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Ecoturismo, una vuelta a las raíces
El yoga, el contacto con la naturaleza y la buena alimentación son las claves de una modalidad de turismo que apunta contra el estrés.
«Conexión» podría tomarse como una palabra clave para definir esta propuesta que crece y se concentra en las regiones de las Sierras de Córdoba, la zona patagónica en torno a San Carlos de Bariloche y la pampa bonaerense, aunque también tiene espacio en Cuyo, la Mesopotamia e, incluso, la Ciudad de Buenos Aires. El enlace se da, justamente, a través de la propuesta de tomar contacto con un nuevo estilo de vida, invocando un despegue de la ciudad, el estrés, las tensiones, los problemas cotidianos e, incluso, la mala alimentación.
El turismo ecológico funciona todo el año y en muchos casos es elegido con una meta terapéutica, pero durante el verano suele abrir sus puertas a una demanda más variada, de familias, jóvenes o parejas de vacaciones que se acercan en busca de nuevas experiencias. Los establecimientos pueden dividirse en tres grandes grupos: los spa o centros de salud, que en muchos casos ofrecen programas educativos, místico-religiosos o terapias; los agroturísticos; y las reservas naturales. En todos los casos se da una puja de identidad, ya que definir «ecoturismo» no es sencillo y, hay que decirlo, no todas las propuestas cumplen con requisitos de sustentabilidad y cuidado del medioambiente.
«Estamos sobre 5 hectáreas ecológicas, libres de pesticidas, con iones negativos y buenos para la salud, a 900 metros sobre el nivel del mar», explica Myrta Yacnam, chilena que estuvo 7 años hasta encontrar el predio en el Valle de Traslasierra, Córdoba, donde ubicó Atalaya de los Arcángeles. Este caso permite comprender la idea general que tiene este tipo de centros: allí las paredes poseen polvo de cuarzo para evitar la toxicidad de las pinturas, se utiliza el cobre para frenar la radioactividad y los alimentos son orgánicos. La base es la yoga terapia, pero además se dictan talleres y clases de autoconocimiento, visualizaciones tántricas, reiki, tai chi, shiatsu, relajación, meditación, musicoterapia, reflexología, chi kung, terapias florales, cosmetología natural y masajes terapéuticos.
Experiencias similares se ofrecen en Las Dalias, también en el Valle de Traslasierra, una posada, spa y centro de terapias naturales ecológico. Allí se pueden tomar dietas desintoxicantes, con alimentación natural/orgánica.
CasaCalma es otro ejemplo, con la particularidad de ubicarse dentro de la Ciudad de Buenos Aires, a pocos pasos de la calle Florida. Se presenta como un «wellness hotel», es decir, un hotel de bienestar, con jardines verticales, ventanales doble vidrio, lámparas de bajo consumo, materiales de decoración ecológicos, confort 100% orgánico y programas de reciclaje.
En este mismo grupo también puede mencionarse a Las Lavandas en Pilar, un «albergue y centro de desarrollo personal», y a Eco Yoga Park, en General Rodríguez.
En lo que se denomina en forma general como agroturismo hay decenas de opciones, en las que se destacan los casos de estancias o granjas que permiten hospedarse y participar de las actividades productivas que, en general, responden al sistema de producción orgánica. Huellas de la Naturaleza (Carlos Keen, Buenos Aires), Madreverde (Traslasierra, Córdoba), Estancia Don Joaquín (Esquina, Corrientes) y Chacra Santa Teresita (Lago Puelo, Chubut) son algunos de los sitios más atractivos.
Finalmente, están las reservas ecológicas. Yacutinga, en plena selva misionera, es un emprendimiento innovador. Es un Lodge con refugio propio de vida silvestre, sobre el río Iguazú, a 80 kilómetros de la Cataratas. Las actividades incluyen salidas por tierra y agua, con avistaje de aves, insectos y orquídeas. Brinda servicio all inclusive y la asistencia constante de guías y biólogos.

