«Fue un discurso fuertemente parcializado, contrario a Israel y que bien podría señalar el comienzo de una renuncia de Estados Unidos a su alianza estratégica con Israel». Esa fue la conclusión de Morton A. Klein, presidente de la Zionist Organization of America, tras escuchar el mensaje que el presidente estadounidense Barack Obama dirigió al mundo desde El Cairo, el pasado 4 de junio.
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El discurso, aplaudido en los países musulmanes y en Europa, despertó inquietud en Israel. ¿Está en peligro la alianza estratégica con Washington?
Olivier Roy, especialista en islam y profesor del Instituto de Estudios Políticos de París, afirma que el presidente estadounidense «ha elegido marcar una ruptura con la política de Bush, pero no tanto respecto de la cuestión 'árabe' como de la cuestión 'israelí'». Roy sostiene que Obama puso claramente fin al apoyo «incondicional» a Israel que fue la marca de la administración anterior.
En el discurso que inquietó al Gobierno israelí, Obama, además de tender la mano al mundo musulmán, afirmó la necesidad de crear un Estado palestino que coexista con Israel como única solución al conflicto y volvió a reclamar el fin de los asentamientos judíos en Cisjordania. Este último e insistente pedido fue quizá lo que más molestó a los funcionarios israelíes, que consideran mucho más grave la amenaza nuclear iraní o los ataques de Hamás.
Consultado por Ámbito Financiero, Ramiro Anzit Guerrero, miembro del Centro Argentino de Estudios Internacionales y director de la Especialización en Medio Oriente en la Universidad de La Matanza, afirma que «la cuestión de fondo es la falta de respuesta o la poca capacidad de Estados Unidos para frenar el plan nuclear iraní; Washington está fracasando tanto en la negociación como en la presión, y aunque militarmente podría frenar a Irán está en crisis económica y empantanado en Irak y Afganistán».
Anzit Guerrero, que considera que «Israel ya advirtió que hay un punto de no retorno en la carrera nuclear iraní», arriesga una hipótesis fuerte: «Es probable que Israel ataque a Irán unilateralmente y sin avisar y le deje a Estados Unidos encargarse luego de resolver el tema en el plano diplomático».
¿Y cuál sería en ese caso la reacción de los demás actores?
Anzit Guerrero sostiene que un Irán dotado del arma nuclear «es una amenaza, en primer lugar, para los demás países árabes islámicos, que nunca pudieron articular un sistema común de defensa y por lo tanto no tienen capacidad de reacción ante una eventual agresión externa; Irán es amenaza en segundo lugar para Israel, tercero para Europa y, finalmente, para Estados Unidos». Por lo tanto, en caso de un ataque unilateral, «lo más probable es que otros países árabes sostengan a Israel porque es el único país del mundo que tiene un escudo antimisiles, lo que también explica por qué la Liga Árabe propuso reconocer el Estado de Israel».
¿Puede haber, en el caso iraní, como en el coreano, un apoyo o aliento tácito de China? «El 60% del gas que consume China viene de Irán, que también es el principal proveedor de petróleo a la potencia asiática», responde Anzit Guerrero. Y agrega: «A Corea del Norte Estados Unidos no la pudo parar. Entonces Irán tomó el mismo modelo».
Según expertos de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), Irán ya está en condiciones de fabricar el uranio altamente enriquecido necesario para una bomba atómica.
«En este momento, el tema del Estado palestino no es lo prioritario, aunque sea lo permanente, sino el Irán nuclear», insiste Anzit Guerrero. «Y el problema para Israel no es tanto el nuevo enfoque de Obama, sino la permanente indecisión de Estados Unidos con respecto a Irán. En Israel existe el gran temor de que una de las razones de esta indecisión sea que Washington esté dejando la puerta abierta para que Irán se convierta el día de mañana en su principal aliado. No olvidemos que Estados Unidos ayudó a neutralizar a algunos de los principales enemigos de Teherán: Irak, Afganistán». Y señala una paradoja: «La amenaza iraní puede ser el principal factor de la resolución del conflicto israelí-palestino», pues el Estado judío «puede aprovechar este contexto para acercarse a los países árabes que comparten el temor a las capacidades nucleares de Irán».
Como vemos, podríamos asistir a un impresionante realineamiento.
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