EE.UU. maravilla: crece más y sin inflación

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La recuperación es todavía un modelo para armar, y faltan piezas clave -crédito y empleos, y quizás también mayor capital en la banca- para completar el rompecabezas a satisfacción. Pero su esqueleto gana robustez en los EE.UU. con cada ronda de indicadores. Las ventas minoristas de marzo y la primera oleada

de balances corporativos confirman un cuadro muy alentador de mejoría. La banca no permanece ajena a la tendencia, a juzgar por el aumento de las ganancias de JP Morgan Chase, que rompió el fuego con un aumento del 55% (un 15% más que lo esperado). JP Morgan, por cierto, no es el banco promedio, y su gerenciamiento de la crisis fue sobresaliente, pero los vientos de cola que lo favorecieron en el trimestre están disponibles para insuflarle bríos también a su competencia. Su mandamás, Jamie Dimon, ponderó los progresos de la economía, «claros y con una base amplia». Y, sin negar los desafíos, expresó su confianza, por primera vez desde que estalló la crisis, de que se traduzcan en una «recuperación vigorosa».

Horizonte soleado

La apuesta fortísima de la Bolsa a favor de una resurrección de la banca marida a la perfección con el horizonte soleado que atisba Dimon. Los papeles del sector treparon el 31% desde febrero y son la punta de lanza del rally en curso. Lo más importante del balance de JP Morgan -habrá que convalidarlo con los de sus colegas- son las noticias que provienen de la trinchera de la cobranza de los créditos. La marea de quebrantos descendió en forma significativa. La irregularidad de la cartera se estabilizó (cayó en los préstamos de hipotecas) y su incidencia efectiva disminuye de la mano de las cancelaciones y las ventas de activos. En consecuencia, las provisiones para atender impagos -el principal torrente adverso que durante la crisis dañó la hoja de resultados- se recortaron sustancialmente. Así, el banco redujo las reservas sobre tarjetas de crédito en mil millones de dólares. Si la tendencia se instala más allá del Morgan, la mochila de los malos créditos comenzará por fin a aliviar el peso de su carga. Y liberará recursos cuantiosos con impacto directo sobre las utilidades y el patrimonio de los bancos. Todo preocupante parecido con el Japón del estancamiento crónico de los años noventa, donde por años el sistema financiero fue un insaciable agujero negro, tenderá así a disiparse.

Sorprendente

Las ventas minoristas de marzo crecieron el 1,6% mensual en marzo. No se esperaba tamaña pujanza, que cuando se examina por rubro, sorprende también por su amplia diseminación. Comparadas con su nivel de un año atrás, las ventas aumentaron el 10% (y, como referencia, los precios al consumidor, sólo el 2,3%). Nadie debería extrañarse si el consumo real crece al 3% anual cuando se compute el primer trimestre (aun cuando muchos de los programas de estímulo específicos ya han dejado de operar). Ya se dijo que, en marzo, las ventas de autos fueron superiores a las que generó el plan Canje en su primer mes de vigencia. La recomposición del consumo -aunque cabe esperar que su fortaleza reciente se modere- es la columna vertebral de toda recuperación económica que aspire a sostenerse por sí sola. En la medida en que la creación de empleo cobre dinamismo -otra novedad del primer trimestre, con un simbólico aporte de 162 mil puestos netos- será más arduo rebatir los progresos.

El consumo empuja el gasto. El mercado laboral ya no destruye empleos. Y ni los bancos ni los mercados de capitales quitan el sueño. Pero, sobre todo, los niveles críticos de inventarios -por lo bajos, se entiende- son los que apuntalan un mayor volumen de producción. Y garantizan un horizonte sostenido de actividad. En el cuarto trimestre, los inventarios no aumentaron pero, aun así, sumaron 4 puntos completos a la expansión del PBI. De ahí que otra decisión estrenada en 2010 -en el ámbito de las empresas- sea la de volver a acumular existencias. Pero es un arranque tibio que no compensa tampoco el vigor en ascenso que exhibe la demanda. Será difícil que la economía descarrile con ese margen de maniobra bajo el brazo.

La economía repunta. Con ímpetu que sorprende aun a aquellos observadores -como Jeff Lacker, el titular de la Fe de Richmond- que vigilan muy de cerca sus pasos. Pero la recuperación no arroja atisbo alguno de inflación en alza. No es la licuación vía precios -como se vaticinó profusamente- lo que la impulsa. La magra lectura de la inflación de marzo -el 0,1%- da testimonio. La inflación núcleo (ex energía y alimentos) no varió en absoluto. En los últimos doce meses, apenas subió el 1,1% (la medida general trepó el 2,3% a caballo de un incremento del 18,3% de los precios de la energía). Quien arrime la lupa advertirá, en cambio, que la recuperación marcha de la mano de un proceso de «desinflación». Y, en las minutas de su reunión más reciente, la propia Fed esbozó un resquemor que se profundizará, de seguro, tras examinar los resultados de marzo. En los últimos seis meses, la inflación núcleo apenas avanzó el 0,6% anual pero entre enero y marzo lo que se registró fue una caída a un ritmo del 0,2%. ¿Qué prisa puede tener la Fed para corregir el rumbo de su política monetaria? Quizás quiera cambiar su lenguaje y quitar la garantía textual de mantener las tasas sin cambios por un «período extendido». Hay muchas voces que lo piden (al menos los titulares de distrito, Thomas Hoenig y ahora Lacker). Pero más allá de las palabras, no se ven otros motivos para inmiscuirse.

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