La relación entre el Gobierno de Obama y el Congreso "fue muy difícil", especialmente desde que en 2010 los republicanos pasaron a controlar la Cámara de Representantes, y en estos últimos cuatro años casi no se aprobaron leyes importantes.
Así lo explicó el analista Roberto Izurieta, profesor de la Universidad George Washington y quien cree que "las cosas no van a cambiar mucho" aun si los demócratas pierden el Senado en cuanto a la "falta de comunicación y cooperación" entre ambos partidos, lo que ha sido la tónica de los últimos años. Ese dato crucial se dirimía en el escrutinio estado por estado al cierre de esta edición.
"Es difícil imaginar un Congreso menos productivo que el actual, pero el obstruccionismo podría empeorar si queda establecida una nueva mayoría" republicana, alertó la semana pasada The New York Times en un editorial. Una mayoría republicana en el Congreso "realmente no sería capaz de revertir los logros más significativos de Obama, pero en el solo hecho de intentarlo podría causar mucho daño", sostuvo el influyente diario.
Con excepción de la ley para transformar el sistema de salud, aprobada cuando los demócratas aún controlaban las dos cámaras del Congreso, el presidente no pudo sacar adelante otras de sus prioridades, como la reforma migratoria, el cierre de la cárcel de Guantánamo o el aumento del salario mínimo.
Con un triunfo republicano en las elecciones de ayer, en las que se renovó toda la Cámara de Representantes, 36 gobiernos estaduales y un tercio del Senado, la capacidad de lograr acuerdos bipartidistas sobre diversos temas, aunque sean "mínimos", "se va a perder", indicó Izurieta.
No obstante, tanto el vicepresidente Joe Biden como el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, enfatizaron que, con independencia de los resultados, no va a cambiar la "voluntad" del Gobierno de colaborar con ambos partidos en el Congreso.
Como recuerda Izurieta, esa voluntad y una apertura al diálogo estuvieron presentes en la actitud de Obama hasta que el bloqueo republicano en el Congreso llevó en 2011 a la primera rebaja en la historia de la calificación de la deuda de Estados Unidos y después, en 2013, al cierre parcial de las actividades del Gobierno federal por falta de fondos.
A raíz de esas crisis, según Izurieta, el presidente "cambió de estrategia" y decidió extender al máximo de lo permitido por la ley sus funciones ejecutivas para hacer avanzar su agenda con medidas unilaterales (decretos) que no requieren la aprobación del Congreso.
La mayoría de esas medidas adoptadas por Obama estuvieron centradas en el fortalecimiento de la economía, pero las de mayor impacto y más polémicas apuntarán a reformar el sistema de inmigración, algo que el mandatario prometió anunciar antes de fin de año.
En política exterior no se esperan grandes cambios, puesto que los analistas coinciden en que hay cooperación entre la Casa Blanca y el Congreso en ese ámbito, sobre todo en materia de defensa y seguridad nacional.
En cambio, a Obama sí lo puede beneficiar un Congreso de mayoría republicana de cara a convertir en leyes su ambiciosa agenda comercial global, de acuerdo con un análisis reciente de la revista Foreign Policy.
El Gobierno negocia actualmente dos acuerdos de libre comercio, uno con la Unión Europea y otro con varios países de la región Asia-Pacífico, conocido como TPP, y son los demócratas quienes están poniendo más obstáculos a esos procesos por su posible impacto negativo en los empleos y salarios dentro de Estados Unidos.
| Agencia EFE |


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