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Egipto: irregularidades no frenan el entusiasmo en el debut electoral
Los comicios legislativos que comenzaron ayer en Egipto y que culminarán en enero podrían llevar al poder a un partido islamista. Una tendencia que ya se ha verificado en Túnez y Marruecos y que genera fuerte desconfianza en amplios sectores sociales.
La incertidumbre de los últimos días, marcados por protestas para exigir la renuncia de la Junta Militar que han dejado más de 40 muertos, no desanimó a los electores, que depositaron sus boletas con la ilusión propia de los primerizos.
Estos comicios para elegir el Parlamento son los primeros tras la caída del régimen de Hosni Mubarak, en febrero último, y se presentan también como los primeros libres en la historia del país, donde la mayoría de sus 80 millones de habitantes no había ejercido nunca su derecho al voto.
Desde primera hora de la mañana, cientos de personas aguardaron con paciencia largas colas, incluso antes de la apertura de los colegios, para no perder su oportunidad de participar en la «fiesta de la democracia». El nivel de participación fue calificado como «sin precedente» por el primer ministro Kamal el Ganzuri, lo que marca una aguda diferencia con los comicios de la era Mubarak, en los que el resultado estaba determinado de antemano.
«La votación es muy diferente respecto de la de otros años porque por primera vez votamos de verdad», aseguró la joven Fatma Faruk, que se cubría el cabello con el «hiyab» o pañuelo islámico y sufragó por el Partido Libertad y Justicia (PLJ) de la Hermandad Musulmana, la favorita de los comicios.
De igual manera se expresó Bahat Nagui, que apoya a los liberales Egipcios Libres y que explicó que todos sus conocidos habían acudido a las urnas porque ahora votan de «forma democrática», mientras que antes «el resultado estaba decidido».
Aunque el ambiente en los colegios, vigilados por la policía y el ejército, era predominantemente pacífico y no se registraron graves problemas de seguridad, la jornada se vio ensombrecida por las infracciones electorales.
El presidente de la Comisión Electoral egipcia, Abdelmoaiz Ibrahim, reconoció irregularidades, entre ellas el reparto de propaganda en los centros de votación, pero aseguró que estas «no afectan al proceso electoral».
Todo comenzó con la apertura tardía de varios colegios electorales, lo que llevó a la extensión del horario de votación en los mismos, y continuó con algunas prácticas que recordaron a los comicios de la época de Mubarak.
El director de Operaciones del partido Egipcios Libres -el más importante del laico Bloque Egipcio-, Walid Daudi, explicó que su formación constató «muchísimas irregularidades», entre ellas «la compra de votos y la existencia de boletas falsas».
Estas infracciones pudieron ser comprobadas por corresponsales que vieron cómo un hombre entregaba dinero de forma secreta a una persona que acaba de depositar sus papeletas en el colegio Samaya del popular barrio cairota de Bulaq.
Pese a todo, el empleado público Tayeb Ahmed, de 63 años, al igual que muchos otros de sus compatriotas, consideró que «la gente confía en la Hermandad Musulmana» y quiere ser gobernada por «alguien que diga la verdad».
Esta opinión no era compartida por muchos de los acampados en la emblemática plaza Tahrir, epicentro de la revolución egipcia y de las recientes protestas contra la Junta Militar, que se debatían entre la abstención y el voto.
«Pensaba ir mañana a votar a Alejandría, pero estamos viendo tantas irregularidades que ahora se me están yendo las ganas», dijo Hisham Ezat, miembro de la llamada Coalición de Jóvenes de la Revolución.
Estas históricas elecciones, que se prolongarán hasta marzo, se celebran en tres vueltas, y a la primera de ellas, que continúa hoy, están llamados a votar más de 17 millones de egipcios en nueve provincias, entre ellas El Cairo y Alejandría.
Agencias EFE, ANSA y AFP


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