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EE.UU. lanzó un escarmiento tan simbólico como ineficaz en Siria
El régimen de Damasco sigue avanzando en el campo de batalla contra los rebeldes, Rusia afianza su presencia en Medio Oriente e Irán establece bases a un paso de Israel.
CLIMA. Simpatizantes de un grupo chiita radical de Irak quemaron banderas de Estados Unidos en Bagdad en repudio al ataque aéreo contra Siria.
Por el contrario, apoyado por Rusia e Irán, reconquistó terreno en estos últimos meses erigiéndose además, de un modo surrealista, en vencedor de la lucha contra el terrorismo. Y usó nuevamente gases tóxicos. Sin duda Washington y París deberían mostrar las pruebas irrefutables sobre el uso de arma químicas que dicen tener: evitarían nuevas polémicas y referencias a las evidencias de Colin Powell ante la ONU sobre las armas químicas iraquíes, nunca halladas en Irak.
Una regla básica de la geopolítica indica que los vacíos diplomáticos se llenan rápidamente y eso es lo que está ocurriendo en Siria.
Rusia reconquistó su papel político y militar, Al Asad tuvo tiempo de recuperarse tras haber estado a un paso de la derrota e Irán alcanzó los objetivos que buscaba desde hace décadas, haciéndose de instalaciones militares a un soplo de la frontera israelí.
Mientras tanto, Donald Trump siguió hablando de la partida estadounidense y dijo querer devolver a su casa a los aproximadamente 2.000 militares de Washington que apoyaron a las milicias kurdas en Siria.
Trump no es George W. Bush y no quiere "exportar la democracia". Es un exponente de la derecha aislacionista y considera que Estados Unidos no puede y no debe resolver los problemas del mundo.
Además, mientras bombardea en Siria sigue pensando en una cumbre con Vladímir Putin. Por otra parte, el lanzamiento de misiles fue cuidadosamente anticipado a los rusos para evitar cualquier tipo de incidentes.
La Unión Europea está todavía más atrás, incapaz de construir una verdadera política exterior común y una identidad de defensa real. Los grandes países europeos, como Gran Bretaña y Francia, avanzan por cuenta propia, con sus políticas nacionales y sus ejércitos.
Y, sin embargo, Europa debería estar interesada en un área del mundo que les devuelve a los "foreign fighters" radicalizados y produce millones de personas desesperadas en busca de un nuevo lugar donde rehacer sus vidas.
Ocuparse de todo esto significa tener una política definida, hecha de presencia y de visión, de diálogo y presiones diplomáticas, de fuerza militar y diplomacia.
Todo, con objetivos claros y compartidos. Pero no parece, lamentablemente, que detrás del último lanzamiento de misiles esté todo esto. Al menos no por ahora.
| Agencia ANSA |


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