26 de julio 2013 - 00:00

Efecto fuga: juez fija más límites a Jaime

Ricardo Jaime
Ricardo Jaime
El periplo judicial de Ricardo Jaime se vuelve cada vez más complejo. Además de la obligación de presentarse ante el juez federal Claudio Bonadío cada quince días, ahora también deberá pedir permiso para alejarse a más de 60 kilómetros del domicilio que fijó en el expediente, así como para ausentarse más de 24 horas de éste. Recaudos entendibles luego de que el exfuncionario pasara a la clandestinidad durante una semana para luego reaparecer, una vez que la Cámara Federal revocó la orden de detención de Bonadío.

Comentarios y especulaciones dominaron esta semana de feria invernal en unos tribunales con pocos despachos ocupados y menos trámites aún, lo cual facilitó todo tipo de encuentros. Se pudo conocer, por ejemplo, que la decisión de Bonadío de firmar la orden de detención contra Jaime tuvo su origen en el primer piso de Comodoro Py, por un recurso que trataron los jueces de la Casación Penal Gustavo Hornos, Mariano Borinsky y Juan Carlos Gemignani.

Jaime se encuentra, entre sus múltiples expedientes, en proceso de juicio oral por una causa por presuntas dádivas que involucra a la firma TBA por el supuesto alquiler de aviones para el traslado del exsecretario de Transporte. Un proceso que, al tratarse de un delito con penas menores, implica el juicio unipersonal sin pasar por la instancia de tribunales orales. El juez sorteado para esa causa fue Julián Ercolini, mientras que la instrucción corrió por cuenta de Claudio Bonadío. En noviembre de 2012 Jaime recusó a Ercolini, ya que entendió que éste no podía juzgarlo, ya que "habría" intervenido en algún momento de la instrucción. El juez rechazó el planteo "in limine" y el contencioso se elevó a la Casación. Allí Hornos, Borinsky y Gemignani le pidieron a Ercolini que justificara su rechazo al planteo del exfuncionario. La primera señal que Bonadío entendió como una luz amarilla.

Ercolini luego dio lugar al proceso y convocó a las partes a ofrecer las pruebas. Sin embargo, el jueves 11 de julio, un día antes de la orden de detención que firmara Bonadío, la Cámara de Casación decidió interrumpir la citación a juicio, por un pedido interpuesto por la defensa de Jaime, lo cual daba lugar a que los plazos de prescripción volvieran a correr. En este caso, Gemignani votó en disidencia respecto de Hornos y Borinsky. Con la Corte Suprema como siguiente instancia de apelación, para los abogados de Jaime era fácil prever que la causa podía terminar prescripta. Bonadío también lo entendió así. Y al día siguiente actuó.

Este juez, que ya vive una interna personal con Jaime, jugó fuerte y ordenó su detención, convencido de que la instrucción del expediente por presuntas dádivas fue precisa y que el panorama del acusado en un juicio no sería favorable.

La Sala IV de la Casación, que entendió el caso Jaime, dará una nueva señal en los próximos días, cuando le llegue el momento de expedirse sobre la validez de un testimonio clave en causa Ciccone que involucra al vicepresidente Amado Boudou. Los estilos de los jueces que atienden allí son bien disímiles: Hornos cultiva un perfil moderado que en tiempos de una Justicia polarizada ha sido su carta de presentación para transformarse en un jugador rutilante desde la presidencia de la Junta de Camaristas federales. Gemignani tiene su afinidad en la UCR y un pasado académico, mientras que Borinsky, también un juez relativamente nuevo en el primer piso, proviene del ministerio público fiscal, donde ganó notoriedad con causas sensibles.

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