16 de abril 2018 - 00:00

EE.UU. lanzó un escarmiento tan simbólico como ineficaz en Siria

El régimen de Damasco sigue avanzando en el campo de batalla contra los rebeldes, Rusia afianza su presencia en Medio Oriente e Irán establece bases a un paso de Israel.

CLIMA. Simpatizantes de un grupo chiita radical de Irak quemaron banderas de Estados Unidos en Bagdad en repudio al ataque aéreo contra Siria.
CLIMA. Simpatizantes de un grupo chiita radical de Irak quemaron banderas de Estados Unidos en Bagdad en repudio al ataque aéreo contra Siria.
Roma - Occidente, y en particular Estados Unidos y Europa, necesitan con urgencia una brújula para trazar su hoja de ruta frente a la descomposición de Medio Oriente. El ataque misilístico lanzado contra Siria por Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia no se apoya, en efecto, en una política exterior clara y reconocible hacia esa región.

Sin duda es comprensible y más que justificada la voluntad de castigar a Bashar al Asad por sus aterradores crímenes contra civiles y eventualmente se podría discutir cómo hacerlo, pero el ataque -más allá de las posibles consecuencias militares- por un lado no es la meta de un recorrido diplomático identificable y, por el otro, no permite imaginar las futuras posturas hacia Siria, Rusia e Irán.

Estos tres últimos países tuvieron su política exterior en Siria, ciertamente condenable aunque más no fuera por las repetidas violaciones de los derechos humanos más básicos.

Entre el lanzamiento de misiles y las reiteradas intenciones de irse, en cambio, es mucho más difícil comprender cuáles son los intereses de Estados Unidos y Europa en Medio Oriente.

Banalmente, cabría preguntarse por qué el uso de armas químicas afecta tanto las conciencias de los dirigentes occidentales, mientras las matanzas masivas, el quiebre sistemático de los derechos humanos, las violencias y las violaciones diarias no merecen el trazado de ninguna "línea roja".

Los lanzamientos misilísticos del fin de semana se parecen mucho a los del año pasado, sucesivos a otro ataque químico de parte de Damasco. No parece que Al Asad se haya espantado demasiado.

Por el contrario, apoyado por Rusia e Irán, reconquistó terreno en estos últimos meses erigiéndose además, de un modo surrealista, en vencedor de la lucha contra el terrorismo. Y usó nuevamente gases tóxicos. Sin duda Washington y París deberían mostrar las pruebas irrefutables sobre el uso de arma químicas que dicen tener: evitarían nuevas polémicas y referencias a las evidencias de Colin Powell ante la ONU sobre las armas químicas iraquíes, nunca halladas en Irak.

Una regla básica de la geopolítica indica que los vacíos diplomáticos se llenan rápidamente y eso es lo que está ocurriendo en Siria.

Rusia reconquistó su papel político y militar, Al Asad tuvo tiempo de recuperarse tras haber estado a un paso de la derrota e Irán alcanzó los objetivos que buscaba desde hace décadas, haciéndose de instalaciones militares a un soplo de la frontera israelí.

Mientras tanto, Donald Trump siguió hablando de la partida estadounidense y dijo querer devolver a su casa a los aproximadamente 2.000 militares de Washington que apoyaron a las milicias kurdas en Siria.

Trump no es George W. Bush y no quiere "exportar la democracia". Es un exponente de la derecha aislacionista y considera que Estados Unidos no puede y no debe resolver los problemas del mundo.

Además, mientras bombardea en Siria sigue pensando en una cumbre con Vladímir Putin. Por otra parte, el lanzamiento de misiles fue cuidadosamente anticipado a los rusos para evitar cualquier tipo de incidentes.

La Unión Europea está todavía más atrás, incapaz de construir una verdadera política exterior común y una identidad de defensa real. Los grandes países europeos, como Gran Bretaña y Francia, avanzan por cuenta propia, con sus políticas nacionales y sus ejércitos.

Y, sin embargo, Europa debería estar interesada en un área del mundo que les devuelve a los "foreign fighters" radicalizados y produce millones de personas desesperadas en busca de un nuevo lugar donde rehacer sus vidas.

Ocuparse de todo esto significa tener una política definida, hecha de presencia y de visión, de diálogo y presiones diplomáticas, de fuerza militar y diplomacia.

Todo, con objetivos claros y compartidos. Pero no parece, lamentablemente, que detrás del último lanzamiento de misiles esté todo esto. Al menos no por ahora.

Agencia ANSA

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