Los funcionarios del Departamento de Estado hablaron frente a lo más representativo del empresariado argentino, que se convocó ayer para almorzar con ellos en el Jockey Club.
No era para menos el interés: el conflicto de Kraft/Terrabusi había sido una de las primeras ocupaciones de la sucesora del afable Earl Anthony Wayne, y uno de los invitados (Héctor Méndez, titular de la Unión Industrial Argentina) ofició estos días como vocero de la preocupación de los hombres de negocios ante la escalada de piquetes, cortes y tomas de fábricas.
Sin embargo, obedeciendo a un pacto no explícito, hubo apenas una mención tangencial a la ex Terrabusi y sus ex delegados en esa mesa, aunque el fantasma de las Oreo y las Express -que no formaron parte del menú, compuesto de carne, ensalada y un frugal postre helado- sobrevoló el señorial salón del primer piso de la mansión ubicada en la avenida Alvear.
En cambio, se habló de negocios bilaterales y de otras fruslerías que suelen transitar los diplomáticos en ágapes multitudinarios como el de ayer. A la mesa se sentaron, además de los mencionados, Ernesto Gutiérrez (titular del Sector Privado de las Américas y de Aeropuertos Argentina 2000), Jorge Brito (ADEBA y Banco Macro), Alejandro Bulgheroni (Pan American Energy), Carlos De la Vega (Cámara Argentina de Comercio), José Ignacio de Mendiguren (UIA), Alejandro Díaz (Amcham), Adelmo Gabbi (Bolsa de Comercio), Daniel Hadad (C5N), Juan Carlos López Mena (Buquebus), Mario Montoto (TAEDA), Cristiano Rattazzi (Fiat), Luis Ribaya (Galicia), Gustavo Ripoll (Dell), Santiago Soldati (Comercial del Plata), Mario Vicens (ABA), Carlos Wagner (Cámara Argentina de la Construcción) y Adrián Werthein (Los W).
Básicamente, los empresarios quisieron saber cómo seguirá la relación bilateral, habida cuenta de los sacudones que atravesó durante el Gobierno de los Kirchner. Veamos algunas de las definiciones del funcionario del Departamento de Estado, de acuerdo con la reconstrucción que hicieron para este diario varios de los comensales:
A su turno, la embajadora Gutiérrez afirmó que «las relaciones bilaterales comerciales son muy importantes tanto para mí como para ustedes. Estamos trabajando bien con las autoridades argentinas en respaldar los intereses genuinos de las empresas estadounidenses, que emplean a más de 155.000 trabajadores locales. Espero que las perspectivas sigan mejorando para crear un mejor clima de negocios y atraer inversiones externas».
Quizás añorando días mejores, De Mendiguren reclamó una «atención más importante» para la Argentina, porque -aseguró- «estamos muy bien posicionados para proveer al mundo de lo que demanda».


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