7 de julio 2009 - 00:00

EE.UU. niega audiencia a enviados del golpista

Rebeca Murillo se desploma ayer sobre el cajón de su hermano, Isy Murillo, de 19 años. El joven murió el domingo en las inmediaciones del aeropuerto de Tegucigalpa, cuando los partidarios de Manuel Zelaya se acercaron ante la inminencia de su frustrado arribo.
Rebeca Murillo se desploma ayer sobre el cajón de su hermano, Isy Murillo, de 19 años. El joven murió el domingo en las inmediaciones del aeropuerto de Tegucigalpa, cuando los partidarios de Manuel Zelaya se acercaron ante la inminencia de su frustrado arribo.
Washington - En un nuevo gesto elocuente de respaldo al orden constitucional en Honduras, el Departamento de Estado norteamericano descartó ayer la posibilidad de reunirse con enviados del presidente designado, Roberto Micheletti. En cambio, la Casa Blanca confirmó para hoy un encuentro entre Hillary Clinton y el derrocado Manuel Zelaya.

El vocero del Departamento de Estado norteamericano Ian Kelly, salió al cruce de la información proveniente de Tegucigalpa que anunciaba ayer el envío de una «embestida diplomática» a Washington para tratar la situación tras el golpe.

«No sabemos nada de una delegación viniendo para aquí, pero si es del régimen de facto, el Departamento de Estado no se reuniría con ellos», porque se trataría de un Gobierno que EE.UU. no reconoce, indicó Kelly.

De esta manera, Washington no recibirá a la comitiva integrada por los ex cancilleres Leonidas Rosa Bautista y Guillermo Pérez Cadalso, y el candidato presidencial del Partido Demócrata Cristiano, Felicito Ávila, que partió anoche desde Tegucigalpa con el propósito de «revertir» las posiciones adversas al Gobierno designado en Honduras.

Con esta decisión, el Gobierno de Barack Obama confirma el duro tono que impuso contra Micheletti prácticamente desde el momento del golpe de Estado. Desde que se produjo el golpe cívico militar, la administración Obama ha reiterado su deseo de que se restaure la democracia en el país, puso «en pausa» el programa de asistencia económica, pero se resiste a confirmar sanciones económicas.

La Casa Blanca reclama el «regreso del presidente democráticamente electo a Tegucigalpa», aclaró ayer Kelly.

Por otra parte, rechazó «el uso de la violencia para conseguir un cambio político», al tiempo que condenó «el uso de la fuerza en los últimos días contra manifestantes en Tegucigalpa». La foto hoy en Washington entre Hillary Clinton y Zelaya será de por sí explícita de la postura del Gobierno demócrata.

Sin embargo, desde el domingo resurgieron reclamos de planteamientos aún más decididos de parte de la Casa Blanca, para ahogar a los golpistas.

«A partir de mañana (por ayer) lo que ocurra en Honduras también va a ser responsabilidad de las potencias, especialmente de Estados Unidos», sostuvo el depuesto mandatario anteayer luego de que le fue negado el ingreso a Tegucigalpa.

La percepción de Zelaya es respaldada por el ex vicepresidente de Costa Rica y analista Kevin Casas, quien sostuvo que «la diplomacia norteamericana tiene que ser menos sutil y tiene que mandar una delegación a hablar con el presidente de facto de Honduras y con Zelaya».

Casas consideró que EE.UU. debe tomar un papel de liderazgo para impedir que gobiernos como los de Venezuela y Nicaragua utilicen la crisis hondureña para beneficiarse e indicó que si la administración de Obama no es capaz de buscar salidas a la crisis hondureña, no cree que «pueda resolver las verdaderas crisis que hay en el mundo».

En Tegucigalpa también se escucharon voces que claman por la intervención de un tercer país para dar solución a esta crisis.

«Estamos urgidos de que haya un diálogo y proponemos que ese diálogo que tantas veces se ha llevado a cabo en Honduras y que no ha dado frutos y ha llevado a estas circunstancias se haga esta vez en otro país», manifestó Elvin Santos, del Partido Liberal y quien fue vicepresidente de Zelaya hasta diciembre del año anterior.

Tras el agitado domingo, día en el que hubo dos muertos en las inmediaciones del aeropuerto, ayer se registró un escenario más calmo en Tegucigalpa. Sólo se congregaron más de 3.000 seguidores del mandatario de centroizquierda, sin que se registraran incidentes mayores.

Agencias Reuters, EFE, ANSA y DPA