EE.UU.: no esperan ni inflación alta ni estanflación, sino un “MESSI”

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Como lo fue Maradona para el exjefe del Banco de Inglaterra, ahora el nombre del capitán de la Selección argentina sirve a analistas para explicar el devenir del contexto macroeconómico.

Cada día más analistas desestiman que la economía norteamericana se encamine, pospandemia, hacia una estanflación. Uno de ellos es el economista jefe para EE.UU. de Oxford Economics, Gregory Daco, para quien lo que viene no es ni una inflación galopante ni una estanflación, sino un período “MESSI”. Parece que los máximos astros del fútbol argentino son buenos ejemplos para modelar políticas económicas, ya que años atrás el exgobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, creó la “Teoría Maradona de tasas de interés” vinculada al poder de las expectativas y a la comunicación del banco central, y en referencia a la perfomance de Diego en el partido con Inglaterra en el Mundial 1986 (sobre todo en el segundo gol). En esta oportunidad, Daco considera que la dinámica de la inflación se describe mejor como MESSI (Moderating Expansion with Sticky Supply-driven Inflation), una expansión moderada con inflación rígida impulsada por la oferta. Un fenómeno poco común, señala Daco, en el que una demanda fuerte pero desacelerada se satisface con una oferta restringida pero acelerada, lo que lleva a una inflación transitoria pero rígida. Estas dinámicas no son solo un reflejo de las limitaciones de la oferta; tampoco son solo un indicio de una fuerte demanda. Más bien, son una combinación de estas dos fuerzas que crean un entorno de inflación desordenado.

No hay duda que en el debate entre inflación transitoria y descontrolada, la verdad se encuentra en algún punto intermedio, con una inflación probable que sea, como dice Daco, “pegajosa pero no opresiva”. Aun así, con los sucesivos choques que afectaron las cadenas de suministro mundiales y la oferta de mano de obra que sigue siendo limitada, muchos analistas están preocupados por la estanflación, por temor a que la economía se dirija a un contexto donde la inflación es desenfrenada y la economía débil. Es insoslayable que la inflación está actualmente mucho más caliente que en la década anterior al covid. Pero lo que está faltando en la discusión sobre la estanflación, señala Daco, es la parte de la “estan”, o sea, el estancamiento. En el último episodio de estanflación, desde fines de 1973 hasta 1975, la inflación general promedió 11%, pero el PBI real se contrajo 3,1%. En la actualidad, la inflación general se sitúa en el 5,4%, pero el PBI real se está expandiendo a un fuerte ritmo del 4%. Es importante destacar que opinan que no se entró en una fase de psicología inflacionaria (a la criolla), donde la inflación elevada lleva a los consumidores a impulsar sus compras, alimentando así el desequilibrio entre oferta y demanda y estimulando una inflación más alta. De hecho, una encuesta reciente de Morning Consult muestra que más de la mitad de los consumidores estadounidenses decidieron no comprar un artículo en septiembre porque era más caro de lo esperado. Los datos de inflación recientes confirman esta dinámica saludable, con importantes caídas de precios en las categorías de bienes y servicios que fueron rechazados por los consumidores en agosto y septiembre.

Para los expertos de OE hay una dinámica de la inflación aún saludable, en la que la inflación y la demanda están correlacionadas negativamente, y el crecimiento de los salarios refleja una nivelación de los salarios bajos en lugar del inicio de un ciclo de inflación en espiral, de precios y salarios. Estiman que el riesgo de un cambio estructural del actual régimen de baja inflación a uno de alta inflación (+5% persistente) es hoy del 20%. Los factores que llevaron en el pasado a cambios de régimen no están presentes ahora. “Si bien es ingenuo pensar que la Fed puede desatascar puertos, impulsar la producción de semiconductores o liberar la oferta de mano de obra, una orientación de política monetaria más agresiva conducirá a condiciones financieras más estrictas, restringiendo el crecimiento de la demanda a medida que el impulso fiscal disminuye y el crecimiento de la oferta se acelera. Esto debería asegurar que la inflación se enfríe”, sentencian.

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