27 de noviembre 2014 - 00:00

EE.UU. no corre, vuela (pero la Fed no tiene prisa)

 ¿Del frío polar al riesgo del recalentamiento? En apariencia, la economía de EE.UU. no corre, vuela. Creció el 3,9% (revisado en alza) en el tercer trimestre, tras expandirse al 4,6% anualizado entre junio y marzo. En un mundo que desfallece, su perfil se destaca como un notable oasis de bonanza. A primera vista, le resbalan las tribulaciones de los demás. No hay huellas visibles de las penurias de la eurozona ni del tropiezo de Japón ni de la desaceleración de China. Con el vigor intacto, la mayor creación de empleo desde 1999, la inflación bajo control (y el déficit fiscal alineado con la media histórica como proporción del PBI) se diría que EE.UU. volvió por sus fueros y ahora sí dejó definitivamente atrás las secuelas de la crisis.

Los sectores vapuleados -inmobiliario, financiero y la industria automotriz- hace tiempo que no supuran quebrantos. Su recuperación no se discute. Y se debe anotar el milagro del gas y petróleo shale que han hecho trizas la condena del "techo" de la producción nacional (peak oil) que se arrastraba desde los años setenta. La economía no sólo denota un andar sólido circunstancial. Acredita una positiva reconversión. Saneó los sectores críticos y corrigió su funcionamiento, se reinventó como país petrolero, achicó su crónico déficit externo, y sigue gozando de sus dones: desde el liderazgo en la innovación hasta una demografía expansiva.

Si EE.UU. marcha tan bien, ¿será mucho pedir que camine sin las muletas de las políticas extraordinarias de estímulo? La relajación cuantitativa (tres programas sucesivos de compra de bonos) prestó notables servicios muy que les pese a su legión de detractores. La Fed izó su hoja de balance de 888 mil millones de dólares, cuando cayó Lehman en septiembre 2008, a 4,5 billones. Y hasta la fecha no se observa ninguna calamidad. La economía crece más que la media del G-7 y la OCDE. La inflación no se espiralizó. Es más baja que la meta oficial (y el promedio histórico). Lejos de colapsar, el dólar ruge (con tasa cero) en la antesala de una nueva reencarnación como moneda fuerte. Lo que colapsó fue la venta de búnkeres: el precio del oro se desbarrancó a 1.200 dólares la onza desde el récord de 1.900, que rozó en 2011. ¿Es la compra masiva de bonos una adicción? La Fed la cortó a fin de octubre. Y, de momento, no se padece síndrome de abstinencia.

A no confundirse, aunque se haya cancelado el QE, el estímulo monetario excepcional persiste. ¿Tiene sentido, alguien podría preguntarse, cuando el producto bruto crece a más del 4% anualizado el último semestre (y la tasa de desocupación se hundió ya al 5,8%)? Las cifras de la economía regresaron a la normalidad previa a la Gran Recesión; la política monetaria, claramente no. La tasa de Fed Funds en aquel entonces era un 5,25%. Hoy permanece en el entorno de cero: entre un 0% y un 0,25%. No se movió de allí desde fines de 2008.

El próximo paso será la suba de tasas, sin dudas, pero no es nada inminente. La economía se expande muy rápido en el margen, pero la velocidad de crucero -2,4% anual, los últimos cuatro trimestres- se mantiene. Un año atrás, el PBI crecía al 2,3%. En el tercer trimestre de 2012, al 2,7%. Y no estamos aún en pleno empleo (Yellen dixit). La inflación PCE -la que utiliza la Fed y se extrae del mismo informe de cuentas nacionales- se ubica en el 1,5% anual (y si se ignoran las imputaciones, el 1,3%), medio punto por debajo del objetivo. A la Fed, entonces, no la corre la prisa, ni los acontecimientos. Basta conocer la historia -o ver lo que acontece en Europa y Japón- para entender que la recuperación no está exenta del peligro de recaídas. Y ése es el error de política que la Fed se juró no cometer (desde el día uno en que EE.UU., a mediados de 2009, sacó la cabeza del agua). El estímulo redundante es el mejor antídoto preventivo. Y en un mundo plagado de fragilidades -y con el riesgo de contagio latente- la Fed reducirá la dosis con suma cautela. Sin brusquedades. Que la economía de EE.UU. rebose de vigor le confirma que avanza en la dirección adecuada, que hizo bien en dar de baja el QE3. Pero una golondrina no hace el verano, ni de lejos puede ser el motivo que la apresure a jalar el gatillo.

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