel”, en este diálogo defiende las burlas a la historia mediante la literatura.

"Ya no es tiempo de maestros; hay un hormigueo de búsquedas, con libros que son como ventanas, y cada tanto aparece un autor que con su obra nos abre una puerta, nos descubre significaciones", dice a este diario Jean Echenoz, sin sospechar que traza su retrato. Orfebre de la literatura francesa actual, estilista de una narrativa que vuelve cautivante una mirada inesperada sobre la realidad, novelista que invita a jugar al lector, el parisiense Echenoz, nacido en un pueblo cercano a la Costa Azul llamado Orange, o Ciudad de príncipes, fue la figura descollante del reciente Festival Literario FILBA. Dialogamos con él sobre sus libros recientes: "Ravel", "Correr", "Relámpagos", "14" y el thriller "Enviada especial" (todos publicados por Anagrama).

Periodista: "14" es una novela brevísima sobre una tragedia inmensa.

Jean Echenoz: Esa era la idea. La Primera Guerra Mundial, drama fundador del siglo veinte, provocador del desarrollo industrial y de una enorme masacre, impone una obra inmensa. En contraposición a eso de lo que no soy capaz, porque no soy historiador, quise describir el recorrido de cuatro personajes, sobre todo de uno que sigo hasta el final de esa catástrofe mundial. Nunca se me habría ocurrido escribir sobre esa guerra, pero encontré el diario que el tío abuelo de mi mujer había llevado desde su movilización en 1914 hasta 1919, después del armisticio. Me apasionó porque hablaba de cosas triviales y no de combates. Me dio ganas de saber más. Durante dos años leí obras históricas, testimonios, novelas del lado francés y alemán. Un día tuve ganas de usar algunas de las cosas que había encontrado, y escribí esa novela que busqué que estuviera del lado de la vida diaria. En aquel diario se hablaba del tiempo que hacía, de la pipa que él había perdido y encontrado tres días más tarde, y la fecha de esas notas corresponde a los peores combates o ejecuciones, y no se habla de eso, y eso fue lo que me interesó. Seguía su vida sin poner el horror de la guerra en primer plano pero se siente que está ahí atrás. Ese diario me hizo entrar en la intimidad de mi personaje. Transformé un desarrollo narrativo real en una construcción imaginaria.

P.: ¿Cuándo descubre que personas reales son la cantera de esa ficción que logra en "Ravel", "Correr" sobre el atleta Zátopek y "Relámpagos" sobre Nikola Tesla?

J.E.: Con Ravel llegué casi por accidente a ese proyecto, nunca me habría imaginado, tampoco, que iba a escribir ficción sobre Ravel, y menos aun sobre la Primera Guerra Mundial. Ravel se me impuso y fue una de las cosas más difíciles de hacer en relación al resto de mis novelas donde yo imaginaba, armaba la historia y era muy libre. Con Ravel no era libre, tenía que respetar su recorrido, pero me daba el derecho y cierto margen de libertad porque hay situaciones que no existieron pero son verosímiles. No hubo ninguna traición a Ravel sino mantener un margen de libertad. Luego de haber trabajado el complicado retrato de un compositor quise hacer otro de un campo totalmente distinto. Quería que fuera del deporte porque no sé nada del deporte, que fuera un personaje de leyenda, y en mi juventud Zátopek era mítico. Su historia es muy singular, violenta y atravesada por la política de forma terrible. Su figura no se puede desligar de los regímenes autoritarios bajo los que vivió, primero el nazismo, luego el comunismo donde corría para huir de la dictadura, pero para el sistema era un símbolo. Cuando escribí "Correr" pensé: ¿qué habría pensado si a los veinte años leía este libro? Había cosa en las que se creía, y en las que ya no se cree más. Se creía en cosas realmente absurdas. La historia nos transformó. En esa trilogía de libros lo que he hecho es apoderarme de alguien real y manejarlo como un personaje de ficción. Pero ya está bien, la repetición es el funeral del escritor.

P.: En su nueva novela vuelve a la ficción pura de sus primeras obras, es un thriller donde manda a una "Enviada especial" a seducir a un general de Corea del Norte para que se pase a Occidente. ¿Se ríe de lo que sucede en la realidad?

J.E.: Mejor así, ¿no? La realidad es demasiado triste, mejor burlarse de ella. Volví a lo que me gusta, la ficción novelesca. Voy por la calle, leo un graffiti, el titular en un diario, escucho dos frases, cosas de la realidad que a veces tiene una pertenecía novelesca que me hace pensar esto es para mí. Luego busco que el humor este latente. Tomo mi trabajo en serio, pero no me tomo a mí mismo en serio, sería una catástrofe. Por eso necesito tener distancia y no hacer psicología. Creo que aprendí cuando joven la gramática y la retórica del cine que me sirve para el relato visual, la concentración en el momento de narrar. Y acaso todo es un modo de decirle al lector: no te olvides que te estoy contando una historia y podemos jugar juntos con eso.

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